(Diario Financiero) Las nubes están oscureciendo la perspectiva a mediano plazo para el sector gasífero de Bolivia. El creciente suministro en sus dos principales mercados de exportación, Brasil y Argentina, arriesga con reducir la demanda y los precios. Mientras tanto, las inversiones se mantienen inadecuadas y han crecido las dudas sobre el nivel de las reservas para apoyar los futuros contratos a largo plazo. El impacto potencial de ingresos más bajos por el gas es alto a medida que la producción de hidrocarburos ha apuntalado la sólida balanza de pagos del país y entregado al gobierno medios fiscales sustanciales para continuar con sus políticas. Por lo tanto, no sólo el manejo macroeconómico, sino que la estabilidad política estaría en riesgo si el sector del gas pierde un importante impulso .

Bolivia ha experimentado un prolongado período de crecimiento en la producción de gas, el que también ha sostenido la producción de productos derivados como petróleo y gas de petróleo licuado (GPL). La producción de gas a mediados de 2013 se elevó a cerca de 60 millones de metros cúbicos diarios (mc/d) desde 40 millones mc/d a comienzos de 2010. Con precios aún altos, esto ha entregado un gran estímulo a las exportaciones totales.

Cerca del 38% de las exportaciones totales de gas tienen a Argentina como destino. Aunque la creciente demanda de Argentina sostendrá la creciente demanda en 2014-15, la imagen a largo plazo es menos clara. A mediados de octubre, Daniel Cameron, el ministro de Energía de Argentina, anunció que la producción de gas proyectada comenzaría a reducir la demanda de importaciones de gas de todas las fuentes tan pronto como en 2015. Las proyecciones oficiales muestran que Argentina se convertirá de nuevo en autosuficiente en suministro de gas a comienzos de 2022. Aunque es posible que varios de los proyectos sufran retrasos, la demanda argentina por importación de gas parece que disminuirá.

Las perspectivas de las decrecientes exportaciones a Argentina no afectarían sólo a las exportaciones de Bolivia y al ingreso fiscal, sino que podría también llevar a otras consecuencias mayores. La más importante es que fortalecerá a Brasil para las próximas negociaciones para extender el acuerdo de venta de gas que expira en 2019. Brasil (actualmente el principal mercado de exportación) también tiene altas expectativas de aumentar fuertemente su suministro local de gas en el mediano plazo y buscará una intensa reducción en el precio y volúmenes promedio mínimos que acordará comprar después de 2019. Brasil planea usar el gas boliviano principalmente como un suministro de respaldo para usar en períodos de peak industrial y demanda en generación eléctrica.

Ya que Bolivia es un país sin salida al mar, tiene pocas alternativas de mercados para su gas, con la excepción de Chile y Paraguay. Sin embargo, este último es un mercado subdesarrollado y muy pequeño, mientras que el resentimiento nacionalista hacia Chile (que data de las guerras en el siglo 19) ha convertido el rechazo de dar gas al país en una política pública que no será fácilmente cambiada. Esto ocurre a pesar del hecho de que Chile está desesperado por la necesidad de importación de energía.

El acceso a mercados más lejanos necesitaría el establecimiento de una planta de exportación sumamente costosa de gas natural licuado (GNL) en un puerto en la costa chilena o peruana. Pero un plan como ese también ha enfrentado una intensa oposición local. De hecho, un rechazo público de la posibilidad de desarrollar una planta de gas natural licuado en Chile fue una de los principales postulados políticos del presidente Evo Morales, antes de llegar al poder en 2006. En este contexto, es probable que ningún gobierno liderado por él tolere un renacimiento de la idea.

Pronóstico de inversión incierto

Además de la complicada perspectiva está el hecho de que el mercado interno de Bolivia se está expandiendo firmemente respaldado por el gasto del gobierno para desarrollar la distribución de gas residencial, gas para vehículos y generación de electricidad. La demanda local promedió 10 millones de mc/d en los primeros nueve meses de 2013 y llegó a 11 millones de mc/d en septiembre. Actualmente esto no limita la cantidad de exportaciones, pero los planes para construir una planta de fertilizantes y otros proyectos industriales podrían impulsar más el crecimiento de la demanda doméstica.

Aunque esto no necesariamente es un problema si la producción continúa elevándose, hay crecientes dudas sobre si habrá suficiente inversión.

Hay un creciente riesgo de que la perspectiva del mercado incierta actuará como un freno con los actuales inversionistas como Petrobras, Repsol, Total, BG y nuevos participantes como Gazprom. Las firmas privadas podrían estar reticentes a hacer grandes inversiones necesarias en nuevas exploraciones y producción si la demanda externa flaquea. 
Aunque se espera que el actual incremento en la producción de gas y las exportaciones continúen hasta al menos 2015, las señales de advertencia ya están comenzando a aumentar.

Los precios -establecidos trimestralmente y usando una canasta de precios de combustibles transados internacionalmente- se han estancado desde que alcanzó un peak a mediados de 2012, y esta tendencia es probable que continúe en el mediano plazo. El gobierno también está comenzando a revisar a la baja su supuesto presupuesto para el próximo año electoral, mientras que el crecimiento en las reservas internacionales se ha desacelerado considerablemente desde comienzos de 2013.

Estas tendencias no sugieren que Bolivia esté cerca de experimentar una brusca caída en el crecimiento económico y un deterioro rápido fiscal y en la balanza de pagos, pero sí genera importantes riesgos para nuestra perspectiva a largo plazo.

El hecho de que la actual administración ha tenido poco avances en diversificar la economía y ha complicado más a las compañías privadas significa que el país está muy mal preparado para el eventual fin de la actual bonanza de gas. La estabilidad política también podría estar en riesgo si Morales es capaz de mantener la multitud de subsidios y pagos de beneficios sociales que le han permitido reprimir la agitación social.

Fuente / Diario Financiero