«La unión hace la fuerza» es la consigna que hace volver en gloria y majestad a las centrales hidroeléctrica de pasada, pues si bien muchos iniciativas de esta naturaleza quedaron en el limbo tras firmarse el acuerdo gasífero con Argentina en la década de los 90, hoy las miradas vuelven a estos proyectos precisamente por la incertidumbre que genera la posibilidad de que nuestros vecinos de allende Los Andes cierren la llave de paso.

El seremi de Minería y Energía, Carlos Almanza Latorre, destaca que la revitalización de estas iniciativas más las del área termoeléctrica, como las centrales de Coronel que generarán 1.000 MW, serán las que salvarán la próxima década al país del complicado panorama energético que hoy enfrenta.

En la región existen en funcionamiento cinco centrales hidroeléctricas de pasada, tres proyectos similares aprobados y uno en calificación ambiental (ver recuadro), los que si bien en su conjunto generarán 690 MW, la misma potencia que produce la central hidroeléctrica Ralco (de embalse), tienen la gracia de provocar un menor impacto ambiental que ésta.

La mega obra de Alto Biobío modificó sustancialmente la fisonomía cordillerana, con la creación de un lago artificial que inundó 3.500 hectáreas de terreno pehuenche.

Las centrales de pasada requieren de una fuerte inversión inicial (para la central Ñuble, por ejemplo, se invertirán US40 millones), pero tienen bajos costos de operación y su proyección es indefinida.

Y si bien dependen de los ciclos hídricos, como ahora que las lluvias están retrasadas, «siempre habrá agua», resalta Carlos Almanza.

Explica que estos proyectos son muy importantes para abastecer a ciudades pequeñas y medianas, no tanto para la industria, como las centrales mayores. «Sólo la central Ñuble podría abastecer a Chillán», grafica el seremi.

Nuestra «fuerza»

La construcción de centrales hidroeléctricas de pasada datan de principios del siglo XX en el país, cuando se comenzó a aprovechar el enorme potencial hídrico para la generación eléctrica.

En la región están en funcionamiento Rucúe (170 MW), Abanico (136 MW), Peuchén (75 MW), Mampil (49 MW) y Quilleco (70 MW). Esta última, del grupo Colbún S.A entró en operaciones este año. Mientras que las que cuentan con aprobación ambiental son Palmucho (36 MW y en construcción)), Laja (25 MW y pronta a iniciar obras) y Ñuble (136 MW).

En el caso de la anterior, la Comisión Regional del Medio Ambiente la aprobó recién el lunes 18 con seis observaciones, entre las que se cuenta la creación de una mesa de trabajo para acordar compensaciones en el ámbito turístico. En carpeta, en tanto, está Trupán (36 MW).

Resquemores

Pese a que el impacto ambiental de las centrales de pasada son sustantivamente menores que los de embalse, igual los proyectos agitan aguas entre sus vecinos.

Así pasó en el caso de la central Ñuble, donde luego de seis sesiones de participación ciudadana se logró apaciguar los ánimos y finalmente aprobar ambientalmente el proyecto el lunes 18, aunque con seis condiciones que tienen que ver con los reparos de la comunidad.

La central Laja, en tanto, también tiene movilizados a un grupo de 33 familias del sector La Aguada, de Yumbel, quienes recurrieron de protección ante los tribunales el fin de semana pasado. Temen ver afectadas sus actividades agrícolas, apícolas y turísticas, y piden más información.
Fuente: El Sur