En la decima edición de la Semana de la Energía de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), el ministro de Energía, Diego Pardow, destacó durante la sesión “La revolución del almacenamiento” el rol estratégico de esta materia en la transición energética del país, asegurando que Chile está cumpliendo sus metas mucho antes de lo previsto.
Según la autoridad, en enero de 2026 Chile contará con más de 2 gigavatios (GW) de capacidad de almacenamiento en operación, lo que equivale a la meta fijada para 2030. Además, con los proyectos en construcción, el país superará los 8 GW comprometidos para 2050, adelantando en más de dos décadas sus objetivos de largo plazo.
Pardow subrayó que esta rápida penetración responde a una combinación de factores: la fuerte caída en el costo de las tecnologías, la definición de políticas de Estado sostenidas desde 2015 y las reformas regulatorias que han simplificado la instalación de baterías, tanto en el acceso a terrenos fiscales como en los procesos ambientales y en los pagos por potencia.
El ministro explicó que la expansión del almacenamiento no solo facilita la integración de energías renovables, sino que también impacta directamente en el mercado eléctrico. En subestaciones como Crucero, en la Región de Antofagasta, ya no se registran horas con ingresos cero para la generación solar y los precios en horas no solares han caído en torno a US$100 por megavatio-hora. Esta estabilización, afirmó, ha transformado el panorama de los proyectos de energías limpias, volviéndolos financieramente más viables y sostenibles.
Descarbonización
El avance en almacenamiento también se refleja en el proceso de descarbonización. A medida que Chile retira centrales a carbón más modernas y competitivas, el respaldo de baterías de corta y larga duración se vuelve esencial para mantener la seguridad y flexibilidad del sistema eléctrico. “No es coincidencia que el crecimiento del almacenamiento sea el espejo del retiro de las centrales termoeléctricas”, dijo Pardow, mencionando casos concretos en que antiguos sitios de carbón hoy están siendo reemplazados por proyectos de baterías.
En este contexto, el ministro resaltó que la estrategia de largo plazo chilena ha permitido dar certezas al sector privado, movilizando inversiones que superan los US$8.000 millones. Según dijo, este proceso no solo impulsa la carbono-neutralidad, sino que también genera beneficios económicos más amplios, como mayor productividad, mejores salarios y competitividad para industrias que dependen de la energía.
Además, Pardow invitó a otros países de la región a explorar estrategias pragmáticas de simplificación regulatoria y colaboración público-privada, con el fin de replicar esta “revolución del almacenamiento” en diferentes escalas y contextos energéticos. “Este es un camino perfectamente al alcance de cualquier país de América Latina, con las particularidades de sus recursos y realidades”, aseguró el ministro.