(El Mercurio) Esta semana cumplió un mes a cargo del Ministerio de Minería, en calidad de biministro, y ya parece estar muy familiarizado de la situación, las cifras y los desafíos más urgentes de este sector. El aterrizaje de Juan Carlos Jobet en esta cartera no fue fácil. A los pocos días de asumir, dos mineros quedaron atrapados por un derrumbe en una mina de Tierra Amarilla, quienes afortunadamente pudieron ser rescatados a las pocas horas. También debió incorporarse a la avanzada tramitación del proyecto de ley que regula las actividades productivas en torno a glaciares, una de las iniciativas más controvertidas para esta industria, y que la tiene en alerta, debido al impacto productivo que tendría y que Cochilco ha estimado en torno al 30% de menor producción de cobre al 2031.

En este breve periodo, el también titular de Energía pudo efectuar un diagnóstico acerca de las metas que aparecen en el horizonte de la industria minera. «Hay que acercar la minería a las personas, proyectar una minería del siglo XXI, que sea competitiva en los mercados internacionales, amigable con el medio ambiente y las comunidades locales, y que haga más tangibles los beneficios que genera para el país», explica.

Jobet no descuida su otro flanco, la energía, ya que asegura que precisamente estos dos actores son los llamados a liderar la nueva economía que surgirá a partir de las experiencias y «profundos cambios en la forma de hacer las cosas» derivados de la pandemia y la crisis económica que esta provocó, y donde los esfuerzos por reducir las emisiones y mitigar los efectos del cambio climático estarán al centro de este nuevo modelo, dice. Sin embargo advierte que para que Chile pueda aprovechar todas esas oportunidades, tiene que darse el tiempo para «dibujar en conjunto la estrategia de desarrollo económico que queremos seguir hacia delante».

En medio de la expectación ante un nuevo cambio de gabinete, debido a la eventual salida del titular de Hacienda, Ignacio Briones, para embarcarse en la carrera presidencial, Jobet asegura que en un ambiente tan cambiante cómo el actual es bueno que los gobiernos tengan flexibilidad para ajustarse. «La rigidez es el peor camino», dice y aunque reconoce que el rol de Briones ha sido clave para enfrentar la crisis, también asegura que los ministerios son mucho más que los ministros y hay equipos que darán la continuidad a esas gestiones. «Hay que desdramatizar estos cambios porque son naturales», plantea.

¿Cómo ha sido este primer mes como biministro?

«Ha sido intenso. Durante este mes he visto, con aún más claridad, que este 2021 comenzó a forjarse una nueva economía del siglo XXI. La pandemia y la crisis económica que esta generó están provocando cambios muy profundos que van a abrir un ciclo nuevo y ahí Chile va a tener desafíos muy grandes, pero al mismo tiempo podrá aprovechar enormes oportunidades, donde los sectores de energía y minería jugarán roles clave. Sin embargo, para lograrlo, tenemos que darnos el tiempo de definir juntos cuál queremos que sea nuestra identidad productiva en ese economía del siglo XXI que estará marcada por el interés de reducir las emisiones por la vía de la electrificación de todos los consumos y en particular de la electromovilidad que es donde Chile tiene enormes oportunidades, porque eso requiere más cobre, litio y energías renovables».

¿Cuál es su diagnóstico acerca de la condición de la minería para avanzar en estos aspectos que menciona?

«Mi impresión es que en el corto plazo la minería logró capear muy bien la pandemia, apalancándose en la cultura de cuidado, seguridad y respeto de los protocolos. Más allá de esta resiliencia, el desafío es cómo la minería se protyecta para atender y aprovechar la oportunidad de crecimiento de la demanda que viene y para eso tiene que ser más competitiva, por la vía de incorporar más tecnología e insumos más baratos, y mejorar la productividad de sus trabajadores. Esa agenda es muy importante y la minería la tiene muy incorporada al igual que los temas de sustentabilidad.

Donde veo que hay un especio de mejora es en que las empresas tienden a trabajar muy separadas, pese a que tienen la oportunidad de construir una agenda de futuro que sea más fácil de percibir por la ciudadanía y es importante que cuando se va a enfrentar a un proceso de discusión constitucional, una industria que tiene tanto peso en la economía nacional comparta con el país esa visión de desarrollo a futuro y que la minería sea más una fuente de orgullo para Chile».

¿Qué rol le asigna al Ministerio de Minería en esa transformación?

