(El Economista.es) Abengoa entregó ayer a KPMG, asesor de los bancos acreedores, y a Houlihan Lokey y Talbot Hughes McKillop (THM), representantes de los bonistas, el plan financiero que ha diseñado para evitar su concurso de acreedores.

La compañía, que aguarda a que los bonistas acuerden con la banca el crédito de 165 millones de euros que necesita para pagar las facturas y las nóminas en febrero y marzo, requiere ahora una inyección adicional de entre 650 y 700 millones para poder mantener la actividad ordinaria a partir de abril, una vez salvado -presuntamente- el concurso de acreedores. Inicialmente las cifras barajadas se situaban entre 800 y 1.000 millones. El grupo andaluz ha rebajado esta cifra ante las mejores perspectivas en la venta de activos.

Una vez entregado el plan industrial -la semana pasada- y el financiero, KPMG dispondrá ahora de entre 10 y 15 días para cruzar este plan y el industrial que el grupo andaluz entregó la semana pasada con los informes sobre el mapa de deuda, la operativa de los negocios, las necesidades de liquidez, las garantías asociadas, la gestión de tesorería por país y la viabilidad de los proyectos y elaborar así una estrategia a seguir para la reestructuración.

Un mes para entenderse

A partir de ahí, todas las partes tendrán poco más de un mes para llegar a un entendimiento y sellar así un acuerdo para salvar Abengoa, que está preconcurso de acreedores desde el 25 de noviembre pasado. El 28 de marzo es el último día que podrán entregar al juez el plan de viabilidad para evitar el concurso -antigua suspensión de pagos-.

La compañía prevé quedarse en un empresa un tercio más pequeña de lo que es actualmente y centrarse en el negocio de ingeniería. La intención es reducir su nivel de deuda corporativa desde los casi 9.000 millones actuales a un nivel de entre 3.000 y 4.000 millones.

Para lograrlo, la ingeniería andaluza prevé realizar desinversiones de activos entre las que figuran las plantas de primera generación de biocombustibles valoradas en cerca de 1.000 millones de euros, así como de otros activos más pequeños como la antigua sede de la compañía en Sevilla, varios pisos que tenía en propiedad en Madrid o la participación en la planta termosolar de Abu Dhabi por cerca de 100 millones de euros. Además, en la hoja de ruta de la empresa figura la aplicación de quitas o de créditos participacivos. Las quitas, y en qué proporciones, se presenta como el mayor obstáculo entre los acreedores y la compañía para alcanzar estos objetivos. Los bancos rechazan de primeras cualquier descuento.

Proceso de adelgazamiento

Entretanto, Abengoa continúa con el proceso de adelgazamiento y eliminación de los consejos de administración de sus filiales que tiene distribuidas por el mundo, como adelantó ElEconomista el pasado 29 de enero. En esta línea, en los últimos días el grupo andaluz ha suprimido los órganos de gobierno de tres de sus subsidiarias. En concreto, ha suprimido los consejos de Abengoa Greenfield, Abengoa Greenbridge y Abengoa Finance, en los que se sentaban, en calidad de presidente o consejero, según el caso, el director financiero de la matriz, Jesús García-Quílez, el director de Planificación y Control, Juan Carlos Jiménez Lora y el secretario general del consejo de Abengoa Daniel Alaminos. A partir de ahora, Abengoa figura como administrador único de estas sociedades.

El plan de reducir y en unos casos, como los citados, eliminar los consejos de administración de las filiales de Abengoa busca reducir los costes corrientes del grupo andaluz, que tiene más de 600 subsidiarias.

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