Generadoras de Chile y la RedPE se unieron para crear el reporte “Una mirada multidimensional a la pobreza energética en Chile”, donde se señala que el 30% de los hogares del país usan leña para la calefacción o para cocinar, además de otros indicadores como que el 11% cuenta con un sistema de agua caliente sanitaria y que 26.000 hogares no tienen refrigerador para conservar alimentos.

“Este trabajo visibiliza cifras preocupantes que tenemos en Chile asociadas a la pobreza energética. Por ejemplo, en cuanto al uso de la leña para calefacción y/o para cocinar, aún con los problemas de contaminación intradomiciliaria y ambiental, casi un 30% de los hogares en Chile la utilizan”, comentó Macarena San Martín, investigadora y coordinadora ejecutiva de la Red de Pobreza Energética.

“Por otra parte, casi un 23% gasta excesivamente en calefacción, lo que nos muestra grandes desafíos de aislamiento térmico en los hogares. Este reporte muestra que la pobreza energética va mucho más allá de una falta de conexión a la energía eléctrica o de acceso a fuentes de energía, aborda la calidad de dichas fuentes y la equidad en el acceso a ellas”, agrega.

Respecto a alimentación e higiene, más del 11% de los hogares del país no cuenta con un sistema de agua caliente sanitaria (sistema energético que permite al hogar contar con agua caliente para servicios de higiene y aseo) y casi 26 mil hogares no cuentan con un refrigerador para conservar alimentos.

Otro de los hallazgos tiene relación con la calidad del acceso a la electricidad, con un promedio de duración de las interrupciones del suministro superior a 12 horas, con una importante dispersión territorial de este indicador que los promedios ocultan. A la vez, se constata que cerca de 20 mil hogares, un 0,3% del total, no poseen conexión a la red eléctrica.

Existen, además, brechas importantes en los hogares que no logran alcanzar confort térmico: se presentan problemas de eficiencia energética en más de la mitad de las viviendas, medio millón de ellas no tiene o no usa calefacción y, a la vez, uno de cada cinco hogares vive con frío en invierno.

Asimismo, es importante también agregar que estos hallazgos se presentan de diversas maneras en las distintas zonas del país. Por ejemplo, las interrupciones del suministro eléctrico afectan mayormente a las regiones del extremo norte y a la zona centro sur, mientras que las regiones que presentan mayor cantidad de hogares sin acceso a electricidad se concentran desde la Región de La Araucanía hasta Magallanes.

Alcances

Según establece la RedPE, un hogar se encuentra en pobreza energética cuando no cuenta con acceso equitativo a servicios energéticos de calidad que le permitan cubrir sus necesidades fundamentales y básicas, las cuales son cruciales para el desarrollo personal, social y económico de las personas.

“Como Generadoras de Chile estamos convencidos que el acceso a una energía limpia debe orientar la transición energética. Para esto, es necesario articular adecuadamente no sólo los objetivos de política pública de descarbonización y descontaminación atmosférica, sino también la de reducción de la vulnerabilidad y pobreza energética, con una visión de largo plazo y metas definidas, y donde la electricidad juega un rol central cada vez más importante”, dijo Claudio Seebach, presidente ejecutivo de Generadoras de Chile.

«La colaboración entre la Red de Pobreza Energética y Generadoras de Chile ha sido muy enriquecedora; llevamos años trabajando en conjunto y nos ha permitido comprender mejor los esfuerzos que se hacen desde el sector y las diferentes dimensiones involucradas en el desafío de reducir la pobreza energética. Para quienes, desde la academia somos un poco reacias a trabajar con privados, esta experiencia nos ha enseñado que no solo es posible, sino que es fundamental y debemos continuar realizando este tipo de colaboraciones», añadió Anahí Urquiza, coordinadora de la Red de Pobreza Energética y académica de la Universidad de Chile.

Para avanzar en el abordaje de este desafío, el reporte destacó también la necesidad de tener normativas y regulaciones que permitan mejorar la eficiencia energética de viviendas existentes. También se debe fortalecer el desarrollo energético local y favorecer la apropiación de las iniciativas por parte de las comunidades.

Por último, concluyó que es necesario realizar modificaciones a la implementación de programas para tener mayor velocidad en la efectividad de los objetivos. Encontrar mecanismos de financiamiento, fomentar la participación de pequeñas y medianas empresas, mejorar la educación e información a las personas y aumentar la capacidad de decisión de gestores locales.