«Creo que estas industrias son muy complementarias y por eso hay muchas sinergias entre los dos ministerios; por ejemplo, en el apoyo al trabajo de las empresas con las comunidades aledañas a los proyectos o para destrabar trámites burocráticos que los afectan, y estamos buscando maneras de aprovechar esos puntos en común».

Más que un biministro, que pasa de una cartera a la otra, se ve una intención de fusionar carteras. ¿A futuro eso sería lo más conveniente?

«Yo no tengo dos sombreros, no es que me ponga el de minería en la mañana y me lo cambie por el de energía en la tarde. Soy el ministro de Energía y Minería porque la relación entre los dos ministerios y muy estrecha. Si conviene tener un único ministerio para los dos sectores es una pregunta que dentro de algunos meses estaré en mejores condiciones de responder, aunque es una idea que no es primera vez que la escucho y hay varios países que lo tienen y con un ministerio más robusto ambas industrias van a tener una contraparte mejor, pero ahora es una discusión prematura».

Está a cargo de los sectores que lideran la inversión en el país. ¿Cuál es el encargo que le hizo el Presidente?

«Minería y Energía suman alrededor del 50% de la inversión proyectada y una de las prioridades que el Presidente Piñera me fijó fue asegurarnos no solo de que ambos sectores puedan seguir funcionando, porque son esenciales, sino que también puedan seguir desarrollando sus proyectos de inversión, que en estos sectores son de muy largo plazo. Una parte de esta tarea es táctica, de ayudar a que las operaciones cumplan todas las normas sanitarias para que cuenten con los permisos para seguir operando, y por otro lado, destrabar los nudos burocráticos, y velar por la estabilidad de las reglas del juego y las señales de largo plazo; y hasta ahora en minería y energía esto último sigue siendo positivo, y el número creciente de proyectos que ingresan a evaluación ambiental en ambos sectores y las importantes transacciones que hemos visto en el último tiempo lo demuestran y dan cuenta de la confianza de los inversionistas en el país, pero en el Congreso hay parlamentarios que, quizás con buenas intenciones, impulsan proyectos simplistas y con poco sustento técnico, que se busca tramitar a la carrera y que en vez de ayudar a proyectar a estas industrias, pueden terminar generando un daño».

¿Qué le preocupa más a los inversionistas, este frenesí legislativo o el proceso constitucional?

«En mis conversaciones con inversionistas, que no son pocas, diría que más que el proceso constitucional, lo que les preocupa a los inversionistas son estos proyectos que se busca tramitar a la carrera en el Congreso. Esa es la verdad, porque el proceso constitucional fue una muestra de que el sistema político chileno fue capaz de encauzar institucionalmente una crisis muy severa y un conjunto de normas que le dan certeza a los inversionistas, como los dos tercios, el respeto de los tratados internacionales vigentes o que los dictámenes del Poder Judicial que están ejecutoriados tampoco se revisan y, acuérdese que las concesiones mineras están otorgadas por esa vía.

Hay temas que en el marco de la Convención Constitucional desde luego que se van a discutir, como el régimen de concesiones, los derechos de agua, pero en un marco de reglas que es razonable y, por eso, ese proceso asusta menos que estos proyectos simplistas que se están presentando en el Congreso.

El repunte en el precio del cobre ha alentado proyecciones que hablan del inicio de un superciclo, ¿comparte esas estimaciones?

«Es difícil saber a estas alturas si estamos o no ante un superciclo de precios; se necesita que pase mucho más tiempo y por eso hay que ser cauto a la hora de hablar de superciclo. Desde luego estamos con un nivel de precios del cobre muy atractivo, que no se veía desde 2013 y la mayoría de los informes coinciden en que debería durar un tiempo, porque a medida que se avance con los planes de vacunación masiva, habrá un efecto positivo sobre la economía y los paquetes de estímulo fiscal van a ser importantes, porque muchos de ellos comprenden infraestructura y eso impulsará la demanda, al igual que lo que se proyecta para el dólar. Los fundamentos hacen pensar que el ciclo debiera ser al alza, pero los mercados son volátiles y es imposible saber exactamente cuál será la tendencia.

Las empresas saben que invertir en proyectos que no serán rentables, cuando el ciclo se revierta, es un desafío muy grande si se combina con las condiciones estructurales más complejas de los yacimientos y el proceso de transformaciones que deben realizar, y por eso creo que esta vez serán más cautas de lo que fueron en ciclos anteriores de precios altos.