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La desafiante minihidro de la Región de Los Ríos

Por estos días, la central hidroeléctrica Don Walterio le está quitando el sueño a Ricardo Mohr (29), un joven ingeniero del sur. La implementación de este proyecto familiar le ha formado una sólida opinión sobre las complejidades del sector minihidro.

Aunque la familia Mohr se ha dedicado casi exclusivamente a la actividad agropecuaria, siempre ha tenido interés por la electricidad. Por ejemplo, Walterio Meyer Ruska instaló un generador de corriente continua de 5 kW en un predio cercano a Osorno en 1935; 30 años después, su yerno Ricardo Mohr Schulz hizo lo propio con una turbina Ossberger de 50 kW. Su nieto, Alberto Mohr Meyer, diseñó una turbina Banki de 30 kW en el marco de su memoria de título en 1985, y a los pocos años creó la empresa eléctrica familiar Generhom e instaló la central hidroeléctrica Pehui (de 1 MW), también cerca de Osorno. Y Ricardo Mohr Rioseco (29), su bisnieto, se decidió por la ingeniería eléctrica como carrera.

Este joven profesional, con título en mano y en pleno trabajo de Tesis de Magíster, ingresó a la consultora Systep y posteriormente a CGE Generación. Pero volvió a sus orígenes cuando, al cabo de un año, su padre, gerente general de Generhom, lo llamó para hacerse cargo de una tarea bastante específica: sacar adelante la central mini-hidro Don Walterio, proyecto de 2,5 MW que lleva el nombre de su bisabuelo y que esta empresa desea instalar en el río Chirre, tranquilo curso de agua que corre al este de Osorno, entre los lagos Ranco y Puyehue, y que es uno de los tantos afluentes de la cuenca del río Bueno.

“Este proyecto se inició en 2004 cuando a Generhom le fueron otorgados los derechos de agua por la Dirección General de Aguas (DGA). Al año siguiente se modificó el diseño original del proyecto porque se solicitó un cambio en el punto de restitución de las aguas y posteriormente se obtuvo la servidumbre del canal. Además, la empresa tuvo que presentar una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) en octubre de 2006, porque el caudal considerado para el proyecto era superior a 2 m3/s”, cuenta el profesional. Las complicaciones del proyecto llegaron cuando, sumado a todo lo anterior, la familia presentó los estudios en la Región de Los Lagos, pero con la ley que creó dos nuevas regiones en 2007 finalmente el proyecto quedó dentro de lo que ahora es la Región de Los Ríos, “por lo que Generhom tuvo que re-hacer el papeleo y presentar los informes a las nuevas autoridades regionales, cosa que afectó el timing del proyecto”, dice Mohr.

El bisnieto entra en escena

Ricardo se incorporó a Generhom en julio de 2008, asumiendo en el cargo de ingeniero de proyectos, lo que en concreto significaba liderar la implementación de Don Walterio. Aunque ya había desplegado sus competencias profesionales en Systep y CGE Generación, el arribo a Generhom le permitió darse cuenta de las complejidades
involucradas en el proceso de sacar adelante un proyecto de inversión.

Actualmente Mohr es un hombre ocupado. Dentro de su lista de actividades se cuentan viajes periódicos a Santiago para reunirse con distribuidoras y consultoras de ingeniería. Ya se está acostumbrando a la burocracia interminable en este tipo de proyectos, “son las cosas de la vida”, se resigna el profesional, quien debe estar permanentemente actualizado de las últimas noticias del sector eléctrico, especialmente en lo que se relaciona con ERNC y centrales mini-hidro. Don Walterio ha sido un proyecto complejo y demandante, según reconoce, aunque de todas maneras, “trabajar en este proyecto me ha servido para ganar experiencia, ya que cuando uno trabaja con proyectos va tomando el peso a sus decisiones y se va dando cuenta de los tiempos de las distintas etapas de implementación, lo que me servirá en el futuro para tomar decisiones mejores y más precisas”, recalca.

En los meses posteriores a su incorporación, la DGA aprobó la DIA, la empresa comenzó a abrir fajas y a realizar algunos movimientos para preparar el terreno y se solicitó el permiso de construcción al mismo servicio público. “Finalmente, después de tres rondas de preguntas y respuestas, fuimos autorizados para construir en agosto de 2010”, señala el ingeniero.

