(El Mercurio) La crisis sanitaria y económica ha impuesto la necesidad de tener una vertiginosa capacidad de respuesta productiva, dado que los acontecimientos se están sucediendo con abrupta velocidad.

Algo de eso le pasa al gerente general de la Empresa Nacional del Petróleo (Enap), Andrés Roccatagliata, cuando explica el momento en que la firma decidió comprar un stock de seguridad de combustibles que sirviera ante cualquier imprevisto interno o externo que amenazara el suministro local.

“La decisión se tomó a fines de febrero o inicios de marzo, cuando vimos que podíamos tener el riesgo de que una refinería tuviera por alguna razón que detener la operación y provocar escasez de productos refinados, en algún momento en que pudiera ser complicado comprar en el mundo y traerlos al país”, dice. Precisa que en ese momento que era prioritario que el combustible no faltara en el país.

La operación -innecesaria y riesgosa para algunos y para Roccatagliata fruto “del deber ser” de Enap- consistió en la comprar de 240 mil litro cúbicos, divididos entre diésel y gasolinas, casi en partes iguales. Este volumen representa las ventas de Enap durante 14 días en condiciones normales.

La posibilidad de un brote de coronavirus en algunas de las refinerías o en los terminales portuarios, que obligara a reducir o para la operación, y el no poder conseguir productos refinados en el exterior sustentaron esta compra.

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