En entrevista con Revista ELECTRICIDAD, Javier Tapia, director ejecutivo de Transmisoras de Chile, examina el ritmo de desarrollo de las subestaciones, los principales cuellos de botella que enfrenta el sistema y la necesidad de avanzar hacia una planificación más anticipatoria.
Asimismo, aborda el rol que tendrán estas instalaciones en una red eléctrica más robusta, flexible y resiliente, capaz de responder a los requerimientos de la transición energética y del desarrollo productivo del país.
- ¿Chile está expandiendo su infraestructura de subestaciones al ritmo que requiere el crecimiento de las energías renovables y de la demanda eléctrica?
Chile está expandiendo su infraestructura de transmisión y subestaciones, pero todavía no al ritmo ni con la anticipación que exige la transformación del sistema eléctrico. La incorporación de energías renovables y sistemas de almacenamiento, junto con los cambios en la configuración y operación del sistema eléctrico, está avanzando con gran rapidez, mientras que una obra de transmisión requiere varios años para ser planificada, licitada, autorizada y construida.
Los planes de expansión muestran que existe un esfuerzo relevante. El Plan de Expansión 2024 incorporó 51 obras nacionales y zonales, por una inversión estimada de US$962 millones, mientras que el Informe Técnico Final del proceso 2025 contempla otras 22 obras, por aproximadamente US$312 millones. Una parte importante corresponde a nuevas subestaciones, ampliaciones, equipos de transformación, seccionamientos y espacios para futuras conexiones. Sin embargo, la existencia de obras planificadas no significa que la capacidad esté disponible de inmediato: el desafío es reducir la distancia entre la identificación de la necesidad y la entrada efectiva en operación de la infraestructura.
Por eso, más que reaccionar cuando una subestación alcanza niveles críticos de utilización, Chile necesita una planificación más anticipatoria, que considere distintos escenarios de demanda, generación, almacenamiento y electrificación. También es necesario agilizar la ejecución de las obras, resguardando siempre los estándares ambientales, sociales y técnicos. En transmisión, anticiparse es fundamental, porque cuando la congestión ya está presente, la solución probablemente llega tarde.
- ¿Dónde están actualmente los principales cuellos de botella relacionados con subestaciones dentro del sistema de transmisión chileno?
Los cuellos de botella no se concentran en un único punto, sino que responden a distintas necesidades del sistema. En el norte, el principal desafío es contar con capacidad suficiente para conectar y transportar la creciente generación solar, eólica y el almacenamiento desde las zonas donde se ubican estos proyectos hacia los centros de consumo, pero de forma segura. Esto exige reforzar corredores y nodos estratégicos, ampliar barras y patios, incorporar nuevos paños y asegurar que subestaciones relevantes puedan recibir futuras conexiones sin exponerse a necesidades de potencia de cortocircuito o fortaleza de red, y transformarse en restricciones para el sistema.
En la zona central y, particularmente, en la Región Metropolitana, existen desafíos asociados al crecimiento de la demanda y a la capacidad de transformación. El Plan de Expansión 2025 identifica, por ejemplo, una necesidad de refuerzo en el área atendida por las subestaciones Chena, Cerro Navia y Lo Campino. En el caso de Chena, la Comisión Nacional de Energía menciona además que las restricciones físicas y la falta de terrenos dificultan una ampliación convencional, lo que llevo a proponer un nuevo nodo de transformación 220/110 kV: la subestación Isabel Riquelme.
También aparecen restricciones relacionadas con la estabilidad de tensión y la capacidad de transferencia en el corredor centro-sur. La CNE identifico congestiones futuras relevantes en el corredor 500 kV Ancoa–Alto Jahuel e incorporo al Plan un equipo de compensación dina mica (STATCOM) en la subestación Polpaico para fortalecer la estabilidad y aumentar la capacidad de transferencia, atendidas las restricciones de espacios disponibles en la subestación Lo Aguirre (que identifica como óptima). A nivel zonal, los planes también contemplan refuerzos en distintas a reas entre las regiones de Coquimbo y Los Lagos.
Como se afirmó, junto con las limitaciones eléctricas, existen restricciones físicas y de ejecución: subestaciones con poco espacio para crecer, falta de posiciones disponibles, necesidad de intervenir instalaciones en servicio, disponibilidad de terrenos, y plazos de permisos y construcción. Por eso, el desafío no consiste solamente en agregar capacidad de transformación, sino en diseñar subestaciones con espacio, flexibilidad y condiciones suficientes para las necesidades futuras.

- ¿Cómo imaginan la red de transmisión chilena hacia los próximos años y qué papel tendrán las subestaciones en ese sistema?
Imaginamos una red más robusta, flexible, digitalizada y resiliente, capaz de anticipar el crecimiento de la demanda y de integrar eficientemente energías renovables, almacenamiento y nuevas formas de consumo eléctrico.
En esa red, las subestaciones tendrán un papel mucho más amplio que el de transformar niveles de tensión. Serán nodos estratégicos para administrar los flujos de energía, conectar nuevos proyectos, monitorear el sistema en tiempo real y aportar control de tensión, estabilidad y capacidad de recuperación frente a contingencias. Para ello deberán incorporar mayores niveles de automatización, comunicaciones, supervisión remota y tecnologías como compensación reactiva dinámica, además de configuraciones que faciliten ampliaciones futuras.
También será fundamental diseñarlas con criterios de resiliencia frente a eventos climáticos extremos, incendios, inundaciones, riesgos sísmicos y amenazas de ciberseguridad. Esto implica contar con redundancia, equipos y sistemas de respaldo, mejores estándares de protección y una planificación territorial que permita ampliar las instalaciones cuando sea necesario.
El objetivo debe ser pasar desde una lógica principalmente reactiva a una planificación que se adelante a las necesidades del sistema. Las subestaciones serán esenciales para que la transmisión deje de ser una restricción y se convierta en una plataforma habilitante para la descarbonización, la seguridad energética y el desarrollo productivo del país.