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El desafío del 4% cuando un Sistema de Gestión de Energía tradicional no es suficiente

Sin perjuicio de que el sector minero es probablemente uno de los más preparados para enfrentar el desafío que impone la Ley de Eficiencia Energética, el 4% de reducción al que estaría obligado por dicha nueva normativa, viene a reafirmar que la Eficiencia Energética tradicional -esencialmente documental y orientada a proyectos de bajo impacto o incluso al simple cumplimiento- no será suficiente. Proyectos como recambios de luminarias, instalación de luminarias solares, o sistemas solares térmicos aislados, los cuales han sido usados por distintas industrias para mostrar avances en la materia, ya no serán suficientes. Si bien, aún está por definirse sobre qué punto se medirá el 4%, todo hace pensar que la medición se hará sobre indicadores típicos usados por la minería para medir la eficiencia en la mina y la planta, como son el movimiento de mineral y tratamiento del mismo.

Lo anterior, dado que los desafíos propios de la industria -independiente del nivel de eficiencia- tales como el envejecimiento de los equipos de transporte y mayor distancia de acarreo de mineral por el crecimiento de los rajos, la baja constante de la Ley que obliga a procesar más material para sostener los niveles de producción, variabilidad de la dureza y cambios en materia de comercialización, donde la producción de concentrado prima por sobre la producción de cátodos, y los procesos de desalinización y bombeo de agua de mar, entre otras; hacen difícil pensar que sea el producto final o las ventas de estos la unidad a ser considerada.

Para ejemplificar la nueva mirada a la que me refiero, quiero usar una táctica a la que ante épocas de crisis económica, las compañías siempre recuren, me refiero a generar al interior de la organización grupos específicos de trabajo orientados exclusivamente a optimización de costos. En la mayoría de los casos, estos se traducen en ahorros millonarios, que se miden en metas anuales, pero que -sin duda- son el resultado del trabajo colaborativo e integrado de un sinnúmero de especialistas que se unen para levantar opciones de mejora y optimización.

Ahora bien, aun cuando la meta del 4% moviliza, lo que más debería movilizar a la industria es el hecho de que el uso de energía eléctrica y combustibles representa cerca del 20% de su costo de producción. He aquí el cambio fundamental que deben tener los Sistemas de Gestión de Energía, donde la meta es lograr articular a todas aquellas áreas que, de una u otra manera, intervienen con el uso y gestión de los recursos en las operaciones: áreas de Gestión de Energía, Innovación, Excelencia Operacional, Mantenimiento, Gestión en materia de Costos, Medio Ambiente, entre otras. Estas áreas pueden lograr levantar una cartera de proyectos de mejora a corto, mediano y largo plazo que, sumados, no sólo alcancen la meta que impone la Ley de Eficiencia Energética, sino que optimicen costos de producción, logrando con el tiempo que la energía sea incorporada dentro de la cultura organizacional, como una variable que se gestiona por defecto, no como un mero cumplimiento normativo, sino en pos de la productividad, competitividad y sustentabilidad del negocio.

Este ultimo punto no debe pasar desapercibido, la gestión de energía es la principal herramienta de reducción de gases de efecto invernadero, por lo que, dentro de la integración que debe perseguir la empresa por incorporar la variable energía dentro de sus principales sistemas y modelos de gestión, debe también considerar los Gases de Efecto Invernadero, a través de la gestión de la Huella de Carbono de la organización.

Con este nuevo enfoque, el área que lidera la Gestión de Energía, apoyará en la definición y mantención del sistema, articulando y liderando los temas relacionados con el área, identificando opciones de mejora y captura de nuevas opciones tecnológicas para que luego estas iniciativas sean implementadas por las áreas de la organización que corresponda según su naturaleza, especialización, equipos que muchas veces serán los mismos que operarán la mejora. El trabajo en equipo y la definición de roles en cada iniciativa es crucial para el avance concreto y sostenido en materia de eficiencia energética. Si esperamos que el área de Gestión de Energía diseñe, resuelva e implemente todas las iniciativas, es probable que nos encontremos con murallas infranqueables, propias de organizaciones tendientes a trabajar en silos, donde cada unidad, si bien se encuentra dispuesta a colaborar, cuida su espacio y ámbito de competencia celosamente.

Bajo esta mirada, el trabajo en silo o el desarrollo de una cartera de proyectos reducida -producto de un mal entendimiento del concepto de eficiencia energética- debe ser considerado por las organizaciones como cosa del pasado. La meta del 4% establecida por la Ley sólo es viable de ser alcanzada con un trabajo colaborativo e integrado dentro de la organización.

Ahora bien, si resumimos la Ley desde el punto de vista de cumplimiento, hay 2 puntos básicos a cubrir, el primero contar con un SGE certificado o que cumpla los requerimientos mínimo establecidos en el Reglamento, por otro lado, tenemos el cumplimiento del 4%, el cual uno esperaría que sea alcanzado de manera natural por el propio andar del SGE, pero cuando este último no logra articular a los actores capaces de levantar iniciativas o proyectos de alto impacto para llegar a ese 4% se complica el panorama. Más aún, cuando seguramente ya habrán pasado fácilmente un par de años y la capacidad de reacción para enfrentar este inconveniente se ve mermada producto de lo complejo que es movilizar organizaciones complejas como lo son los Consumidores con Capacidad de Gestión Energética, o CCGE como indica la Ley.

Avanzar de la mano con áreas ligadas a la mejora de la productividad u optimización de procesos desde el inicio es probablemente la mejor decisión, el trabajo colaborativo y en red -idealmente contemplando otras empresas- es crucial para modificar la cultura organizacional en torno al tema y la innovación, hoy por hoy ligada a la electromovilidad y uso de Hidrogeno, es la temática que transformará a la industria minera -y no minera- en las próximas décadas.