El suministro de gas natural en el país no se ha visto afectado por la actual pandemia del Covid-19, asegura a ELECTRICIDAD Carlos Córtes, director ejecutivo de la Asociación de Gas Natural, quien destaca las medidas tomada por la industria para enfrentar la contingencia, la cual -una vez disipada- plantea varias oportunidades para este combustible dentro de la matriz energética local.

Y es que, según el ejecutivo, el sector está en buen pie para entregar energía limpia a nivel residencial, comercial e industrial, en el marco de la descarbonización en que se encuentra el país.

También Cortés aborda la situación de los intercambios con Argentina, señalando que la disponibilidad del recurso desde el exterior también está asegurada.

Impactos

¿Cuál es el impacto que ha tenido la industria del gas en Chile a causa de la actual crisis sanitaria en términos de disponibilidad y demanda, tanto a nivel residencial como industrial?

El suministro de gas natural en el país no se ha visto afectado por la crisis sanitaria, gracias a las medidas preventivas que adoptaron desde el primer momento las empresas que participan en dicha cadena; ya sean de aprovisionamiento, transporte y distribución.

El abastecimiento de gas natural es seguro y muy diverso en términos de sus fuentes y, además, contamos con la infraestructura necesaria para poder recibirlo y procesarlo. Ese es un valor muy relevante de este recurso, además de sus ventajas medioambientales en relación a otros energéticos como el carbón, el diésel y la leña. Naturalmente, se han extremado los controles sanitarios en toda la cadena de suministro, lo que incluye la operación de los terminales de GNL, la logística de gasoductos y las cadenas de las empresas de distribución.

En cuanto a la demanda de gas natural, hemos visto una disminución, especialmente en el sector comercial, en la cual la pandemia sí está jugando un factor. Estamos entrando en un escenario recesivo en las principales economías del mundo y por supuesto que eso incide en el panorama energético global y sus niveles de demanda.

¿Qué perspectivas a futuro ve para el gas en un escenario post covid-19?

El gas natural es la opción limpia y disponible hoy para reemplazar las energías más contaminantes. A nivel internacional el gas natural es reconocido como uno de los recursos energéticos más amigables con el medio ambiente; de hecho las emisiones de CO2 en centrales eléctricas que operan con GN son un 50% y 60% menores que las que ocupan carbón. Por otro lado, si analizamos las energías variables (fotovoltaica, eólica, etc), precisamente por ser variables, necesitan una energía de base como el gas, que es altamente confiable, genera muchas menos emisiones que el carbón, el diésel y la leña.

Adicionalmente, el gas natural abre una gran oportunidad para disminuir los índices de contaminación atmosférica que afectan a gran parte de las ciudades, de Santiago al sur, y el país cuenta con un suministro confiable de GNL que proporciona la seguridad que necesita el sistema y una infraestructura que permitiría aumentar los niveles actuales de consumo de gas natural. Si queremos aportar al desafío de la descarbonización del país, debemos avanzar hacia la construcción de una matriz de generación de energía de bajas emisiones: en base al gas natural.

Argentina

Argentina ha reducido el envío de gas a Chile por olas de frío, ¿Creen que esto podría seguir continuando?

En primer lugar es necesario tener en cuenta que el gas argentino es un complemento al suministro seguro y abundante que tenemos desde distintas fuentes de abastecimiento a nivel mundial, y que llegan a Chile en nuestros terminales de GNL, los cuales son una pieza importante de una infraestructura robusta y valiosa para el país. Luego, efectivamente hemos visto una disminución en los envíos en las últimas semanas, pero eso es algo que tenemos previsto como industria. El marco de relación actual con Argentina considera una reducción en los envíos durante las estaciones frías, debido a que en ellas el suministro interno en el país vecino se torna estrecho, debido al fuerte incremento en la demanda domiciliaria doméstica.

¿Cree que haya más incertidumbre en los intercambios de gas por el nuevo gobierno en Argentina, lo cual podría repetir la historia ocurrida hace una década?

La historia no puede repetirse, porque hoy contamos con una robusta infraestructura para el abastecimiento internacional, a través de nuestros terminales de GNL. Hoy, y así lo hemos dicho siempre, el gas argentino es un complemento, pero la disponibilidad del recurso para Chile está asegurada en función del abastecimiento desde muchos otros países de origen. En un ejemplo de acción público-privada, el Estado de Chile y la industria del gas hicieron su trabajo y desarrollaron la infraestructura necesaria para que nuestro país tengo hoy acceso expedito a un recurso abundante y estratégico.

Distribución

¿Cómo se inserta el gas de distribución en comparación al uso de otras tecnologías de calefacción como la biomasa?

El gas natural aporta una energía segura, eficiente y económica a los hogares. Es un recurso que entrega seguridad de suministro y fiabilidad de funcionamiento, además de menores emisiones en relación a combustibles como la leña.

