La promoción de la electrificación de los procesos es uno de los impactos que tiene la Ley de Eficiencia Energética en el sector minero, lo cual contribuye a la meta de carbono neutralidad comprometida por el país, para disminuir las emisiones de carbono, donde la figura de los Sistemas de Gestión de Energía (SGE) tienen un papel fundamental, según sostiene Diego Lizana, director ejecutivo de Ecodesarrollo.

El especialista destaca que los SGE deben contribuir al perfeccionamiento de la productividad, competitividad y sostentabilidad de esta industria.

Implementaciones

Generadoras como Colbún están implementando Sistema de Gestión de Energía (SGE) a las mineras, ¿cree que será una tendencia en el mercado?

Más que una tendencia, es natural que las empresas generadoras o incluso distribuidoras avancen en diversificar su oferta de servicios, donde la Eficiencia Energética es sin duda un tema atractivo de explorar.

Lo que sí creo que será tendencia es la especialización de servicios en temas de Eficiencia Energética, puesto que se debe diferenciar lo relativo a la implementación de un Sistema de Gestión de Energía -que tiene como base las normas ISO, independientemente de su eventual certificación ISO 50.001- de actividades que le den vida y generen resultados materiales en los Indicadores de Desempeño Energético, destacando entre ellos el control operacional y la búsqueda permanente de proyectos de mejora. En estos ámbitos lo mejor es conocer a las empresas de servicio y el rol que pueden jugar en cada etapa del proceso en que se encuentre la organización para así obtener los resultados esperados.

Un Sistema de Gestión de Energía y su implementación puede ser absolutamente robusta, capaz de integrarse a otros sistemas de la organización y maximizar con ello su potencial, disminuyendo tiempo y esfuerzo, o bien puede ser un sistema meramente formal y absolutamente documental que lejos de agregar valor a la organización, al poco andar tendrá que volver a ser revisado e incluso re-implementado, con el desgaste natural que ello implica para las áreas más operativas de la compañía. Personalmente, creo que la preocupación de la empresa minera debiese ir en el sentido de entender cuál es la oferta y los resultados que se esperan, siendo la certificación del Sistema de Gestión de Energía el mínimo a cumplir, sin perder el foco que el objetivo final es mejorar los Indicadores de Desempeño Energético de la Organización.

Se debe tener presente que la agregación de valor, no puede darse por sentado solo por decir que la organización tiene la certificación ISO 50.001. El sistema -certificado o no- debe evaluarse por los resultados efectivos en reducción de costos, consumos de energía y cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero que es capaz de impactar. Es por esto, que se requerirán apoyos específicos para que las empresas logren las metas de reducción planteadas por la Ley de Eficiencia Energética y/o las metas establecidas por distintos stakeholders con relación a emisiones de gases de efecto invernadero, siendo probablemente la búsqueda de proyectos de reducción el ámbito más desafiante.

¿Cómo contribuye la Ley de Eficiencia Energética al desarrollo de la energía verde?

La Ley de Eficiencia Energética y el uso de Energía Verde tienen, para efecto de la norma, una relación tangencial -no directa- puesto que la Ley busca reducir y optimizar los consumos de energía, independiente de la fuente con la cual se generó. Con esto se busca mejorar la productividad y con ello, la competitividad y la sostenibilidad de la organización, atendida la reducción de los costos por uso de energía. La frase “no hay mejor energía que la que no se consume” siempre debemos tenerla presente, más aún si queremos vincular la gestión energética con la reducir costos a nivel de nuestra organización.

Sin embargo, sí existe un punto crucial donde tienen una relación directa. La Ley de Eficiencia energética promueve la electrificación de procesos. Claro ejemplo de esto es el empuje hacia la electromovilidad, impulso que sería un sinsentido desde la lógica de la sostenibilidad si finalmente la energía eléctrica consumida, por ejemplo por un CAEX, proviene del uso de combustibles fósiles, altamente contaminantes. Por supuesto, durante la transición energética que estamos viviendo a nivel mundial, es imposible pasar de una tecnología a otra de manera inmediata, por lo que ejemplos como este se darán en múltiples ocasiones, costo que debemos entender como necesarios hasta llegar a una matriz energética 100% verde.

Diego Lizana

A su juicio, ¿la Ley de Eficiencia Energética  requiere perfeccionamiento?

Es difícil realizar un diagnóstico en ese sentido a una Ley que aún no entra en funcionamiento de forma plena, mayoritariamente por encontrarse pendientes de aprobación los reglamentos que permiten su operatividad. Sin embargo, si nos basamos únicamente en el texto de la Ley, quizás la mejora que se puede aventurar para los próximos años venga de la mano de una sinergia real con la Ley de Energías Renovables y de Cambio Climático, conducentes a potenciar temas comunes y que permitan avanzar de mejor manera y claridad con los objetivos de reducción de Gases de Efecto Invernadero que se ha planteado el país. Hay que destacar, sin perjuicio, que como primer ejercicio normativo relacionado a Eficiencia Energética, el texto es ambicioso, por lo que resultará interesante ver las distintas reacciones de las industrias y los usuarios, y no me refiero a si una empresa logro o no certificarse ISO 50.001, si no, a la reducción efectiva de energía alcanzada anualmente y si las metas de reducción de consumo son o no realistas.

