(Diario Financiero) Hasta fines de los ‘80, Argentina disfrutaba de una situación de la que pocas naciones de la región podían jactarse: la posibilidad de abastecer la totalidad del consumo doméstico de energía con producción propia. Sin embargo, diversos factores se conjugaron para que hacia el año 2000 dicha circunstancia se revirtiera y llevara a los cortes de luz exhibidos en las últimas semanas.

Una caída considerable en la producción de petróleo y gas y en las reservas de este recurso, la falta de planificación e ineficacia del Estado en asegurar las inversiones en el sector y la errada política de subsidios han provocado un “retroceso vertiginoso”, según un reciente informe redactado por Leandro Despouy, presidente de la Auditoría General de la Nación (AGN).

El estudio “Una década al cuidado de los fondos públicos” detalla que la producción de petróleo cayó 33% desde 1998 y la de gas natural vio una pérdida de 16% desde 2004. Ambas fuentes generan cerca de 85% de la energía del país.

“Por primera vez en la historia petrolera argentina, estamos ante un descenso permanente en la producción doméstica de hidrocarburos, sin que las proyecciones muestren una reversión de esta tendencia”, alertó Despouy.

A los menores niveles de producción se añade que las reservas comprobadas de gas natural –el combustible más utilizado– corresponden a la mitad de las que existían en 2001. Es decir, el país está “consumiendo el inventario de recursos naturales sin reponerlos de manera sustentable”.

Errores del Estado


El líder de la AGN cree que el cambio de un país autosuficiente a uno importador se relaciona con el abandono del rol central del Estado en la planificación estratégica del rubro a partir de los ’90, luego de la privatización de la industria.

La agencia detectó que “el Estado no sanciona a los concesionarios de explotación de hidrocarburos por incumplir con las inversiones comprometidas, ni controla eficazmente la producción, ni actualiza el valor del canon, ni liquida adecuadamente las regalías”.

Por su parte, el sector privado privilegió la extracción, postergando la inversión en exploración que permitiría una explotación sustentable de los recursos no renovables.

“La ausencia del Estado en la planificación estratégica incentivó a las empresas privadas a realizar un uso intensivo del gas natural”, explicó la autoridad. Esta práctica también incluyó una fuerte promoción de las exportaciones a Brasil, Chile y Uruguay.

El rol pasivo del Estado ha impedido que se elabore un plan para abordar la creciente demanda energética y las autoridades se han limitado a entregar subsidios para compensar los retrasos tarifarios, la inflación y la falta de inversión.

Despouy criticó que las subvenciones fomenten “un uso poco racional de los recursos energéticos” y generen un desembolso mayor de recursos fiscales. En 2004 los subsidios representaban 2% del gasto público real, participación que se elevó a 11% en 2012.

Se agotan las reservas


La divergencia entre la demanda y la producción de hidrocarburos se hizo evidente entre 2002 y 2011. Mientras el consumo de bencina y diesel creció a un ritmo anual acumulativo de 7,2% y 3,7%, respectivamente, la producción de crudo registró una caída de 3% anual. En el caso del gas natural, la demanda se expandió 4,95% al año y la producción local anotó un promedio negativo de 2% anual.

Estos fenómenos provocaron que se pasara de tener un saldo comercial energético positivo de US$ 5.700 millones en 2006 a uno negativo que habría llegado a US$ 7 mil millones a fines de 2013. El presidente de la AGN advirtió que si se mantiene el actual ritmo de producción y no se descubren nuevos yacimientos, las reservas de gas natural se agotarán en siete años.