(Pulso) El Edificio de la Industria de la Sofofa fue el escenario que congregó ayer a los economistas y ex ministros Andrés Velasco, Juan Andrés Fontaine y Carlos Ominami para debatir sobre el proyecto de Reforma Laboral, que el miércoles fue aprobado en general en el Senado.

El anfitrión, el presidente del gremio que agrupa a los industriales, Hermann von Mühlenbrock, fue el encargado de dar la bienvenida con un discurso que remarcó sus aprensiones. “Lo que nos preocupa es la propuesta de una reforma basada en un mal diagnóstico; nos preocupan las consecuencias económicas que implicará ser uno de los dos países de la OCDE que no tendrán reemplazo en huelga (…) Nos preocupa coartar la libertad de los trabajadores para relacionarse y negociar con sus empleadores, más allá de su afiliación a un sindicato o a un grupo negociador”, dijo.

Luego los expositores abrieron los fuegos centrando sus diferencias en el llamado “corazón” de la reforma que fortalece la sindicalización y la negociación colectiva.

Reemplazo interno

Este punto es uno de los más debatidos en las últimas semanas, especialmente al interior de la Nueva Mayoría.

El primero en plantear que la sustitución con internos debe ser incorporada en el proyecto fue Andrés Velasco. “En casi todos los países de Europa se prohibe el reemplazo externo y se permite el reemplazo interno. Yo le pondría dos condiciones adicionales para eso: que sea con personas que estaban antes en la empresa, que sean realmente internos y no contratados a última hora; y que en sus funciones y su contrato esté hacer las labores que les correspondería reemplazar, de modo que sea un reemplazo interno serio. Si se consigue eso vamos hacia el equilibrio, donde efectivamente hay una huelga y cuando ésta tiene potenciales costos hay incentivos para evitarla y así bajamos el nivel de conflictividad en Chile”, dijo el ex ministro de Hacienda.

Carlos Ominami, ex ministro de Economía, a su vez, rechazó la idea de avanzar en esa línea. “Entiendo la lógica del reemplazo interno, pero me parece que si hay servicios mínimos bien garantizados, es relativamente innecesario y el reemplazo es muy costoso desde el punto de vista del clima laboral entre los propios trabajadores, por eso soy reticente”.

Juan Andrés Fontaine, ex ministro de Economía, en tanto, señaló que “hay áreas en las cuales se pueden encontrar acuerdos en una fórmula de reemplazo (…) allí hay espacios para acuerdos, pero claro, como en el tango se requieren dos, no basta que haya disposición de la oposición, sino que también el Gobierno debe abrirse a esos cambios. Por eso, la oposición se vio en la obligación de rechazar la idea de legislar”.

El economista calificó como “impracticable” la definición previa a la negociación colectiva de los servicios mínimos, por lo que planteó que sería “interesante pensar en un mecanismo en el cual como parte del convenio colectivo se incorpore el tipo de servicio que sería mínimo para la renovación de ese convenio”.

Extensión de beneficios y adaptabilidad

En materia de traspaso de beneficios, Velasco propuso avanzar hacia “una norma de equilibrio como que se pacte antes” de la negociación.

En este contexto, Fontaine planteó inquietudes como qué pasa  cuando un trabajador se afilia al sindicato despúes de la firma del contrato colectivo;  y pidió aclarar si es necesario que se mantenga en el sindicato para tener los beneficios.

Ominami pidió que la extensión se otorgue a través del acuerdo entre las partes, sin vetos.

Fontaine y Velasco coincidieron en la necesidad de mantener los pactos de adaptabilidad en la negociación colectiva con sindicatos fuertes, mientras Ominami advirtió de no avanzar hacia una desprotección de la jornada de trabajo.

Los tres personeros coincidieron en que la huelga debe ser pacífica.