Esto es muy importante si consideramos las ciudades del sur de Chile, muchas de ellas declaradas como zonas de saturación debido en gran parte a las emisiones de la leña. Creemos que el gas tiene mucho espacio para contribuir a la descontaminación de esas ciudades, sobre todo en aquellas que ya cuentan con redes de distribución de gas.

En el plano domiciliario, y particularmente en el ámbito de calefacción, el gas natural cuenta con tres atributos fundamentales: primero, es una tecnología fiable y probada; segundo, en términos de precios es una opción altamente competitiva; y por último, es una gran contribución a la reducción de emisiones en las ciudades, además de no generar contaminación intradomiciliaria.

¿Cree que sea necesario actualizar la regulación del gas con el nuevo escenario que se está dando?

La Ley de Gas fue objeto recientemente de un completo análisis y de una larga discusión en el poder legislativo , encontrándose aún en fase de implementación, con algunos de sus reglamentos complementarios por dictarse. Por ello, no creemos oportuno abrir una nueva discusión respecto a aquellos temas que ya fueron zanjados con las recientes modificaciones.

Sin embargo, hay avances regulatorios que pueden hacerse para que Chile pueda capturar las ventajas del gas natural y capitalizar su condición de recurso estratégico para avanzar de forma consistente y segura hacia las metas de reducción de emisiones de GEI. Estudios indican que el uso del gas natural permitiría reducir las emisiones totales de CO2 del país en 12 millones de toneladas hacia 2030. Esta cifra representa un 82% de la reducción comprometida por el Gobierno y un 27% del aporte neto de CO2 que se observó en el año 2016. Avanzar en esta línea requiere de una modernización del impuesto verde (incorporando el costo variable en la decisión del despacho), y una señal de precio al alza de la tonelada de CO2 emitida.

En materia de transporte, la actual estructura de los Impuestos que se aplican al parque vehicular, con el Impuesto Específico a los Combustibles (IEC) representa una barrera para un desarrollo del gas natural en este mercado. En efecto, el diésel paga un IEC de $2,32 por Mega Joule, mientras que el GNC tributa $2,98 por Mega Joule. Esto quiere decir que hay una diferencia impositiva de 38% que favorece al combustible más contaminante. En el caso de los vehículos para el transporte de carga, el diésel tiene un beneficio tributario consistente en la recuperación de hasta el 80% del impuesto pagado. Esto deja en evidencia un claro sesgo en la legislación que favorece el uso del diésel como combustible en desmedro de alternativas menos contaminantes. Este sesgo es totalmente inconsistente con las metas del Gobierno de Chile en materia de reducción de emisiones GEI.

Como Asociación, proponemos modificar el IEC de acuerdo a GEI generados por tipo de combustible, en donde al menos se garantice la equidad tributaria entre los combustibles en términos energéticos, de modo tal que el GNC pueda competir con el diésel, como ocurre en la mayoría de los países desarrollados.
En el sector residencial es más relevante que nunca promover el uso de alternativas más limpias, especialmente el gas natural en aquellas ciudades del centro-sur del país que hoy cuentan con redes de distribución. Una política en esta dirección reduce emisiones, evita deforestación, contribuye a un menor tráfico de camiones y una baja en gastos en salud de la población.

¿Cuáles son los principales desafíos que tiene el gas en el país?

Nuestro principal desafío es lograr que el país comprenda el rol estratégico del gas natural como motor de un desarrollo sostenible, alineado con los desafíos tanto de crecimiento económico como de reducción de emisiones. Nos preocupa que Chile pueda desaprovechar las ventajas de un recurso abundante, eficiente y seguro.

El gas natural debe ser considerado como una pieza clave en una matriz energética que va evolucionando aceleradamente en reducción de emisiones. Es el compañero ideal de las energías renovables no convencionales que, por su naturaleza variable, no garantizan la seguridad de suministro continuo, como sí lo hace el gas natural.

En desafíos más específicos, creemos que a nivel de transporte público en Chile no se ha dado el espacio suficiente para el desarrollo de flotas energizadas con gas natural, como sí ocurre en otros países. Cambiar desde un motor a diésel a uno a gas natural no sólo reduce las emisiones de CO2 en torno a 20%, sino que además genera reducciones de NOX y de material particulado. Un bus que opera con un motor a base de gas natural comprimido (GNC) emite un 90% menos de NOX y un 80% menos de MP que el bus a diésel más eficiente del mercado (Euro VI). Existe mucha experiencia internacional: en California con 2.250 buses que operan a partir de GNC, Delhi con 4.700 buses, y en Madrid con 1.395 buses a GNC, por mencionar sólo algunos ejemplos.

En el transporte de carga, los camiones operados a gas aún son una tecnología incipiente en un mercado mundial dominado por vehículos a diésel y gasolina, pero ya se asoman como una alternativa a los camiones a diésel, especialmente en Estados Unidos y Europa. El uso del gas en el transporte de carga no sólo tiene ventajas medioambientales, sino que reduce las pérdidas por robo de combustible.