El proceso de una completa descarbonización de la matriz eléctrica debe ser llevado a cabo mediante la implementación oportuna de un conjunto de políticas públicas que permitan conciliar la urgencia climática con la provisión de energía de manera segura, económica y sustentable. Cualquier tropiezo en ese camino, podría traducirse tanto en un aumento de las emisiones como de los costos de la energía.

Este es el escenario descrito por la Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenamiento (Acera A.G.), donde se dieron a conocer los resultados finales del estudio «Ruta de Referencia para Alcanzar Cero Emisiones en el Sector de Generación de Energía Eléctrica en Chile», encargado por el gremio a la consultora SPEC, en colaboración con el Instituto de Sistemas Complejos de Ingeniería (ISCI) de la Universidad de Chile, y la Universidad Técnica Federico Santa María.

Los principales aspectos del trabajo fueron abordados en un webinar, que contó con la apertura introductoria de la futura directora ejecutiva de Acera, Ana Lía Rojas, quien sostuvo una interesante conversación con Carolina Urmeneta, jefa de la Oficina de Cambio Climático del Ministerio del Medio Ambiente, acerca de la importancia de los resultados del estudio y los objetivos de la estrategia de carbono neutralidad.

«La crisis climática es el gran problema que define nuestra era. Por tanto, la pregunta que debemos hacernos hoy transversalmente ya no es si logramos llegar a un 100% libre de emisiones, sino que el debate ahora es qué, cuánto, cuándo y cómo. Hay un gran sentido de urgencia para cumplir con los compromisos acordados, no sólo a nivel global sino también nacional», planteó Ana Lía Rojas.

Según Carolina Urmeneta, «tenemos un déficit en nuestra ruta en la claridad en la evaluación respecto a la justicia de la meta, en el cómo hacemos esta transición justa, la justicia climática respecto a cómo hacemos esta meta y cómo se involucra y afecta de manera completa a la ciudadanía. Ahí tenemos un desafío que está detectado a nivel internacional, tenemos que reforzarlo en un trabajo conjunto, participativo e inclusivo».

Descarbonización

La investigación analizó distintos escenarios de cierre progresivo, primero de centrales a carbón y luego de centrales a gas y diésel, con el propósito de identificar aquellas condiciones que, en cada caso, se deben cumplir para llevar con éxito el proceso de transición energética. Los análisis demostraron que es posible retirar las centrales a carbón en una fecha en torno al 2030, y las centrales a gas y diésel en el periodo 2035-2040, siempre y cuando se realicen los cambios regulatorios y las inversiones adecuadas para alcanzar este objetivo.

«Es importante destacar que, en todos los análisis, además de la necesidad de desarrollo de una importante cantidad de nuevas centrales de generación renovables, también se requiere que dichas centrales cuenten, por ejemplo, con la tecnología y las habilitaciones normativas para que puedan participar del control rápido de frecuencia y tensión. Contar con estas capacidades implicaría importantes ahorros en infraestructura. Algunas de estas capacidades tecnológicas aún no están completamente disponibles en el mundo, por lo que es fundamental que nuestro país participe activamente en su desarrollo», subrayó Darío Morales, director de Estudios de Acera, quien presentó las principales conclusiones del informe.

Posteriormente, se abrió un espacio de conversación con un destacado panel compuesto por Cecilia Dastres, jefa de Contenidos, Metodología y Asociatividad de la División de Participación y Diálogo del Ministerio de Energía; Céline Assémat, Senior consultant de DNV y Consejera de Acera; Daniela González, socia directora de Domo Legal; Rosa Serrano, PHD Researcher Manchester University, y la moderación de Carlos Finat, firector ejecutivo de Acera.

«Hay un montón de desafíos interesantes de los que tenemos que hacernos cargo para que podamos lograr un sector cero emisiones, primero hay temas de contexto social y es importante que nos hagamos cargo, la energía renovable hoy día ya no es vista como algo tan novedoso, sino que tiene sus resquemores en distintos territorios. Otro gran tema es la falta de confianza generalizada que existe hoy día en la sociedad y, especialmente, hacia la actividad industrial. Lo último tiene que ver con el cambio climático, ya que ese discurso no siempre se alinea con el resto de la sociedad, en Chile hemos estado viviendo estos años todas las consecuencias del estallido social, si no somos capaces de alinear el discurso del cambio climático, de la transición energética, de cómo logramos una matriz energética cero emisiones, con las demandas ciudadanas que son de corto plazo, no vamos a ser capaces de lograr el desafío», resaltó Cecilia Dastres.

Por su parte, Daniela González enfatizó en su opinión cuáles son los principales desafíos para llevar este proceso de transición en forma exitosa: «Articular la conducción de liderazgos que se necesitan en el camino hacia la carbono neutralidad con el manejo y la gestión de las dificultades de corto plazo. Sabemos que hay varias decisiones que se tomaron en este sector, efectos de la pandemia y del estallido social, que se comenzaron a ver en el corto plazo, el agotamiento del fondo de estabilización, el término de la vigencia de la ley de servicios básicos, que probablemente va a afectar las tarifas, entonces es difícil que por un lado estés llamando a incentivar la inversión si para manejar la problemática de corto plazo se toman medidas que son inconsistentes con esa voluntad. Lo principal es generar una consistencia en las medidas que se adopten para gestionar las medidas de corto plazo con el camino difícil e intenso que se debe hacer para la carbono neutralidad».

«Yo veo con preocupación como Chile se va quedando atrás con muchos cambios que son absolutamente necesarios de impulsar para todos los desafíos que requiere la transición energética», reflexionó por su lado Rosa Serrano.

«Ningún cambio tecnológico o administrativo es posible sin mirar hacia la comunidad, un ejemplo de esto fue el cambio a los medidores inteligentes, por tanto, el rol del usuario es fundamental en poder implementar nuevas tecnologías y en todos los desafíos que se nos vienen», agregó.

«La institucionalidad debiera ser más líder en esta transición energética, estar a la vanguardia y proponer soluciones, acompañar a las empresas y no ser un freno en algunos aspectos de la transición. Pienso por ejemplo en los servicios complementarios, donde sabemos que las renovables pueden prestar muchos servicios complementarios y de frecuencia, pero a la fecha no lo están haciendo porque el coordinador no lo está considerando. Otro punto es el impuesto verde, que se ve en el estudio, actualmente no es rentable, no es óptimo económicamente hacer la salida de las centrales a carbón porque no tenemos precio al carbón, vemos que si damos precio a este carbono va a ser mucho más lógico esta transición y da también más incentivos a las centrales renovables para implementarse y a las centrales fósiles para salir», complementó Céline Assémat.