En 2020, el mundo emitió 46 millones de kilotoneladas de CO2 equivalentes. China y la OCDE fueron los mayores contaminantes de dióxido de carbono, con 12 y 14 millones, respectivamente. Chile, por su parte, se comprometió a lograr la carbono neutralidad al año 2050, meta que considera la descarbonización de la matriz de generación eléctrica, mientras su participación en la contaminación mundial llegó a 113 mil kilotoneladas ese mismo año.

Estos fueron algunos de los aspectos que se abordaron durante el webinar “La mirada de los comercializadores de energía de la descarbonización y la transición energética”, organizado por la Asociación Chilena de Comercializadores de Energía (ACEN). La actividad contó con la participación de Pedro Miquel, Director de Systep; Vannia Toro, socia y gerente General de EMOAC; Luis Vargas, Doctor en Ingeniería Eléctrica de la University of Waterloo, Canadá, y Eduardo Andrade, secretario ejecutivo de ACEN, quien actuó como moderador.

“No importa lo rápido que vayamos nosotros. Si lo pudiéramos hacer y a cualquier costo, no moveríamos ninguna aguja. Eso no quiere decir que no tengamos que cumplir con nuestro deber porque estamos en un desafío de subsistencia de la humanidad; si nos equivocamos mucho, nuestros hijos y nietos la van a pasar muy mal. Chile, dada su distribución de recursos naturales renovables de fuentes primarias para traducirla en energía eléctrica, tiene la exquisita oportunidad de explotar y utilizar racionalmente todos esos recursos pero a un timing que no genere distorsiones importantes”, señaló Pedro Miquel.

Si bien el asesor indicó que ojalá pudiéramos alcanzar la descarbonización lo antes posible, advirtió que se deben enfrentar dos temas: “cuánto nos va a costar económicamente y si los sistemas eléctricos pueden funcionar sacando todas las centrales de carbón mañana”.

Según el experto, existe un relativo consenso respecto a “que no se pueden retirar 5.000 megawatts de generación a carbón y pretender que el sistema eléctrico funcione las 24 horas del día sin reemplazarlo en las horas que no hay viento y sol con una generación equivalente. Sí se puede descarbonizar, pero la velocidad es algo muy complejo”.

Por su parte, Vannia Toro, sostuvo que “estamos frente a una crisis climática y a todos nos corresponde hacernos cargo en nuestra proporción; lo importante es que lleguemos a la meta lo antes posible, pero en el camino no nos podemos perder y llegar a contrasentidos que incluso nos hagan retroceder. Por ejemplo, hoy día el retiro de las centrales a carbón nos está haciendo reemplazar su generación con centrales diésel que, si bien emiten menos toneladas de dióxido de carbono por cada mega producido por las centrales a carbón, igualmente tienen un aporte importante y un costo muy elevado”.

En ese sentido, de acuerdo con la ejecutiva, el reemplazo lógico que se ve es “descarbonizar con centrales GNL que tienen un costo variable de operación más elevado, por lo tanto, los costos marginales debieran subir. Para poder alcanzar la meta de descarbonizar al 2040 existen estudios que dicen que operativamente es factible, pero debemos conciliar la estabilidad del sistema, porque estas centrales a carbón no aportan solo generación, sino que aspectos relacionados con la estabilidad”.

Toro añadió que para sacar esos 5.000 MW se requerirán más de 23.000 gigawatts hora de energía solar y eólica junto con almacenamiento, lo que significa un desafío territorial inmenso debido a la cantidad de hectáreas que se necesitan para instalar ese nivel de potencia.

Por otro lado, Luis Vargas comentó que el rol de las empresas comercializadoras de energía es mucho más activo al buscar contratos y acercarse más a las necesidades que tienen los usuarios finales: “Creo que es muy importante que puedan jugar un rol significativo en la transformación energética que necesitamos todos”.