Aunque se creía que durante la última cumbre del Mercosur realizada en diciembre pasado se le inyectaría una dosis de vitalidad al proyecto del anillo energético regional, lo único que generó aquella reunión fue aplazar indefinidamente la propuesta que había impulsado el ministro de Economía chileno, Jorge Rodríguez Grossi.
Todo estaba listo para que los países que formaban parte de la iniciativa firmaran el marco jurídico que daba, por un lado, los resguardos necesarios a las empresas que quisieran invertir en la construcción de gasoducto y, por otro, regulaba el funcionamiento de esta nueva fórmula que llevaría gas desde el yacimiento de Camisea, en Perú , hacia Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile.
Sin embargo, la falta de garantías por parte del país proveedor del recurso, quien ya tenía un compromiso con México para la venta del hidrocarburo y la arremetida de Venezuela que anunciaba su disponibilidad para iniciar negociaciones con el fin de abastecer de gas a Sudamérica –anuncio al que se sumó casi de inmediato Argentina y Brasil- terminó por sepultar el futuro del anillo.
De esta forma, naufragaba el intento de las autoridades chilenas por construir una fuente energética interconectada que asegurara el suministro del combustible en el país y de paso ayudara a dar un gran impulso a la integración de las naciones de esta parte del mundo.
Al parecer, la incertidumbre respecto a la fuente de abastecimiento influyó en un deterioro de la voluntad política existente en el comienzo de la iniciativa. No obstante, el ministro Rodríguez Grossi nunca perdió las esperanzas y dio un conjunto de declaraciones que apuntaban a potenciar un plan que a todas luces sufría de una lenta agonía. “El anillo energético no está enterrado, sólo duerme una siesta” y “no queremos bajar los brazos en el afán de consolidar la red de gasoductos de América del sur” fueron algunos de los intentos que el secretario de Estado esbozó para darle vitalidad al ducto.
Jugada
Si bien existió poco interés por continuar con las conversaciones relacionadas con el “anillo energético”, el golpe de gracia a este plan fue dado por Venezuela, que anunció a fines del año pasado la construcción de un gasoducto regional, que se abastecería de las enormes reservas de gas de este país, las mayores de la región. Al proyecto se sumaron casi de inmediato Argentina y Brasil, que raudos comenzaron a trabajar en los detalles.
Tanto es así, que por estos días el Gasoducto del Sur -denominado así por el mandatario venezolano Hugo Chávez- avanza a pasos agigantados, pues existe el interés de estos países por lograr que se definan próximamente sus alcances, costos y viabilidad. Además, el presidente de Venezuela invitó a participar de la iniciativa a Evo Morales, Mandatario de Bolivia, país que posee la segunda mayor reserva de gas de Sudamérica.
Durante la reunión realizada en enero en Brasilia, los mandatarios pusieron como fecha tope para finalizar los informes el mes de julio del presente año.
Por esta razón, para el 12 de marzo está confirmada una nueva cita entre los presidentes Lula da Silva, Néstor Kirchner y Hugo Chávez, la que se suma al conjunto de reuniones que han tenido en el último tiempo para tratar el tema.
En el encuentro se seguirá avanzando en los detalles técnicos, y se recibirán los primeros estudios técnicos del ducto que recorrería alrededor de 9 mil kilómetros entre el sur de Venezuela y el norte trasandino, atravesando Brasil.
En este sentido, la inversión del proyecto fluctuaría entre los US7.000 y US5.000 millones, con un lapso de entre cinco y siete años para la construcción.
Alternativa
Mientras esta iniciativa cuente con la voluntad real de los países interesados y se muestre como una alternativa plausible frente al ahora desdibujado anillo energético, todos los esfuerzos unilaterales que se hagan sólo serán un desgaste innecesario. Por esta razón, a pesar de la hegemonía de Venezuela, Brasil y Argentina, aún persiste la posibilidad de que Chile, a través de sus vínculos diplomáticos, consiga ser parte tanto del proyecto encabezado por los venezolanos como de las otras alternativas energéticas que se presenten con los demás países de la región en el futuro.
Fuente: La Nación.
