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La importancia de promover las energías renovables para incentivar la inversión independientemente del contexto político

Hace unos días conocimos el nuevo informe de Naciones Unidas preparado por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC). El informe viene a confirmar lo que era una firme sospecha: la acción de la humanidad ha tenido consecuencias que no tienen vuelta atrás (como la subida del nivel del mar y las consecuencias que ello tiene para miles de personas). En Chile, el informe ha tenido mucho impacto. Un conocido medio digital nos alertó sobre el hecho de que nuestro país aparece mencionado 97 veces.

El Banco Mundial advierte que 17 millones de latinoamericanos se verán forzados a la migración de aquí a 2050 por el aumento del nivel de los océanos, los huracanes, la sequía, la merma de las cosechas y otros efectos si las emisiones globales no se reducen drásticamente.

Pero, y aquí está la buena noticia, también hay efectos que se pueden frenar. Alcanzar la descarbonización y disminuir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero es vital para frenar el calentamiento global y sus devastadoras consecuencias.

Chile está teniendo un rol sobresaliente en el proceso de descarbonización de su matriz energética. En 2020, el 27% de la generación de energía provino de fuentes renovables (muy por encima del 20% que tenía como objetivo). A 2050 se espera que el 90% de la demanda se cubra con energías renovables.

El proceso en el que está Chile es virtuoso también por el hecho de que se ha producido una importante reducción en los precios de la energía de contratos para clientes regulados. Esto ha ocurrido debido, entre otros factores, a los cambios regulatorios que estimularon la competencia incorporando generación renovable no convencional mediante las licitaciones de compra de energía por parte de las Distribuidoras.

Dada la naturaleza intensiva de capital que requiere el sector eléctrico, el éxito de dichos procesos de licitación radica en el hecho de que los contratos son de largo plazo (entre 15 y 20 años), lo que garantiza un flujo de fondos estable a los inversores y ha permitido el acceso al financiamiento internacional a tasas competitivas.

Las perspectivas del desarrollo de nuevos proyectos de energías renovables no convencionales son prometedoras. Por el lado del financiamiento, existe la oportunidad de refinanciamiento y optimización de la estructura de capital, producto de la reducción observada en las tasas de interés a nivel internacional. A ello se suma el hecho de que los proyectos que contribuyan al objetivo de cero emisiones netas pueden acceder a nuevos capitales, conocidos como los bonos verdes que seguirán en aumento. Desde el punto de vista de las políticas sectoriales, se espera una profundización de la promoción e incentivos a las energías renovables no convenciales, en cualquiera de los posibles escenarios políticos esperados para el país.