La sequía estructural y las dificultades de transmisión. Estos dos factores configuran, principalmente, el contexto país que motivaron que Chile bajara dos puestos en el último estudio Recai (Renewable Energy Country Attractiveness Index), que elabora semestralmente la consultora EY.

El reporte incluye una evaluación de 100 países que destacan por sus condiciones favorables para el desarrollo de las energías renovables. En la última entrega, Chile aparece en el lugar N° 14, posición a la que contribuyeron sus fortalezas en este ámbito, entre las que resalta el alto grado de incidencia de la radiación solar en el territorio nacional a lo largo de todo el año.

El estudio se dio a conocer en el marco de un evento online “Energías verdes: los retos e hitos de Chile para el gran salto renovable”, donde participaron Javiera Ketterer, asesora de gabinete del ministerio de Energía; Trinidad Castro, directora ejecutiva de WEC Chile; Asunción Borrás, Head de Desarrollo de Negocio de Hidrógeno de Engie y vicepresidenta de H2 Chile; Paola Hartung, Directora de Asuntos Regulatorios de AES Chile y consejera de ACERA, José Mercy, subgerente de Finanzas Corporativas de BCI, y Elanne Almeida, socia de Servicios de Sostenibilidad de EY.

En cuanto a la metodología utilizada, Elanne Almeida explicó que la asignación de puntaje a cada país se realizó tomando en cuenta cinco aspectos: imperativo energético, estabilidad de las políticas, ejecución de proyectos, diversidad de recursos naturales y tecnológicos y macroseñales.

Respecto a las barreras que impiden un mayor afianzamiento de las tecnologías renovables en Chile, Asunción Borrás advirtió que es necesario contar con un marco regulatorio más estable. En ese sentido, abogó por que “se dé certidumbre y que, a la hora de obtener permisos, ya sea ambientales o para acceder a terrenos, sean relativamente sencillos de obtener y que no haya demasiadas trabas que retrasen la concreción de los proyectos”.

José Mercy coincidió con esta posición, argumentando que “los inversionistas pueden convivir con los riesgos propios de un proyecto de energías renovables, pero el problema es que como esas iniciativas se evalúan con horizontes de tiempo de 15, 20 o 30 años, ser capaces de predecir si el marco regulatorio y las políticas del país serán estables en el tiempo es lo más determinante para eventualmente frenar la ejecución de un proyecto”.

El ejecutivo añadió que “desde los bancos, eso se hace más importante aún; entonces si por ejemplo se va a evaluar un proyecto a 20 años se necesita claridad en que todo aquello que lo va a regular, como el esquema de ingresos que tendrá y las políticas para el otorgamiento de permisos, se mantenga estable en el tiempo”.

Visión sistémica

Por su parte, Javiera Ketterer indicó que junto con el ámbito regulatorio es necesario mirar el panorama desde una visión integral: “Tenemos que cuestionarnos cuáles son los requerimientos de las energías renovables que se van incorporando, porque hay que mirar el tema de manera sistémica; es decir, por ejemplo, cómo los costos van variando sistémicamente y no solo ver cómo va disminuyendo el precio de las ERNC, sino mirar también qué pasa con la transmisión y los servicios complementarios”.

En tanto, Paola Hartung resaltó la resiliencia del sector generación en los últimos meses, considerando el panorama condicionado por distintas exigencias: “El decreto de racionamiento eléctrico nos encontró en paralelo con la transición energética”. Al respecto, advirtió que “hay que entender que Chile está en una transición, pero también en una descarbonización acelerada”.

Vinculado con esto último, subrayó, las fechas de retiro de las centrales a carbón se han ido tenido que ir modificando para resguardar la seguridad energética del país.