(El Mercurio) Cuando los precios del petróleo llegaron a un máximo nivel a fines de la década de 1970, el entonces Presidente Jimmy Carter, instaló paneles solares en el techo de la Casa Blanca. Históricamente, el crudo caro había fomentado los experimentos para desarrollar fuentes de energía alternativas y la caída en los precios había invertido la tendencia. Pero los tiempos han cambiado y es poco probable que los precios ultrabajos retarden el despliegue de energías renovables.

Lo que importa más actualmente puede ser la regulación. Hasta qué punto los gobiernos incorporarán prioridades medioambientales en los planes de recuperación post covid-19 es una pregunta clave que enfrentan los inversionistas de mentalidad ecológica ahora.

El petróleo y las energías renovables no son sustitutos directos. El primero se utiliza principalmente para el transporte y calefacción mientras que las segundas producen electricidad. Pero hay áreas que se cruzan. Los autos pueden tener baterías o motores de combustión; la calefacción puede ser eléctrica o con diésel; y las plantas de electricidad pueden funcionar con energía eólica, solar, carbón o gas natural, el que es a menudo un subproducto de la producción petrolera.

Los usuarios tienen una elección por delante, pero una vez que compren una tecnología, el combustible queda bloqueado. Eso hace que las expectativas de precios futuros sean más influyentes que los tipos de cambio al contado. Las turbinas de viento y paneles solares fueron alguna vez caros y experimentales, pero gracias en parte a los subsidios e incentivos del Estado, sus costos ahora son comparables con los combustibles fósiles, y se espera que sigan cayendo.

Para los productores de petróleo la relación es más directa: los precios altos generan efectivo para para proyectos preferidos. Las principales empresas petroleras europeas, como Royal Dutch Shell y Total, invirtieron hace poco miles de millones de dólares en proyectos de energía alternativa para ver cómo podían ganar dinero en el mundo de emisiones de carbono más bajas previsto por los acuerdos de París. Ese financiamiento está ahora en riesgo, pero afortunadamente para el sector en general, las grandes compañías de petróleo representan solo una fracción de la inversión global.

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