Los nuevos desafíos de la hidroelectricidad de embalse

El nuevo marco institucional que dicta la Superintendencia del Medio Ambiente y Tribunales Ambientales −próximamente reforzados por el reglamento del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA)− propone un importante desafío a la implementación de los proyectos de inversión. Este nuevo contexto exige considerar la variable ambiental desde una primera etapa (mucho antes de su ingreso al SEIA) incorporando una nueva dimensión a la evaluación de factibilidad de los proyectos, en términos de los factores que se consideran y la transigencia de su planificación.

En el caso de los proyectos energéticos, especialmente los hidroeléctricos del tipo embalse, la definición de su ubicación ya no dependerá solamente de la factibilidad técnica, disponibilidad de superficie a inundar, accesos, cotas o derechos de agua. Ahora también se debe realizar, desde el inicio, un análisis ambiental sobre distintas alternativas para la ubicación definitiva del proyecto. Estas opciones deben tomar en consideración nuevos aspectos, como son las características y singularidad de los recursos naturales (particularmente plantas y animales), existencia de zonas o poblaciones protegidas, ordenamiento territorial vigente y percepción de la ciudadanía. El análisis ambiental se convierte, por lo tanto, en un eje clave de la evaluación de factibilidad de un proyecto en sus etapas más tempranas, proceso que culmina con la presentación para evaluación ambiental de un proyecto altamente definido.

Si bien no hay aspectos que afecten específicamente a las centrales de embalse, ya que las exigencias se incrementaron para todas las categorías, el mayor desafío es saber incorporar la dimensión social dentro del proceso de planificación. Es conocido que ellas cargan con un gran prejuicio colectivo, heredado de emblemáticos proyectos que han generando crítica y resistencia por parte de la sociedad. No basta con presentar un robusto estudio de impacto ambiental, sino que también deben pensarse estrategias de negociación y comunicación con la comunidad en la cual se emplaza el proyecto.

Por otro lado, el nuevo reglamento del SEIA solicita de manera expresa la presentación de mayores detalles respecto a las actividades y obras en las distintas etapas del proyecto. Adicionalmente establece un máximo de dos adendas (respuestas a consultas de la autoridad), con el objetivo de eliminar la costumbre de ingresar al sistema un proyecto medianamente acabado, el que terminaba de definirse −y por ende de evaluarse− durante el proceso de tramitación.

La incorporación de nuevas variables dentro del proceso viene a dar cuenta de que algo hemos aprendido en el largo camino de pruebas y errores transitado hasta hoy. Sin duda, nuestra historia de gestión medioambiental tendrá un antes y un después de la SMA y del nuevo reglamento del SEIA. Las exigencias de la nueva normativa no son otra cosa que una invitación a hacer las cosas bien desde el principio, y la incorporación social de los proyectos es parte de esa premisa.