El uso del litio para baterías en vehículos eléctricos es el más destacado, con un consumo de 142.850 toneladas de LCE, según indicó Jorge Cantallopts, director de Estudios y Políticas Públicas de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), en el marco del Congreso Expomin 2021.

El ejecutivo analizó el escenario económico global y sus efectos en el mercado de estos minerales, precisando que en 2021 los precios del litio se han incrementado debido a mayor demanda mundial de automóviles eléctricos y mejores proyecciones para la industria, a lo que se suma el hecho que el gobierno del Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, está impulsando fuertemente la industria de automóviles eléctricos con una propuesta para que el 50% de los vehículos nuevos sean eléctricos a 2030.

En esa línea, indicó que la demanda total de litio registró 335.700 toneladas de LCE en 2020, siendo su utilización para baterías el más importante, representando 215.650 toneladas (64,2%).

De acuerdo con Cantallopts, la industria automotriz, especialmente la europea y la de Estados Unidos, anticipa riesgo de abastecimiento, asociados a concentración de mercado y suministro responsable, ante lo cual la estrategia apunta a integración vertical, con énfasis en el desarrollo local. Por otra parte, Japón hace años que no apuesta por el litio, mientras que China y Corea del Sur mantienen estrategia de abastecimiento, indicó.

 

Demanda

Jorge Cantallopts indicó que el crecimiento esperado de la demanda de litio depende fuertemente del crecimiento de la electromovilidad, esperándose que hacia 2030 el segmento de baterías para vehículos eléctricos represente el 79% del consumo de litio.

Además, comentó que si bien actualmente el carbonato es demandado con mayor intensidad, se espera que a futuro sea el hidróxido el principal motor de la demanda. Esto se explica mayormente por una inclinación creciente por baterías del tipo NCM, variedad en la cual se espera que el hidróxido sea crecientemente empleado.

Junto con ello, proyectó que para 2021 y 2022 se esperan pequeños déficit en el balance oferta-demanda (bajo el supuesto de que la actividad económica comienza su recuperación).

Entre 2023 y 2027 se espera que exista un superávit a medida que se integran en operación nuevos proyectos y expansiones. Finalmente, hacia fines de la década se entraría en un creciente déficit, lo que induciría el alza en los precios y/o el aceleramiento de nuevos proyectos