La Agencia Internacional de Energía (AIE) señaló que la demanda mundial de carbón bajará 5% este año, respecto a 2019, siendo la mayor caída registrada desde la Segunda Guerra Mundial, lo que será más pronunciado en la generación eléctrica, por sobre las aplicaciones industriales.

“Las medidas para ralentizar la transmisión de Covid-19, especialmente en la primera mitad de 2020, dieron como resultado una caída inusual en la demanda de electricidad. Esto a su vez afectó significativamente el uso de carbón para la generación de energía, una tendencia que se vio agravada por los bajos precios del gas natural”, señala el informe Carbón 2020, elaborado por el organismo internacional.

Futuro

Según la AIE, se estima que el consumo mundial de carbón se redujo 7%, equivalente más de 500 millones de toneladas, entre 2018 y 2020. “Una disminución de este tamaño durante un período de dos años no tiene precedentes en los registros de la IEA, que se remontan a 1971”.

Eso sí, se prevé que la demanda se estabilice en torno a 7,4 mil millones de toneladas para 2025, lo que sería liderado por los consumos en China, India y el Sudeste asiático. “En China, la demanda de carbón está llegando a una meseta, aunque nuestro pronóstico para 2025 deberá revisarse luego de la publicación del 14º Plan Quinquenal del gobierno chino. La promesa de China de alcanzar la neutralidad de carbono antes de 2060 requiere una hoja de ruta a largo plazo para permitir la transición sin problemas de una economía que consume 4 mil millones de toneladas de carbón cada año”.

Y se añade: “En Estados Unidos, a pesar de la relajación de las presiones competitivas como resultado de los precios más altos del gas natural y el repunte esperado de la demanda de carbón en 2021, las perspectivas del carbón no mejoran en el mediano plazo. Algunas de las grandes empresas mineras estadounidenses se están alejando cada vez más del carbón térmico, que se utiliza principalmente para la generación de energía, y se están centrando en el carbón metalúrgico, que se utiliza principalmente en la producción de hierro y acero. Los pocos países productores de carbón que quedan en Europa se están preparando en gran medida para cierres ordenados a fin de minimizar los impactos sociales en las comunidades que dependen en gran medida de la industria”.