En 2010, la empresa brasileña Atiaia –controlada por el grupo Cornélio Brennand− eligió a Chile como un mercado atractivo para invertir debido a su estabilidad y por la necesidad de oferta hidroeléctrica. “En este momento estamos desarrollando el proyecto Rucalhue, en la Región del Biobío, siendo el primer paso en nuestra estrategia en el país”, señala a Revista ELECTRICIDAD Pablo Ceppi, gerente general de Atiaia Energía Chile.

La inversión en la hidroeléctrica Rucalhue fue de US$240 millones, lo que implica la construcción y operación de la central de pasada con embalse, según se indica en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). La obra tendría una potencia total instalada de 90 MW y una generación media anual estimada de 465 GWh.

 ¿Cuáles fueron los motivos para invertir en Chile?

Desde el punto de vista económico Chile posee una necesidad de oferta de generación importante, utilizando recursos nacionales, siendo uno de ellos la hidroelectricidad. Además, para nosotros, presenta alternativas de proyectos que son bastante atractivos en el largo plazo.

 ¿Cómo fue el proceso de instalación en el mercado local?

El país es bastante atractivo para desarrollar la actividad empresarial, donde existen varios talentos para ir armando equipos. En el sentido de la creación de la empresa, fue un proceso bastante expedito.

 ¿Cómo ha sido el proceso de desarrollo del proyecto Rucalhue?

Nos hemos abocado principalmente, en un principio, al trabajo con las comunidades. Más que una empresa de ingeniería, nos hemos transformado en una de antropología y sociología, porque tenemos que entender muy bien cuáles son las necesidades de esas comunidades.

 ¿Y de qué manera han entendido las necesidades de la gente de la zona?

Hemos iniciado desde un principio un proceso de acercamiento comunitario, anterior a cualquier estudio de evaluación ambiental, que nos permita tener el licenciamiento social; es decir, que las propias comunidades nos acepten como un vecino más en la zona donde nosotros vamos a desarrollar el proyecto y, junto con ellos, podamos desarrollar iniciativas en beneficio tanto de la comunidad como de la empresa. Por ejemplo, nos interesa que las patentes municipales se paguen donde vamos a desarrollar el proyecto y no necesariamente donde esté la parte administrativa de la compañía, porque en realidad la iniciativa está allá y es ahí donde tenemos que estar tributando.

 ¿Cuál es su estrategia de crecimiento en Chile?

Estamos apuntando hacia proyectos de tamaño mediano. A diferencia de Brasil, donde tenemos centrales de hasta 30 MW, acá en Chile nos estamos focalizando en el mercado de proyectos de, por ejemplo, 80, 90 o 100 MW. Estos son proyectos en los cuales a la empresa le gustaría invertir. También estamos evaluando otras iniciativas a desarrollar en forma ordenada, ya que no queremos tener varios proyectos al mismo tiempo.

 Con la experiencia que han tenido hasta ahora, ¿cómo visualizan el mercado chileno?

El mercado chileno está en una etapa de definiciones. Confiamos que la nueva agenda energética que ha elaborado el Gobierno permita reactivar el sector con nuevos actores, con proyectos innovadores, de bajo impacto y validados por la comunidad. Nuestro proyecto va por ese camino y esperamos que, tanto las autoridades como la comunidad, valoricen a la Central Rucalhue como un aporte para el país.