«Esto no es nuevo para mí; es lo que también ocurría cuando era Presidente», dijo Ricardo Lagos, absolutamente sereno ante la trifulca que armó un grupo de ecologistas en el seminario sobre el cambio climático que organizó ayer la Universidad de Chile. (Ver página C3).

El ex mandatario, de corbata burdeos y tomando café, fue uno de los panelistas, invitado como el «mensajero negociador» de Naciones Unidas en la cruzada actual del calentamiento global.

Con «El Mercurio», en la oficina de altos cielos del Rector de la Universidad de Chile, se muestra cordial, relajado. Hacia el final de la conversación el bullicio periodístico afuera lo distrae.

-¿Cuál cree usted que será su principal rol en este cargo?
«Intentar acercar posiciones entre los actores gubernamentales y no gubernamentales. Terminado el Protocolo de Kioto el 2012, tener un instrumento que obligue a poner un techo a las emisiones para evitar el calentamiento global. Mientras tanto, tenemos que negociar para tener un acuerdo hacia el 2010». Antes que capitán

-¿Cuándo tomó conciencia del cambio climático?
«Hace 20 años, con el Informe Brundtland, que estableció el concepto de desarrollo sustentable y que condujo a la primera Cumbre de la Tierra en 1992. Tengo una relación de antigua amistad con Gro Harlem Brundtland (ex primera ministra de Noruega).».

-¿Y como mandatario?
«Desde el punto de vista de gestión gubernativa como Presidente abordé el cambio climático en mi primer discurso fuera de Chile en el Congreso argentino. Señalé que teníamos que tener en esta materia una posición común. Fue lo que hicimos después con Néstor Kirchner, cuando fuimos al glaciar Perito Moreno y firmamos una declaración teniendo atrás el muro de hielo.

«Después se hizo un llamado muy fuerte al Parlamento europeo, diciendo que en el Hemisferio Norte están las mayores emisiones, pero que es el Hemisferio Sur el que recibe las consecuencias más duras.

«Ésa fue la razón por la cual cuando terminé mi período gubernativo envié una carta a cada uno de los jefes de Estado del G8, contando lo que habíamos hecho y lo que esperábamos que hicieran porque la responsabilidad mayor está allá».

-¿Y en el club de Madrid?
«Es poco conocido en Chile. Tenemos un grupo de trabajo sobre cambio climático y energía que lo constituimos hacia finales del año pasado, mucho antes que el secretario general de la ONU nos pidiera asumir esta tarea. Trabajan 12 ex jefes de Estado, más otras 12 personas de la Fundación de Naciones Unidas. Constituimos un grupo de especialistas con el propósito de concluir con un borrador que pudiera servir de punto de partida para los gobiernos».

-¿Han avanzado?
«Tuvimos una reunión en Madrid «libre de emisiones». Contrarrestamos las emitidas por la realización del evento a través de bonos de carbono. En septiembre, en China, Shanghai, tendremos otra reunión. Vamos a tener los primeros lineamientos de lo que esperamos pueda ser un documento que sirva a los jefes de Estado para las negociaciones en la próxima cita de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en Bali, Indonesia».

-¿Es el Capitán Planeta?
«Es chiste, una cosa simpática».

-La gestión del gobierno chileno es pobre en el tema.
Se da una pausa. «Chile ratificó Kioto. Desde el punto de vista energético, el 95% de la energía del mundo se produce mediante combustibles fósiles. En este sentido, Chile es privilegiado, porque el 55% de nuestra generación eléctrica es hidroeléctrica. Tenemos la suerte de estar más avanzados que otros y contar con fuentes que son renovables. Chile, dado su nivel de desarrollo, ha venido haciendo las tareas que nos ha correspondido».

-¿Pese a la escasa presencia de la delegación chilena en las últimas convenciones?
«Son delegaciones modestas porque somos un país modesto, pero tenemos una incidencia significativa al final en lo que son las decisiones. Creo que en este ámbito, como en otros, Chile tiene un cierto rol que corresponde al tamaño del país que somos. No nos pasemos películas».

-¿Cree que China y EE.UU. se unan como grandes emisores?
«La posición de EE.UU. ahora es distinta a la de hace un mes. Hay que valorar que acepte negociar dentro del esquema de Naciones Unidas y que esté de acuerdo con hacer reducciones sustanciales (¡hay que definirlas!) de los gases invernadero. También creo que los amigos chinos están conscientes de que les resulta muy difícil poner techo a sus emisiones. Es un país que está teniendo un crecimiento muy rápido y no quisieran verse afectados. Sin embargo, China tiene un porcentaje de crecimiento mayor que el aumento energético, ergo, está usando la energía con más eficiencia. Si Chile crece un 6%, su demanda energética crece un 8%. En el país asiático es un poco a la inversa».

-¿Cómo le gustaría finalizar esta misión de Naciones Unidas?
«Que se pueda llegar a un acuerdo en el cual todos los países nos sintamos obligados y en que todos entendamos que es un acuerdo equitativo y responsable según la situación de cada país. Eso es lo óptimo. Vamos a ver si se puede llegar a lo óptimo».

En Internet

El Club de Lagos:
www.clubmadrid.org

Fuente: El Mercurio