Paralelamente, desde mayo de 2009 está siendo asesorado por una empresa consultora, la cual está trabajando en la búsqueda de las mejores fórmulas para lograr la ansiada conexión a las redes de la zona. Sin embargo, Mohr aún no puede dar el trabajo por terminado, ya que instalar la línea de conexión encarece a tal punto los costos del proyecto, que lo hace prácticamente inviable. Por esa razón Generhom decidió, además de contar con los servicios de la consultora, hacerse asesorar por los técnicos de la empresa distribuidora de la zona, de manera de lograr una solución que pueda ser beneficiosa para ambas partes.

“Me he reunido con las empresas distribuidoras de la zona y les presentamos informes de conexión en varias oportunidades. Hemos estado negociando las condiciones y finalmente decidimos trabajar directamente con ellas para que nos ayuden a ejecutar los estudios de conexión”, detalla. De esta manera, Generhom está evaluando las estimaciones de costo tanto de la empresa consultora como de la empresa distribuidora local. Sin embargo, la raya para la suma de ambas instancias sigue dando negativo. “Además de eso, hay que agregar los costos de operación y mantenimiento, los cuales son considerablemente altos. En el estado actual, lamentablemente no podemos concretar el proyecto”, cuenta.

La dura realidad de un PMGD

Darse cuenta de esta realidad ha sido duro para el ingeniero. A tal punto, que durante varios pasajes de esta entrevista ha usado un lenguaje bastante enfático para exponer sus puntos de vista. Ya tiene experiencia: fue orador durante la primera feria internacional del sector minihidro en Chile, Expo Apemec 2010, oportunidad en que presentó a Generhom y al proyecto Don Walterio frente a cientos de asistentes. Y a pesar de su juventud, ya tiene propuestas para mejorar los métodos de implementación de las centrales hidroeléctricas de pequeña escala.

Su diagnóstico es el siguiente: los Pequeños Medios de Generación Distribuida (PMGD) tienen varias dificultades para concretarse, entre otras cosas porque no existe una regulación sobre los estándares de construcción que pueden exigir las empresas distribuidoras para permitir la conexión a sus redes. “Las empresas distribuidoras manejan estándares propios que muchas veces los generadores chicos no podemos cumplir. En otras palabras, si no tenemos la espalda financiera como para construir una línea según los estándares exigidos, tenemos dos posibilidades: asumir el costo por nuestra cuenta, con todos los riesgos financieros y de desarrollo que eso significa, o desechar el proyecto”, enfatiza.

Además, Mohr cuenta que dentro de la gama de centrales hidroeléctricas, Don Walterio es una central extremadamente pequeña –comparada con los enormes complejos hidroeléctricos del centro-sur de Chile, que pueden llegar a tener varios cientos de MW de potencia– como para ser capaz de financiar una línea propia. Pero, por otro lado, es una PMGD demasiado grande como para conectarse a una línea de distribución existente sin reforzarla.

“No me parece razonable que existiendo tendidos eléctricos en la zona, un inversionista que pretende instalar un PMGD deba construir otra línea paralela al tendido eléctrico existente para poder evacuar su potencia por la misma subestación de distribución primaria. La unidad de generación que se ubica en la ‘cola’ del alimentador de distribución (punto más alejado) de todas maneras mejora la calidad del suministro de energía en el sector”, explica.

Mohr cuenta que si cada inversionista decide asumir el costo de la línea, eso no solamente impacta desde el punto de vista financiero y arriesga la viabilidad del proyecto, sino que tiene un serio impacto desde el punto de vista paisajístico. “A los consumidores no les conviene percibir perjuicios tanto de la calidad del servicio como del impacto en el paisaje. Sería muy malo tener una zona llena de líneas eléctricas de distintos PMGD y que los consumidores de la zona sigan
recibiendo mediana calidad de servicio eléctrico”.

Por eso, sugiere reglamentar los estándares de construcción de las empresas distribuidoras, de manera que los proyectos PMGD medianos tengan acceso a reforzar las líneas de distribución a valores de mercado. “Cambiar la sección del conductor y, en algunos casos, instalar postes dos metros más altos, es más barato que construir una línea nueva”, señala. Sus propuestas incluso van más allá, sugiriendo que la Ley de Energías Renovables sea modificada para que las empresas distribuidoras sean las responsables de justificar el 5% de su abastecimiento con ERNC. “Yo creo que de esta forma la distribuidora estaría dispuesta a cooperar en la conexión de este tipo de centrales. Por otro lado, los inversionistas minihidro no estamos pidiendo subsidios para esta energía, sino que pedimos mejores reglas del juego para los diferentes actores… es decir, hay que lograr la nivelación en el poder de negociación de la partes”.