Energía: más allá de un tema electoral

Editorial revista ELECTRICIDAD.

A pocos días de las elecciones presidenciales, los diversos actores que forman parte del sector energía del país todavía no ven con claridad las medidas concretas que deberían adoptarse en el caso hipotético del triunfo de alguna de las candidaturas con mejores opciones.

Personeros del sector comentaron que tampoco aportó al buen conocimiento de la ciudadanía un foro televisivo, con representantes de las candidaturas, que tuvo lugar a comienzos de octubre.  La heterogeneidad profesional de los participantes, el formato de participación, el nivel de interacción entre los panelistas, la calidad de la conversación, las constantes interrupciones y, también, información errada y alejada de la realidad, gatillaron que la que se preveía como una tremenda oportunidad para revelar aspectos clave para el futuro energético, simplemente frustrara a televidentes e, incluso, a algunos de los propios expositores. Esa confusión de ideas a nivel masivo, desinformación sobre el sector energético, la irresponsabilidad al entregar datos, cifras y aseveraciones equivocadas, y también la falta de cohesión y puntos de acuerdo a la hora de hablar de energía es, precisamente, lo que ocurre actualmente con esta importante industria.

Ciertamente que la energía es un tema “electoralmente incómodo”. Si se discutiera en forma seria y con altura de miras sería motivo –posiblemente– de que alguna de las candidaturas perdiera varios cientos de miles de votos y, con ellos, la elección presidencial. Eso, solo con atreverse a discutir seriamente sobre energía, plantear un programa de gobierno y una política energética fuerte, apuntando al desarrollo de proyectos y apoyar lo que verdaderamente se debe hacer en esta materia, sin tergiversar

la información con el fin de conseguir más votos solo porque ese discurso parece llegar con mayor éxito a una sociedad empoderada que hoy abraza las causas medio ambientales y de defensa de las comunidades como nunca antes se había hecho.

El desarrollo de la energía en Chile necesita que se tomen decisiones urgentes, en una perspectiva de planificación de largo plazo, con medidas y procesos que perduren más allá de los cuatro años del gobierno de turno. Es preocupante la forma cómo el precio de la energía está golpeando a industrias como la minería (con una cartera de proyectos disminuida en un 40%, según actores de esta actividad). O cómo la comparación de precios nos sitúa en condiciones muy desventajosas respecto de países vecinos y competidores directos, como Perú.

En ese contexto, nada de esto es posible si no se impulsa un gran acuerdo a nivel nacional que implique la adopción de rápidas medidas, donde todos los sectores declaren su total disposición a avanzar en el desarrollo de largo plazo del sector eléctrico. Así, Gobierno, oposición, el Poder Legislativo, las ONGs, la comunidad, la academia, las empresas en su conjunto, y todos quienes se sientan representados, debieran responsabilizarse de destrabar el gran nudo en el cual se encuentra el sector energético chileno.