En medio de la transición energética que atraviesa Chile, la discusión sobre la energía comenzó a trasladarse desde las grandes centrales hacia los propios centros de consumo. ¿La razón? Lo que hasta hace pocos años parecía una decisión reservada a proyectos de gran escala hoy se abre paso en el mundo empresarial, donde la autonomía energética empieza a consolidarse como una herramienta concreta para mejorar la competitividad y gestionar de forma más eficiente uno de los costos más relevantes para la operación.
El contexto del país ha sido determinante para este cambio. Chile, en esta línea, se ha posicionado como uno de los líderes regionales en el desarrollo de energías renovables, que en 2024 representaron cerca del 68% de la generación eléctrica anual, mientras que en determinados momentos del sistema han superado incluso el 70% del total, de acuerdo con cifras entregadas por el Coordinador Eléctrico Nacional.
Estos datos son respaldados por Jorge Leiva, jefe de carrera de Ingeniería Civil en Medio Ambiente y Sustentabilidad de la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO), quien aseguró que “el país tiene un alto potencial de energías renovables especialmente solar y eólica que permite desarrollar proyectos de generación distribuida a costos cada vez más competitivos. A ello se suman cambios regulatorios que han ampliado las posibilidades de autogeneración, como la legislación de generación distribuida (Ley 20.571 y sus modificaciones), el aumento del límite de potencia para sistemas de autoconsumo y la ampliación del acceso al mercado de clientes libres, que permite a empresas negociar directamente su suministro eléctrico. En conjunto, estos elementos están incentivando a las empresas a participar activamente en la gestión de su energía”.
Estrategia
Respecto a este escenario operacional, Natalia Conejero, directora de la Escuela de Ingeniería Civil de la Universidad Bernardo O´Higgins (UBO), comentó que “desde una perspectiva de ingeniería, la autonomía energética se está consolidando como una estrategia empresarial porque permite gestionar de manera más eficiente uno de los costos estructurales de la operación productiva: la energía. En este contexto, no se trata únicamente de generar energía propia, sino de integrar generación, eficiencia energética y gestión inteligente del consumo dentro de la estrategia operacional de la empresa”.
Según destacaron desde la casa de estudios, la eficiencia energética cumple un rol central en este enfoque. Optimizar procesos, reducir pérdidas y mejorar el uso de la energía permite disminuir costos y aumentar la productividad sin necesariamente aumentar la capacidad instalada. Cuando estas medidas se combinan con generación distribuida o autoconsumo, las empresas pueden reducir su exposición a la volatilidad del mercado energético y mejorar la estabilidad de sus operaciones.
“El principal beneficio es la mayor estabilidad en los costos energéticos, algo particularmente relevante para sectores productivos intensivos en energía. La generación propia también permite reducir la exposición a la volatilidad del mercado eléctrico y mejorar la planificación financiera. Desde el punto de vista operacional, estos modelos facilitan incorporar sistemas de monitoreo y eficiencia energética que optimizan los procesos productivos. Además, el uso de energías renovables contribuye a reducir la huella de carbono, un aspecto cada vez más relevante en mercados internacionales y cadenas de suministro”, aseveró la académica de la UBO.
Dentro de esta transformación, la energía solar se ha convertido en uno de los motores principales del crecimiento renovable. Y es que el país cuenta con algunos de los mayores niveles de radiación solar del mundo, especialmente en el desierto de Atacama, lo que ha impulsado una rápida expansión de proyectos fotovoltaicos en la última década, según antecedentes del Ministerio de Energía.
Autoconsumo
Otro punto es que esta tendencia se está traduciendo en proyectos de autoconsumo donde las compañías instalan sistemas solares en techos industriales, centros logísticos o terrenos cercanos al punto de consumo. Además de reducir la dependencia de la red eléctrica, dichas soluciones permiten aprovechar de forma más directa el potencial solar del país.
A ello se suma un elemento que gana cada vez más peso en el mundo corporativo, como lo es el cumplimiento de metas de sostenibilidad y estándares ESG. Ello, debido a que la generación renovable en sitio contribuye a reducir emisiones, mejorar la valorización de activos industriales y facilitar el acceso a financiamiento verde.