(El Mercurio) De los 767.568 clientes que tienen acceso a la red de gas en Santiago, solo el 65%, o dos de cada tres, se conectan a ella. Así lo señala un estudio de los académicos Alexander Galetovic y Ricardo Sanhueza, encargado por la Asociación de Distribuidores de Gas Natural (AGN), y que será presentado hoy en la Sofofa.

Según el informe el mercado del gas de red -excepto en Magallanes- no es un monopolio natural, como dice el Gobierno, ya que compite con sustitutos. Por ejemplo, como fuente de energía para cocina y agua caliente, lo hace con el Gas Licuado de Petróleo (GLP) y la electricidad; en climatización con la electricidad; mientras en calefacción pelea con el GLP, la electricidad, la parafina y el diésel.

Según Galetovic, la red de gas no se extiende por todo Santiago porque hay ciertas variables que inciden en los costos de distribuir el hidrocarburo, como, por ejemplo, el tamaño del predio (las cañerías deben ser más largas), el volumen de consumo, la penetración o probabilidad de que los clientes compren, y el valor de reconversión. «Implica que el costo incremental de vender gas por red es creciente», indica el estudio. Esto significa que, por ejemplo, conectar manzanas más densas es más barato por unidad de energía distribuida que conectar otras zonas con menos gente, explica el economista. Mientras, el GLP o gas por balón tiene retornos crecientes a escala.

El consumo de GLP y Gas Natural (GN) en Santiago suma aproximadamente 31 billones (millones de millones) de BTU (unidad para medir energía distribuida). De estos, 12 millones corresponden al GN y 19 millones al GLP. En el estudio se compara el costo de distribución de cada uno de estos combustibles y la diferencia es leve. El costo medio en el caso del GN es de US$ 15,6 por millón de BTU, mientras la del GLP es de US$ 14 por millón de BTU. Esta pequeña brecha se explica porque las empresas distribuidoras no extienden las redes a zonas donde no pueden competir mano a mano con el GLP, explica Galetovic.

Sin embargo, las cifras cambian si se considera una cobertura de gas por red en todas las zonas de Santiago. Como muestra la infografía, el costo medio de distribuir gas en los lugares donde hoy no hay redes y sí llega el GLP, sube a un US$ 22,7 por millón de BTU, frente a los US$ 14 por millón de BTU que cuesta el gas licuado (balón de 45 kilos). Por ende, en esos lugares el GN deja de ser competitivo.

Por otro lado, en Santiago la extensión de la red es 12 veces mayor a la de Magallanes, pero la distribución por hectárea es 10 veces superior en esa región austral por el mayor consumo.

Ley coherente

Galetovic también destaca que la Ley del Gas es coherente y que no existe ningún vacío en el tema regulatorio. Indica que ese espacio lo llena el Tribunal de la Libre Competencia (TDLC). «La ley no fija ninguna rentabilidad máxima, sino que dice que si se sobrepasa ese umbral (del 11% permitido), el tribunal puede mirar, y si encuentra que pasa algo, puede regular las tarifas. Pero podría concluir que la rentabilidad es alta porque la empresa es eficiente y en eso no hay problemas de libre competencia», asegura el experto en energía.

Y añade que la ley es coherente porque dice que hay libertad de precios, no deja discriminar entre clientes y porque asegura que si los retornos sobrepasan en cinco puntos la tasa de costo capital en algunas zonas, el TDLC examina y puede pedir que se fijen tarifas. «Eso no es un límite a la rentabilidad, sino un gatillo para que el tribunal mire y pregunte», insiste. Y agrega que la ley reconoce que la distribución de gas por red no es monopolio natural, excepto en Magallanes, y que por eso hay libertad de precios. Comenta que el chequeo de retorno es preventivo, pues alerta sobre un posible ejercicio de poder de mercado. Pero advierte que este tiene muchas causas posibles y que no se puede «remediar» con una regla general a priori.