Varios son los avances y desafíos en materia de electromovilidad que advierte Erwin Plett, presidente de la Comisión de Energía del Colegio de Ingenieros de Chile A.G., especialmente en el ámbito cultural, donde señala la necesidad de que los hábitos de los chilenos se adapten a las nuevas tecnologías que trae consigo la movilidad eléctrica.

El especialista sostiene a ELECTRICIDAD la necesidad de que la ingeniería nacional enfrente el desarrollo de la infraestructura de carga de vehículos eléctricos, además de relacionar los servicios de la electromovilidad con los conceptos de la industria 4.0 y el Big Data.

¿Cuál es el análisis del Colegio acerca del actual desarrollo de la electromovilidad en Chile?

En la Comisión de Energía del Colegio de Ingenieros de Chile A.G. nos preocupamos tanto de la generación o importación de la energía en Chile, así como su transporte, logística y distribución, y con el enfoque de analizar su uso y/o su mal uso desde el punto de vista ingenieril. La meta es contribuir a cumplir con los ODS #7 (Objetivos de Desarrollo Sostenibles), concretamente que toda la población tenga «energía asequible y no contaminante», lo que incluye todos los tipos disponibles, que en menor escala es la electricidad (22%), y en su mayoría (78%) es la quema de combustibles. El transporte consume un tercio de toda la energía en Chile, basado técnicamente hace más de un siglo en la quema de derivados de petróleo importado. La idea central de la electromovilidad es electrificar esa parte relevante del consumo energético, con la salvedad que esa electricidad debe provenir de fuentes renovables, para que todo este esfuerzo técnico-económico tenga sentido de sustentabilidad, y no sólo la disminución local de las emisiones. Estamos recién al comienzo de un interesante desarrollo tecnológico, especialmente en el transporte urbano.

¿Cuáles son las perspectivas a futuro que ven con esta tecnología en el país?
Chile es un país con un gran potencial de energías renovables así que tiene mucho sentido estratégico el utilizar esa energía renovable «made in Chile» para las necesidades de transporte, en vez de quemar combustibles fósiles importados en motores de combustión interna, que provocan los conocidos daños ambientales. Daños que los tiene que pagar finalmente toda la sociedad en su conjunto, mientras el operador de vehículos sólo paga sus costos directos de combustible. Esto es claramente una subvención social al uso de combustible fósiles. La electromovilidad como concepto tiene una serie de ventajas estratégicas, económicas y sociales, así que, si generamos un consenso público-privado, vemos excelentes perspectivas a futuro para esta tecnología, que de paso intensiva el uso del cobre y litio a nivel mundial.

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¿Cuáles son los desafíos que advierte en electromovilidad para Chile?

El mayor desafío de la electromovilidad es la mentalidad chilena, el corto placismo. Nos gustan las cosas baratas y no sabemos distinguir entre lo barato y lo económico. Para saber si algo es económico se debe hacer un análisis de ciclo de vida, es decir, calcular cuánto cuesta la inversión (precio) y cuánto cuesta la operación durante la vida útil del vehículo. Un vehículo eléctrico es todavía más caro que uno convencional de combustión interna, pero los costos de operación (energía, mantención, costos ambientales, etc.) son menores. Cambiar de tecnología es relativamente fácil comparado con el desafío de cambiar los hábitos de las personas.

¿Por qué sería más fácil?

Como ejemplo cabe mencionar que un vehículo eléctrico requiere de un largo tiempo de reabastecimiento de energía (cargar las baterías) que demora varias horas, tiempo que en la práctica para un vehículo privado está disponible, ya que está estacionado el 96% del tiempo. Un empalme eléctrico normal de un hogar tiene una potencia instalada de 4 kW, y con esa potencia habría que recargar una batería de 40 kWh demorándose 10 horas en cargarla. Si vamos hoy a una bencinera y llenamos el estanque en 3 minutos, la potencia con que se recarga el vehículo son el equivalente a 4.000 kW (mil veces el empalme eléctrico domiciliario). Para no cambiar estos hábitos de los conductores, y evitar el pánico de quedarse sin energía, se están desarrollando aceleradamente las tecnologías de los vehículos eléctricos en que la energía no se guarda en baterías, sino que en forma de hidrógeno, del que se genera la electricidad necesaria mediante celdas de combustible. Las emisiones son electricidad y agua pura. La velocidad de recarga de esos vehículos eléctricos es igual a la actual con combustibles fósiles. La electromovilidad tendrá por lo tanto dos fuentes complementarias de almacenamiento de energía, baterías para el uso local y temporal, e hidrógeno para los largos trayectos o la operación 24/7 en que no hay tiempos muertos para recargar.

¿Cree que la ingeniería chilena se está adaptando a esta nueva tecnología?

En Chile se están haciendo interesantes desarrollos para introducir esta tecnología al país, para lo cual se requiere de una nueva infraestructura eléctrica. En perspectiva histórica, cabe mencionar que con respecto a la movilidad actual, en Chile nunca se desarrolló tecnología para motores de combustión interna (somos compradores de tecnología), y la infraestructura de carreteras se pagó en gran proporción con recursos del estado, salvo las ahora socialmente cuestionadas autopistas concesionadas.

La ingeniería chilena sí está presente en los desafíos y oportunidades que se dan con la electromovilidad. Uno de esos desafíos es la infraestructura de recarga eléctrica necesaria, su disponibilidad para distintos tipos y potencias de cargadores, como describe el programa de aceleración de la electromovilidad liderado por la Agencia de Sostenibilidad Energética, y por otro lado, habrá una clara oportunidad de tener almacenamiento eléctrico distribuido. Esto permitiría entregar potencia eléctrica en horas de punta a la red, reduciendo las necesidades de invertir en potencia redundante. Todo el que tenga un vehículo eléctrico podría convertirse en un “prosumer”, un productor y consumidor de energía eléctrica en el transcurso del día. Eso sí que requeriría contar con medidores eléctricos inteligentes, y sabemos dónde está esa discusión política.

¿Cómo ve a la formación del capital humano en ingeniería respecto a la movilidad eléctrica?

Chile se destaca por su buena formación terciaria superior, que son los ingenieros provenientes de renombradas universidades. La infraestructura para la electromovilidad no presenta en sí desafíos que los actuales y futuros ingenieros no hayan demostrado dominar en muchos campos. Pero no se debe mirar la electromovilidad como una tecnología aislada, sino que está inmersa en la revolución industrial 4.0 que incluye conceptos como la transmisión y análisis de datos (Big Data), el manejo autónomo, el uso racional y la logística del transporte de pasajeros y de carga, sistemas y servicios integrados, etc. Allí se abren campos interesantes para los ingenieros del futuro. Pero más allá de los ingenieros, Chile requiere de técnicos capacitados en electromovilidad para atender las tareas de mantención y reparación necesarias, y también en todas las áreas conexas a la electromovilidad arriba mencionadas.

El futuro del país se decide en la formación del capital humano, y cómo no se puede adivinar qué necesidades trae el futuro por la rápida obsolescencia de las tecnologías, lo fundamental es la capacidad y el hábito de aprender algo nuevo todos los días.