(El Mercurio) Pasada la medianoche aterrizó en Abu Dhabi, Emiratos Árabes, el Solar Impulse. El planeador completó así de forma exitosa la primera vuelta al mundo de un vehículo impulsado solo por baterías alimentadas con energía solar.

Se trata de un hito más para esta fuente energética natural que a nivel mundial resulta la tercera energía renovable de mayor desarrollo, después de la hidroeléctrica y la eólica. En Europa ya cubre el 3,5% de la demanda de electricidad promedio, e incluso puede llegar a 7% en los períodos de mayor producción.

A nivel nacional su producción también se ha multiplicado. Es así como a partir de 2010 se han desarrollado una serie de proyectos privados especialmente ligados con la minería. «Somos líderes en la región, con 1,3GW instalados. Es una enorme cantidad de energía, son miles de hectáreas, todas produciendo gracias a la energía del sol», destaca el ingeniero Peter Horn, CEO de la empresa Heliplast, especializada en la importación e instalación de paneles fotovoltaicos.

Pero Horn hace hincapié en lo que llama una «dificultad»: Producen solo cuando hay sol, pero sin él, su capacidad de generación es nula. Es decir, hay una enorme inyección de energía entre las 10 de la mañana y las 5 de la tarde, pero el resto del tiempo hay que depender de otras fuentes energéticas.

De ahí que algunos críticos han calificado a la energía solar como una fuente intermitente.

Esa calificación es inexacta, ya que la energía solar no se enciende o se apaga repentinamente, sino que su producción es completamente predecible, dice Rodrigo Palma, director del Centro de Investigación en Energía Solar (CERC Chile), que funciona en la Facultad de Ingeniería de la U. de Chile.

Pero no desconoce que debe existir un sistema que compense las horas en que las plantas estén inactivas. Y ya se están dando los primeros pasos en esa dirección. Menciona, por ejemplo, el proyecto Espejo de Tarapacá, en el que con el excedente de una planta de energía solar se bombeará agua del mar al desierto para generar un embalse. Y con esa misma agua se generará electricidad en las horas que la planta solar no esté operativa, destaca.

Otra alternativa mencionada es el almacenamiento de la energía solar en baterías o su conversión en hidrógeno.

«Hay muchas ideas que se busca posicionar, pero hay que demostrar su costo-efectividad», dice Palma, quien destaca que justamente desde el CERC la idea es pensar la manera de hacer frente a estos desafíos.

Una de sus apuestas es justamente desarrollar paneles fotovoltaicos de tipo local, para lo que cuentan con el apoyo de Corfo. «La idea no es copiar lo que existe, sino que sean eficientes para la realidad de Chile», cuenta.

Hoy la mayoría de los paneles en el mercado son de origen chino, cuya enorme producción ha incidido en un abaratamiento de los costos. No obstante, Horn teme que su vida útil no sea muy larga, ya que el plástico que encapsula a las celdas fotovoltaicas se podría degradar en apenas una década.

Además, el grueso de la enorme energía que se está produciendo en la zona norte todavía no está llegando al centro del país. La razón es que no hay una interconexión entre el sistema eléctrico del norte grande, donde están la mayoría de estas plantas, y el Sistema Interconectado Central, la columna vertebral del sistema eléctrico. Sí está llegando desde las plantas instaladas en el Norte Chico, aunque aquí el problema es otro: las líneas de transmisión son insuficientes para llevar toda la capacidad adicional generada.

Palma es optimista. Considera que una vez que esto sea subsanado, Chile podría no solo generar gran parte de su energía con el sol, sino exportar a otros países de la región.

[Pierde fuerza el auge de las grandes plantas fotovoltaicas]