(La Tercera-Pulso) La energía eólica es uno de los tipos de recursos energéticos limpios más desarrollados en el mundo y con mayor potencial. En las últimas décadas, el enfoque se ha centrado principalmente en turbinas eólicas terrestres. China es el líder mundial en capacidad instalada de energía generada por el viento y cuenta con el parque eólico terrestre más grande del planeta en la provincia de Gansu.

Le sigue EE.UU que posee seis de los diez parques terrestres más extensos, incluyendo el Centro de Energía Eólica en California y luego se posiciona Alemania, que tiene la capacidad eólica instalada más alta de Europa.

Por su parte, Chile ha incentivado fuertemente el desarrollo de este tipo de energía. La meta del Gobierno es que al año 2030, el 60% de la matriz sea en base a energías renovables y al 2050 ya alcance el 70%. “El proceso de descarbonización, con el que nos hemos comprometido, nos ayudará a alcanzar este objetivo, ya que en el mediano plazo debiéramos tener una matriz más sustentable”, explica el Ministro de Energía, Juan Carlos Jobet.

Los 31 parques eólicos terrestres que hay en nuestro país alcanzan los 2.146 MW (Mega Watt) instalados y las tres regiones con mayor potencia son Antofagasta, Atacama y Tarapacá. Además la energía eólica representó el 6% de la matriz energética de Chile en 2019.

“Para desarrollar turbinas eólicas en el mar los países deben cumplir con una de dos condiciones: tener mares poco profundos, de no más de 15 metros, o construirse en bancos de arena como los que hay en Brasil. Y la otra, se da en países con mucha reducción de espacio, por lo que hay que hacer proyectos en la costa, porque no hay otra opción”, explica José Ignacio Escobar, presidente de la Asociación Chilena de Energías Renovables, ACERA.

No obstante, dice el ejecutivo, “la tecnología offshore es carísima, porque se deben hacer fundaciones en el océano. Para aplicarla en Chile tendrían que construirse fundaciones muy profundas debido a la abrupta pendiente de la costa chilena (…) este tipo de tecnología aún no ha podido llegar a costo”.

La apuesta brasileña

El despliegue de turbinas eólicas en el océano es de dos tipos: fijo (offshore wind) o flotante (floating offshore wind). Las turbinas fijas van con un pilote perforado en el fondo marino, y se instalan más cerca de la costa (a menor profundidad), mientras que las flotantes pueden desplegarse en mar abierto (y no obstaculizan el horizonte de visibilidad).

El 84% de las instalaciones de eólica marina se encuentran países europeos, liderados por Reino Unido, Alemania, Países Bajos, Dinamarca, Bélgica y Suecia. El 16% restante se encuentra principalmente en China, seguido de Vietnam, Japón, Corea del Sur, Estados Unidos y Taiwán.

En resumen, las turbinas flotantes en alta mar han estado lejos de ser protagonistas en Latinoamérica. Sin embargo, un grupo de investigadores en Brasil, gracias al financiamiento de la Oficina Global de Investigación Científica de la Armada de los Estados Unidos (ONR Global), están buscando formas de aumentar la capacidad de generación de energía eólica del país sudamericano.

Para ello están trabajando en nuevos diseños de turbinas eólicas flotantes en alta mar que podrían aplicarse a futuros proyectos que pudieran desarrollarse en la costa noreste de Brasil, con el objetivo de abastecer, como fuente de energía limpia, a la flota de la marina estadounidense.

Paul Sundaram, Director Científico de ONR Global en Sao Paulo, explica en un comunicado que “el objetivo es comprender cómo diseñar y administrar estructuras complejas en el dinamismo del océano. Esto es muy importante para la marina de los EE. UU., diseñar y construir sistemas resistentes en el océano”.

Por su parte, Alexandre Nicolaos Simos, líder del proyecto y profesor asociado del Departamento de Ingeniería Naval y Oceánica de la Escuela Politécnica de la Universidad de São Paulo, en conversación con Tiempo de Actuar, afirma que “creemos que esta es una alternativa prometedora para la energía eólica en Brasil en el futuro, y es importante que la academia comience a adquirir conocimientos sobre la tecnología mucho antes de que se convierta en realidad. Solo así puede contribuir eficazmente al diseño y la innovación cuando llegue el momento”.

