En Chile existen zonas de escasez hídrica debido a la presión sobre las fuentes continentales, una demanda industrial en constante expansión y su propia geografía. Frente a este escenario, el sector privado tiene la posibilidad de aportar soluciones de largo plazo, técnicamente sólidas y ambientalmente sostenibles.
En Aguasol construimos nuestra estrategia en Chile sobre esa base. Somos un consorcio con experiencia en el desarrollo de proyectos de energía renovable en varios países, incluidos Israel y España, dos países que tuvieron que resolver estos desafíos de escasez hídrica.
Israel es hoy un referente mundial en seguridad hídrica. Su transformación no fue accidental: fue el resultado de una decisión estratégica sostenida en el tiempo, que combinó desalación a gran escala, reúso de aguas residuales tratadas y un sistema de distribución eficiente e integrado. Más allá de la ingeniería, destaca el modelo de infraestructura compartida, que permite impulsar el desarrollo económico a su paso, y no como un activo privado exclusivo.
Energía y agua: una ecuación que ha cambiado el panorama
El avance conjunto de la energía solar fotovoltaica a gran escala y los sistemas de almacenamiento en baterías (BESS) transformó la ecuación de costos de la desalación. Hoy, esta combinación permite producir agua desalinizada con energía 100% renovable, a costos competitivos y con una baja huella de carbono.
Esta es la base estructural de ENAPAC y del conjunto de proyectos de agua y energía de Aguasol en Chile. La planta solar y BESS San Camilo, actualmente en construcción en Atacama, proporcionará la energía que alimentará a ENAPAC, en una arquitectura integrada de generación, almacenamiento y desalación.
Tres brazos y un trazado de 300 kilómetros de ducto, el modelo alinea los incentivos de los distintos actores: para las compañías mineras, reduce la inversión requerida y asegura acceso estable al recurso; para el Estado, constituye un aporte a la seguridad hídrica del norte; para las comunidades, representa infraestructura capaz de generar beneficios a lo largo de su recorrido, incluidas oportunidades de desarrollo agrícola en territorios áridos, con una capacidad de producción de hasta 3.500 litros por segundo y una inversión proyectada superior a USD 3 mil millones.
Chile tiene la oportunidad de convertir sus desafíos hídricos en una ventaja competitiva. Para ello se requiere infraestructura de largo plazo, tecnología probada y colaboración sostenida entre el sector público, la industria y las comunidades.