Caio Arnaes, director asociado de Robert Half Chile, abordó con ELECTRICIDAD las principales implicancias que tiene para el sector minero la discusión en torno a la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales, precisando que eventuales cambios en esta materia deben considerar las particularidades que tiene esta industria para el país, debido al carácter estratégico que posee y al sistema de turnos en plantas de generación eléctrica, además de las redes de transmisión y distribución.

A su juicio, si esta discusión avanza concretamente, se debería contemplar la dinámica particular que tiene esta industria, donde también entrean en juego factores como la cultura organizacional, la digitalización y el trabajo remoto.

Discusión

Considerando que la productividad y las particularidades de cada sector del mercado laboral serán algunas de las claves centrales, ¿qué aspectos debe incluir la idea jornada laboral a 40 horas semanales para el sector minero y su sistema de turno?

Las jornadas laborales del sector minero, con sus sistemas de turnos, tienen particularidades que forman parte de su cultura organizacional y no pueden quedar al margen de la discusión. Cualquier ajuste que se proponga debería considerar ese aspecto con un criterio de flexibilidad, así como la capacidad productiva de los trabajadores en un menor tiempo, garantizando la producción y la continuidad operacional de un negocio absolutamente estratégico para el país.

La idea de tener este tipo de jornada, ¿impactaría a servicios esenciales estratégicos como los que existen en el sector energético?

El debate está considerando la visión de que un beneficio de este tipo debería repercutir positivamente entre los trabajadores, motivándolos al menos a mantener la productividad, pese a la reducción de horas trabajadas. Resta saber cuál será la dinámica que veremos si se concreta tal reducción de la jornada laboral. En el caso del sector energético, que es considerado como estratégico, habrá que analizar de qué manera poder mantener e, incluso, aumentar la productividad, ya que la demanda tenderá a aumentar con el tiempo y la industria debe buscar respuestas eficientes en términos producción y costos para satisfacerla correctamente.

¿Cuáles son los desafíos más importantes de este debate para la industria minera y energética?

Se trata de un desafío bastante generalizado, donde cada sector productivo debe considerar su realidad, recursos y posibilidades para ajustarse a la posible reducción de jornada laboral. En el caso de la industria minera y energética, no es diferente. La idea de fondo seguirá siendo encontrar un equilibrio entre una cantidad menor de horas trabajadas y la productividad que debe, al menos, mantenerse e, incluso, aumentar con el tiempo. Factores de la cultura organizacional, de cómo se hacen las cosas en cada rubro, la capacidad de innovar, incorporar tecnología o incorporar más mano de obra, pueden estar entre los factores a analizar y considerar a la hora de definir un cambio de esta naturaleza, que es muy esperado y bien valorado, pero que requiere análisis y racionalidad para concretarlo y que funcione de manera sólida.

¿Tendrá alguna incidencia en la discusión, el hecho de que ambos sectores cuentan con perfiles más especializados y que avanzan en digitalización de tareas?

Sin duda la especialización y los avances en materia de digitalización son un aspecto más a considerar en este debate. Sabemos que cuanto mayor sea la especialización, más complejo resulta encontrar talentos. Y la digitalización ya es una realidad que avanza muy rápido en la minería y el sector energético. Eso abre muchas perspectivas de complementariedad, pero también de sustitución de mano de obra, por lo que la toma de decisiones en esos casos debe incluir una reflexión sobre cómo capacitar y entregar más herramientas para que los trabajadores puedan adquirir habilidades para crecer dentro de la industria, aprovechando los beneficios que podría brindarle una reducción de la jornada.