Y agrega: “el desafío es la reducción de costos, ya que la instalación y mantenimiento de estos dispositivos en el mar es mucho más alta en comparación con las turbinas eólicas en tierra o cerca de la costa”.

En Brasil, la energía eólica está aumentando rápidamente y ya representa aproximadamente el 13% de la matriz energética, pero hasta el momento no se ha materializado ningún proyecto offshore y aún se están discutiendo las regulaciones para el mercado de energía eólica marina.

“Sin embargo, si los costos de las turbinas flotantes continúan disminuyendo, esta tecnología puede desempeñar un papel importante en el futuro. Brasil también tiene la ventaja de tener una gran infraestructura para las operaciones en alta mar, debido a la industria del petróleo y el gas, lo que ciertamente ayudaría a reducir los costos”, señala Alexandre Nicolaos Simos.

Futuro en Chile

La investigación en este campo a nivel global ha tenido desarrollos notables.

Por ejemplo, General Electric está desarrollando la turbina eólica flotante más grande del mundo, que entregaría 12 Mega Watt por unidad. Con una longitud de 107 metros, el aspa es más larga que un campo de fútbol y tiene aproximadamente 1,4 veces la longitud de un Boeing 747, uno de los aviones más grandes del mundo. Tres de las aspas forman el rotor Haliade-X, capaz de entregar electricidad a 16.000 hogares. Una vez terminado el prototipo, que se construirá en Rotterdam, Holanda, tendrá 260 metros de altura desde la base hasta las puntas y el rotor tendrá 220 metros de diámetro.

En Chile, por el contrario, la instalación de parques eólicos marinos no está en los planes del gremio. “Por ahora, este tipo de tecnología no se ve viable en un futuro cercano en Chile. Todos los parques eólicos proyectados serán en tierra. (…) Si pones a competir proyectos offshore sin ningún tipo de subsidio o apoyo con proyectos onshore (terrestres) o fotovoltaicos, es inviable”, señala el presidente de ACERA, José Ignacio Escobar.

En tanto, la coordinadora Técnica del Centro de Investigación e Innovación en Energía Marina (MERIC), Dernis Mediavilla, opina que la aplicación de la tecnología en el país requiere de mayores estudios.

“Hay varios puntos aún que investigar u mejorar con esta tecnología, como la corrosión marina, el biofouling, el anclaje y la respuesta de la estructura a las condiciones oceánicas (normales y extremas), la cadena logística, entre otros. Son temas en los que tenemos la expertise de trabajar activamente en soluciones tecnológicas, en conjunto con la industria”, dice.

Pero resalta: “aprovechando el impulso de esta incipiente industria billonaria, podemos desarrollar I+D (Innovación y Desarrollo) que a su vez puede transferirse de vuelta al despliegue de proyectos de energía undimotriz (generada a partir del oleaje) y de corrientes marinas, retroalimentando positivamente el ecosistema de tecnologías de extracción de energía en el mar”.

Asimismo, la experta visualiza una serie de aplicaciones que podrían tener potencial con la implementación de turbinas en alta mar para la generación de energía, como el abastecimiento de necesidades energéticas locales de islas o industrias, como la acuicultura offshore o la industria petrolera. E incluso, en un futuro, como punto de abastecimiento para buques de carga o transatlánticos que funcionen con electricidad.

Existen aerogeneradores con superficie flotante en el mar, no obstante actualmente sólo son un prototipo.

No obstante, el presidente de ACERA señala que mientras “exista superficie terrestre suficiente en Chile y no se logre encontrar una tecnología que sea lo suficientemente barata para parques offshore en superficies profundas, es difícil se desarrolle en nuestro país. Lo que sí se ha estado desarrollando en algunos países son fundaciones flotantes, es decir que el aerogenerador va flotando en la superficie del mar para no tener que enterrarlo. Pero por ahora está en fase de prototipo y no se sabe cuándo se podrá desplegar comercialmente”.