Si el período del presidente de Bolivia, Eduardo Rodríguez, se extendiera más allá del 22 de enero, fecha estipulada para la transferencia del mando a quien resulte ganador el domingo, no vacilaría en plantear a la Argentina y Brasil un ajuste en los precios del gas boliviano, de modo de «lograr un equilibrio en la ecuación», según reveló en una entrevista con La Nación en el Palacio de Gobierno.
El favorito para las elecciones, Evo Morales, candidato por el Movimiento al Socialismo (MAS), encendió anteayer la mecha: advirtió, ante una pregunta de La Nación que, de ganar la presidencia, «habría que revisar los precios» del gas, los cuales calificó de «muy bajos».
Con ello estuvo de acuerdo Rodríguez: «La evolución del mercado de los hidrocarburos en el último año merece ser incorporada en el tratamiento bilateral de algunos de los contratos que tenemos con la Argentina y Brasil -dijo mientras a sus espaldas, por una ventana abierta, se colaba el murmullo de bocinas que suele poblar la plaza Murillo- . Está fuera de toda especulación que los precios de los hidrocarburos han subido en el mercado mundial a niveles extraordinarios. Eso llevaría razonablemente a tratar con estos compradores un equilibrio en la ecuación».
-Si usted siguiera siendo presidente después del 22 de enero, ¿plantearía esta cuestión?
-Posiblemente, sí. No lo ha dicho sólo Evo Morales. Ha sido una tónica de todos los candidatos.
-En su momento, cuando Néstor Kirchner y su antecesor, Carlos Mesa, firmaron los contratos, se aplicó el llamado «precio solidario», en virtud del gas que la Argentina había comprado en otros tiempos a Bolivia a precios elevados, pero, al parecer, después se acomodó.
-En todo caso, en el actual contexto, el precio del gas es sólo conveniente para la Argentina.
-¿Cómo juzga el papel de custodios que han asumido la Argentina y Brasil en las crisis en Bolivia?
-No soy afecto a reconocer que hayamos tenido custodios. Indudablemente, el interés cercano de Brasil ha sido manifiesto. No creo que hayan sido decisivos para tomar decisiones fundamentales. Fueron acompañamientos para preservar la democracia.
-¿Influyeron las inversiones?
-Bueno, esos dos países dependen de la provisión de gas. Desde el día uno, Bolivia nunca dejó de honrar sus contratos.
Hasta el 9 de junio de este año, Rodríguez era presidente de la Corte Suprema, cargo en el cual se desempeñó desde marzo de 2004 y al cual retornará una vez que cumpla con su misión. O con la cuenta regresiva. Nunca pensó que iba a ser presidente de la República. «No estaba en mis planes», admitió. Menos aún después de la caída del presidente elegido, Gonzalo Sánchez de Lozada, y de la renuncia de su sucesor, Carlos Mesa, ex vicepresidente.
«Es como si hubieses entrado en un túnel del cual no puedes salir y estás viendo la luz al final -definió-. Yo la veo marcada en el calendario: 22 de enero. Hay que tener una vocación de riesgo, de vértigo, porque no es sólo un túnel, a veces oscuro, a veces con sorpresas, sino, también, una montaña en la que uno está subiendo y bajando con grandes dificultades. Esta actividad demanda un ritmo muy intenso. En ese túnel, muchas veces se apaga la luz y uno recibe palos de todas partes.»
-¿Existe riesgo de fraude en las elecciones?
-La Constitución señala que el sufragio es la base del sistema democrático. Puede haber fallas, como en cualquier país. No creo que haya margen para fraudes. Me parece un poco extemporáneo que ahora se presente este tipo de preocupación.
-¿Lo legal puede dar lugar a lo ilegítimo si ninguno de los candidatos obtiene más del 50% de los votos y el Congreso debe decidir a su sucesor?
-En Bolivia tenemos dos situaciones históricas: Paz Estenssoro y Paz Zamora no fueron primeros, pero resultaron favorecidos por el Congreso. Tengo la impresión de que los potenciales favorecidos van a tomar en cuenta esa experiencia y van a tomar en cuenta, también, este factor de legitimidad versus legalidad.
-En la gente, sin embargo, se nota algo de pesimismo, quizá por exceso de democracia electoral y escasez de cultura democrática.
-Es verdad. Los grandes indicadores de preocupación de la gente tienen que ver con el empleo y la seguridad. Habrá mucho que trabajar para recuperar la fe.
-¿Por qué no actúa en política?
-No es una aversión a la política. A mí me gusta la gestión pública. Hay una relación entre la gestión pública y el ordenamiento legal que siempre me ha cautivado.
-¿Está preparado para retornar a la vida normal?
-Cuando quiera ir en auto voy a tener la sensación de sentarme y esperar que el conductor me lleve, pero ya no voy a tenerlo. No manejo hace seis meses.
-¿Cuánto hace que no paga un café?
-Meses. El otro día, en Montevideo, durante la Cumbre del Mercosur, hice unas compritas en un centro comercial. Fue una experiencia interesante.
Fuente: La Nación, Argentina.