(El Mercurio) El cambio climático se ha tomado la agenda en las últimas semanas, y a nadie ha dejado indiferente. Los de la sequía, que tiene a cuatro regiones con emergencia hídrica por la falta de lluvias, principalmente en la zona central del país, tiene preocupadas a las autoridades políticas y económicas.

«El cambio climático dejó de ser un asunto solo medioambiental, es también un problema financiero», advirtió el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, hace unas semanas en el lanzamiento de la coalición de ministros de Finanzas para la Acción Climática, en la cual actúa como líder junto a su par finlandés.

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El impacto económico del cambio climático a nivel global ha sido estudiado por la comunidad internacional. Según un estudio de la OCDE realizado en 2015, las pérdidas económicas por desastres cilmatológicos, meteorológicos e hídrológicos han aumentado desde US$20.000 millones en 1980 hasta los US$250.000 millones en la actualidad.

Un documento elaborado por la Cepal a comienzos de esta década proyecta que el alza de las temperaturas promedio y la reducción de las precipitaciones en nuestro país harán disminuir la disponibilidad de agua para la agricultura.