Con la fuerza de las renovables y la seguridad de lo convencional

Es absolutamente necesario que la opinión pública sepa y se convenza de que para tener este tipo de recursos (ERNC) aportando a la matriz eléctrica chilena, primero se debe asegurar la energía de base tras el aporte de las convencionales.

Editorial de revista ELECTRICIDAD.

Hace solo algunos años hablar en Chile de Energías Renovables No Convencionales (ERNC) suponía automáticamente fijar la mirada hacia mercados como el europeo, el norteamericano y el asiático, lugares absolutamente desarrollados si de este tipo de tecnologías se hablaba. Pero a partir de ese tiempo, las energías renovables comenzaron a progresar en nuestro país y hoy se han transformado, gracias a la materialización de importantes proyectos, de diversa índole, en reales alternativas de suministro eléctrico en los sistemas nacionales.

La importancia de las ERNC en Chile no está en duda, pero sí hay aspectos que las rodean y que se mantienen “a la espera” de la toma de decisiones claves para su mayor desarrollo. Por ejemplo, el planteamiento que efectúan algunos especialistas en el sentido de que independiente del aporte de este tipo de fuentes al país (muy importante, por cierto), es absolutamente necesario que la opinión pública sepa y se convenza de que para tener este tipo de recursos (ERNC) aportando a la matriz eléctrica chilena, primero se debe asegurar la energía de base tras el aporte de las convencionales, cuales son termoelectricidad, en cualquiera de sus formas, e hidroelectricidad. Teniendo estos grandes bloques de energía asegurados −señalan−, bienvenido sea el creciente aporte de las renovables.

Por otro lado, uno de los principales impedimentos para que las ERNC tuvieran mayor responsabilidad en el país fue el elevado costo que significaba incluir este tipo de fuentes a la matriz. Consideradas caras en Chile, ingresar energía eólica, solar y geotermia, por citar algunas, significaba un alto costo del proyecto y un elevado precio por MWh que no tenía chance de competir con la convencional, a carbón, gas o agua, cuyo valor se situaba entre los US$80 y US$100 por MWh. Hoy la situación es totalmente diferente, siendo las renovables perfectamente competitivas en el mercado.

La tramitación y posterior aprobación de una iniciativa legal en torno a las ERNC provocaron un debate al interior del Poder Legislativo que resultó positivo para el intercambio de opiniones y para fijar una meta de país para el desarrollo de este tipo de energías: 20/25.

Otro tema que aún no está totalmente resuelto es cómo las energías renovables podrán acceder de mejor y más eficiente forma a las redes troncales de nuestro país (como se puede leer en el reportaje central de la presente edición de Revista ELECTRICIDAD). Lo que se podría transformar en un dolor de cabeza para los centros de despacho, se presenta como todo un desafío toda vez que significa una labor sistemática de robustecimiento de las redes eléctricas que hoy –ciertamente− no están preparadas para recibir las ERNC tras incorporar, primero, la energía de base. Una resolución en torno al proyecto de carretera eléctrica pública podría dar luces sobre cómo se facilitará la interconexión de las renovables a los grandes sistemas eléctricos en el país.

Según cifras oficiales, a la fecha son 1.079 MW los que se encuentran en operación a base de energía renovable no convencional en el país. Pero más importante aún, la proyección es prometedora: en construcción hay 723 MW, mientras que los que se presentan con una resolución de calificación ambiental aprobada se elevan a 9.878 MW y los que están en calificación suman 4.288 MW. En ese contexto, es de interés que un mayor número de proyectos y MW de energía renovable entre al sistema.