El reciente informe de Moody’s Ratings sobre el sector energético chileno no solo confirma el ambicioso compromiso del país con la transición energética, sino que también levanta una seria bandera de advertencia. La consultora proyecta una inversión monumental de entre US$46.000 y US$50.000 millones hasta 2035 —un esfuerzo comparable al de las principales economías y significativo para el PIB chileno—, con el 70% enfocado en energía solar y eólica.
Este volumen de inversión subraya la voluntad de Chile de liderar la descarbonización en la región, apuntando a la neutralidad de carbono para 2050. Sin embargo, la calificadora es categórica: el camino hacia el éxito está en riesgo. La transición se «estancará sin una infraestructura de transmisión sólida y un almacenamiento en baterías a gran escala».
La clave del problema radica en el desacople geográfico entre la generación y el consumo. El vasto potencial solar del norte de Chile (donde el 45% de la capacidad instalada reside) choca con la limitada capacidad de la red para transportar eficientemente esa energía a los centros de consumo en el centro-sur, donde reside la mayor parte de la población. Esta desconexión ya provoca un aumento sistémico del desacople de precios, un síntoma de que la red está operando bajo estrés.
La meta de sumar hasta 41 GW de capacidad a 2035 y desmantelar centrales a carbón requiere un apoyo de casi 9,5 GW de almacenamiento. El almacenamiento en baterías (BESS) es el eslabón crucial para estabilizar la red y aprovechar las energías renovables, que representarán casi el 75% de la matriz.
Es en este contexto es que la cumbre RE+ Cono Sur, que se celebrará en Chile en marzo de 2026, adquiere un rol estratégico. Más de 60 empresas y líderes globales asistirán no solo para exhibir tecnologías, sino para construir alianzas, destrabar procesos regulatorios y, fundamentalmente, movilizar la inversión necesaria. Este evento será una vitrina global y una instancia concreta para articular a gobiernos, empresas y financistas.
El informe de Moody’s es una llamada de atención ineludible. Si bien la aprobación de proyectos como la línea Kimal-Lo Aguirre es un avance, para que Chile cumpla su meta de cero emisiones netas, la urgencia no está sólo en instalar paneles solares y aerogeneradores, sino en desbloquear y priorizar la infraestructura de transmisión y almacenamiento que permitirá que esa energía fluya.

