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Restricciones a la leña: mucho ruido y pocas nueces

La lucha contra el calentamiento global, por la amenaza real que significa para el planeta, ha movilizado a los países a trazar necesarias y ambiciosas metas para reducir sus emisiones de Gases de Efecto Invernadero. En buena hora, Chile ha ocupado un rol de liderazgo en esta materia.

Sin embargo, no ha existido un correlato para abordar un tema ambiental de efecto local, pero crítico para la salud de la población: la mala calidad del aire, que causa anualmente más de 4.300 muertes prematuras en Chile, con un costo económico equivalente al 1,57% de nuestro PIB, según el Lancet Countdown South America 2022.

El uso indiscriminado de la leña es la principal fuente de contaminación en nuestro país. A nivel nacional, aporta el 70,4% del material particulado fino (MP 2,5), según el último reporte anual del Estado del Medio Ambiente. Pese a lo preocupante de estas cifras, la leña sigue siendo la fuente energética más usada en los hogares de Chile: un 72% de las viviendas entre las regiones de O’Higgins y Aysén la utilizan para calefacción y cocina, de acuerdo con el Ministerio de Energía. En línea con eso, Coyhaique, Puerto Montt, Puerto Varas y Temuco encabezan las ciudades con mayor número de episodios críticos por mala calidad del aire a julio de este año, según el reporte del Ministerio de Medio Ambiente.

En octubre de 2022, tras una larga tramitación legislativa, se promulgó La Ley de Biocombustibles, bajo la administración del ex ministro Claudio Huepe, con el fin de avanzar en la formalización de este mercado. Sin embargo, están pendientes los reglamentos de la ley, los que registran nulo avance.

En rigor, existen razonables dudas sobre las capacidades de fiscalización y certificación que enfrentarán los productores de leña, considerando que el tamaño del mercado de leña seca está lejos del 80% que espera alcanzar la ley en los dos primeros años.

Esperamos que la aplicación de este cuerpo legal genere condiciones para avanzar en la reducción de la contaminación ambiental que afecta a las principales ciudades de Santiago al sur. Sin embargo, será imprescindible promover sistemas de calefacción más limpios y seguros a nivel residencial e impulsar un cambio de hábitos y costumbres en la población, informando a la vez sobre el efecto nocivo que tiene el uso indiscriminado de leña húmeda en materia de salud pública.

Más allá de destinar importantes recursos al recambio de leña por leña, se podría recurrir al reemplazo de este combustible por otros energéticos más limpios también disponibles, como el gas natural, que es el combustible fósil con menor huella de carbono. Un mayor uso de esta fuente de energía permitiría reducir prácticamente todo el material particulado y otros contaminantes locales, mitigando significativamente la descontaminación en varias ciudades del sur de Chile.