¿Cuáles son los principales puntos que debe considerar una minera en su Sistema de Gestión de Energía (SGE)?

Desde mi experiencia, vinculada tanto a equipos internos y externos de las Compañías relacionados al tema, creo que el factor decisivo y determinante en el éxito del mismo -más que los elementos que tiene que tener un sistema- es el cómo se incorporan los diversos temas que indica la normativa o mejores prácticas en organizaciones donde, su cultura no ha considerado históricamente a la energía como una variable estratégica a ser gestionada. De esta forma, si se logra una correcta inserción del SGE en la cultura y estructura organizacional existente, se habrá dado un primer paso gigantesco.

Ahora, independientemente de esto, un SGE debiese contar al menos -desde un punto de vista formal- con una Política Energética interna, Objetivos, Metas, Planes de acción, Indicadores de Desempeño Energético, un Gestor, Control Operacional, Medición y Verificación. Sin embargo, esto  no necesariamente asegura el éxito a nivel de resultados.

En ese sentido, la apuesta de los SGE debe ser mejorar la productividad, competitividad y sostentabilidad del negocio, lo que consecuencialmente tiene como resultado el cumplimiento normativo -cumplimiento formal-. Si la organización logra insertar las exigencias de la Ley o la norma ISO 50.001 en sus sistemas, modelos, protocolos o procedimientos ya consolidados, logrará asimismo acortar los plazos en los cuales se pueden ver los impactos en materia de resultados y creación de valor. De ahí en adelante, se debe continuar haciendo girar la rueda, logrando con el tiempo que la energía sea una variable más de las que las operaciones controlan y mejoran permanentemente, siendo parte integral de la cultura de la organización.

Uno de las preguntas recurrentes que nos hacen las empresas al momento de conversar por este tipo de servicios es respecto a como logramos reducir la carga de trabajo adicional que tendrá el equipo de operaciones para dar cumplimiento al sistema y hacerlo funcionar, sin descuidar la producción, y la respuesta es clara, incorporando los componentes del Sistema de Gestión de Energía a la estructura y forma de trabajar de la organización, apostando a la reducción de costos y metas de energía y cambio climático, en resumen, transformando el problema de un nuevo sistema en una oportunidad.

A su criterio, ¿es complicado que las mineras reporten el consumo de energía de sus operaciones? ¿De qué podría depender?

En este sentido, se debe tener presente que desde antes de promulgarse la Ley, las compañías mineras socias del Consejo Minero ya venían reportando los consumos de energía (electricidad y combustibles) de manera anual, derivado de un acuerdo al que se llegó entre el Ministerio de Energía y dicho Consejo el año 2014, por lo que para el sector no debiese ser complejo mostrar números macro de consumos. A mayor abundamiento, la entrega de cifras que incorporen Indicadores Energéticos claros a dar seguimiento, demostrarían los avances en la materia por parte de las empresas, por supuesto, el rodaje de la Ley permitirá discriminar que consumos son relevantes reportar de manera publica y cuales son de gestión interna.

¿Qué factores podrían incidir en una correcta u óptima implementación del SGE en la industria minera?

Son varios los puntos que pueden influir en la implementación de cualquier tipo de sistema nuevo en una organización: cultura, recursos económicos y humanos, conocimiento, convicción, entre otros, pero sin salirnos del tema técnico, uno de los puntos críticos a considerar en un sistema de gestión de energía es la calidad, cantidad y periodicidad de información con que se cuenta para la toma de decisiones oportuna. En ese sentido, adquiere relevancia la frase que nos señala que “No se puede gestionar lo que no se conoce”.

Aquí es donde muchas veces las empresas presentan inconvenientes ya que, a pesar de los avances de data analítica, análisis predictivo, etc. que se han incorporado, se debe tener presente que sin información base con la cual trabajar, poco o nada se puede hacer. Esta es probablemente la brecha más importante que tiene la industria. En materia de “conocerse”, el crecimiento frenético de la minería en las ultimas 3 décadas no necesariamente ha sido  armónico, privilegiándose producir por sobre controlar, lo que lleva al día de hoy a que todavía al momento de analizarse un proyecto minero (etapa nueva, crecimiento de alguna línea, etc.) ante el desafío de disminuir CAPEX, la instrumentación y equipos de medida (de consumo de energía) son los primeros en ser cuestionados, incluso retirados. Lamentablemente, ese retiro no siempre importa una reincorporación posterior en la etapa de operación del proyecto.

Uno de los aspectos positivos de este proceso gatillado por la nueva normativa es que las empresas han empezado a darse cuenta que sin información de base es imposible tomar decisiones concretas en materia de Gestión de Energía, por lo que no es de extrañar que parte de las medidas de eficiencia energética que veremos en los primeros reportes, sea precisamente la instalación de equipos de medida o sistemas de recopilación de información de energía que permita empezar a analizar esta información.