Cuando el 29 de abril GasAtacama anunció que habían logrado un acuerdo ampliado con las mineras del Norte Grande que le permitía paliar parte del déficit que le generaba el contrato de suministro eléctrico con la distribuidora Emel (US$ 900 millones a diciembre de 2011), se puso fin a una de las más complejas negociaciones del último tiempo.

Aunque inicialmente la compañía había logrado un acuerdo con las tres mineras más importantes del Norte Grande -Codelco, BHP Billiton y Collahuasi-, era necesario sumar otras empresas.

En las conversaciones con más de un quincena de firmas el diálogo se trabó. Muchas veces, el gerente general de la generadora del Sistema Interconectado del Norte Grande (SING) enviaba borradores del acuerdo hasta altas horas de la noche, incluso algunos cerca de las 4 de la madrugada.

Tanto se estiró el diálogo que GasAtacama llegó a operar con dineros suficientes sólo para generar energía por 15 días más. Todo el proceso fue supervisado por el ministro de Energía, Marcelo Tokman, quien mantuvo contacto prácticamente diario con otro protagonista esencial de la negociación, Rafael Mateo, gerente general de Endesa.

Tan compleja fue la negociación que a sólo horas de firmar el contrato, algunos detalles del vínculo hicieron que Raúl Sotomayor evaluará no firmar el texto. Sólo la intervención de Mateo salvó la negociación. El mismo ejecutivo fue quien debió llamar por teléfono al gerente general de GasAtacama, Rudolf Araneda, ante el atraso que éste tenía para la presentación a la prensa que se haría de la negociación. ¿La razón de la tardanza? Finiquitar los últimos detalles del vínculo.

Fuente: El Mercurio.