(Diario Financiero) Estados Unidos está recuperando su dinamismo. A medida que la mayor economía el mundo cobra fuerza, las perspectivas para el resto del planeta mejoran. El crecimiento de Latinoamérica se acercará a su potencial en torno a 3,0% en 2014 y 3,3% en 2015. Ese es el escenario base que maneja el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en su último reporte.

Sin embargo, pese a estas auspiciosas perspectivas, el organismo advierte que los riesgos para sus proyecciones también han ido aumentando, tanto al alza como a la baja. Por eso, su informe “La Recuperación Global y la Normalización Monetaria”, incluye escenarios muy disímiles para la región, que van desde un salto en el crecimiento a 6%, hasta una baja en el ritmo de expansión a 1,5%, para 2015.

El principal riesgo al alza es que la recuperación de EEUU resulte más firme de lo esperado, a medida que las restricciones fiscales disminuyen, suben los precios de las viviendas y mejoran los balances de los hogares.

Sin embargo, si la potencia experimenta un rápido repunte, el retiro de estímulo y las subidas de tasas de interés podrían adelantarse. Para los países emergentes, esto se traduciría en bruscas caídas en los precios de los activos y depreciaciones de las monedas, además de salidas de capitales. De hecho, el organismo advierte sobre una posible “parada súbita”, como se denomina a una fuga de capitales de al menos dos desviaciones estándar.

El segundo riesgo a la baja es que la desaceleración de China sea más fuerte de lo anticipado.

Golpe combinado


La proyección base del BID contempla que el crecimiento de EEUU tomará impulso desde el 1,9% del año pasado a 2,8% en 2014 y 3,5% para 2016. Para China, en tanto, pronostica un crecimiento de 7,5% este año y 7,0% para 2016.

Un primer escenario alternativo considera que el crecimiento de EEUU repunte a 4,0% para 2015. Si a eso se suma una suave normalización de la política monetaria, el crecimiento de la región podría llegar a hasta 6% el próximo año.

Pero si la recuperación de la mayor economía mundial va acompañada por una brusca alza de tasas, el crecimiento de la región caería a apenas 2,0% en 2014.

La tercera hipótesis contempla que el crecimiento de China se frene a 5,3% en 2013. Si ese fuera el caso, la región podría ver una anémica expansión de 1,5% el próximo año.

Si estos tres cuadros se dieran de forma simultánea, dice el reporte, el impacto inicial sería negativo en términos netos, aunque luego volvería a tender hacia las proyecciones de base. Sin embargo, el efecto sería distinto para cada uno de los países de la región. Para México, por ejemplo, que tiene un intenso comercio con EEUU y que compite con China en los mercados internacionales, el efecto combinado tendría un saldo neto positivo, mientras que para países como Chile y Brasil, el resultado final sería negativo. Chile, que bajo el escenario base crecería a una tasa promedio de 4,5% entre 2014 y 2016, se frenaría a 4,1% bajo los efectos de un shock combinado.

Parada súbita


Un punto clave para el escenario futuro es cómo impactará sobre las economías de la región la normalización de la política ultra expansiva que en los últimos años ha impulsado la Fed, y que se traducirá en una caída en los precios de los activos y salida de capitales desde la región.

A comienzos de 2013, los fondos de renta fija y variable en América Latina estaban recibiendo hasta 
US$ 40 mil millones de compras anuales, pero esa tendencia se invirtió, con retiros anuales de casi US$ 20 mil millones hacia finales del año. “Y es probable que las reducciones de esos flujos se traduzcan en contracciones de los flujos totales de entradas de capital y posiblemente en declives de flujos de capital”, señala el informe.

Según estimaciones del BID, si se produce un aumento de 0,5% en el nivel previsto de las tasas de interés a corto plazo de EEUU en 18 meses, esto llevaría a retiros de cerca de 5% del stock de dichos fondos.

Por otro lado, los costos de una parada súbita también han aumentado. Para una economía típica de la región, este costo ascendería a 2,5% del PIB, comparado con 1,8% del PIB en 2007.

Los análisis del BID sugieren que la probabilidad y los costos de una parada súbita dependen de las condiciones de cada país respecto de la cuenta corriente, las reservas y la balanza fiscal.

Aunque estos parámetros mejoraron durante la última crisis, en años recientes han vuelto a deteriorarse. Según el BID, las políticas expansivas aplicadas en 2008 y 2009 no fueron retiradas a medida que se cerraban las brechas del producto. Los gobiernos, además, favorecieron un tipo de gasto inflexible, que posteriormente fue difícil de retirar.

Un desglose del crecimiento del gasto primario en diferentes categorías señala que, en promedio, más de dos terceras partes del aumento provino de partidas calificadas como inflexibles, como los salarios.

El nivel óptimo de las reservas internacionales, por otra parte, se ha incrementado. De este modo, aunque las reservas han seguido creciendo en términos de dólares, hoy están por debajo de los niveles óptimos, con la única excepción de Perú.

Impacto por país


Mientras los países que carecen de flexibilidad monetaria sentirán los efectos con mayor intensidad, las economías con régimen de control de la inflación tendrán mayor margen de maniobra ante los shocks y los tipos de cambio pueden proporcionar un amortiguador al impacto en la cuenta corriente.

Para estos países, el BID calcula que una desviación estándar en los flujos brutos de entradas de capital puede llevar a pérdidas en el PIB que van desde 1% en el caso de Colombia a 5% para Perú. Para Chile el efecto estaría en torno a 2,5%. Pero el BID advierte además que el efecto de estas salidas será persistente. “El pleno efecto de esa reducción de los flujos de entrada puede tardar hasta dos años en manifestarse”.

Bajo esas condiciones, la respuesta lógica sería una política monetaria más relajada. Pero, con la producción cerca de su potencial, las monedas depreciadas, la receta cambia de país en país.

En los casos de Brasil y Colombia se prevé que la tasa siga subiendo. Para Chile, México y Perú, caería a medida que retrocede la brecha de producción. Pero el escenario varía dependiendo de la inflación. Ante un alza de 1% en la inflación, las tasas subirían en todos los países. Ante una baja de 1%, las tasas tenderían a bajar, y en el caso de Chile, se acercaría prácticamente a cero.