Doctorado en Economía y Políticas de Energía en Francia, Helder Queiroz Pinto considera que Bolivia debe dar señales de que su política sobre el gas será clara. De otra forma, corre el riesgo de que las inversiones extranjeras caigan a mediano y largo plazo.

El catedrático de Economía y Energía de la Universidad Federal de Río de Janeiro y ex consultor de la Agencia Nacional de Petróleo (ANP), con más de 20 años en el campo energético, estuvo en Sucre para el foro Condiciones Determinantes para la Inversión y el Desarrollo en la Industria del Petróleo y Gas.

-¿Cómo evalúa el actual momento de la dependencia brasileña del gas boliviano?
Es dependencia y vulnerabilidad. Por ejemplo, Japón es un país que depende de la energía porque no tiene recursos naturales, pero es menos vulnerable porque logra diversificar las diferentes fuentes de importación de suplantación de energía.

En este caso, Brasil es dependiente y vulnerable, porque si pasa una cosa diferente aquí (en Bolivia), hay consecuencias directas con relación al abastecimiento energético de gas. Para Brasil, del total de la demanda de gas, Bolivia representa el 50%.

Entonces, es importante garantizar las condiciones de cooperación. Después del 1 de mayo del año pasado, Petrobras está intentando diversificar; las fuentes no son muchas, hay toda una discusión sobre la posibilidad de un proyecto de un megagasoducto que podría venir de Venezuela, llegando hasta Argentina.

No creo que se vaya a concretar, porque hay problemas de naturaleza ambiental —tiene que cruzar la Amazonía—, de viabilidad económica que no está demostrada. También se piensa en un proyecto de gas natural licuado: la posibilidad de importar por navíos de países como Argelia, Trinidad y Tobago, etc; pero para eso es necesario hacer inversiones en Brasil, porque se debe hacer la licuefacción del gas en el país de origen y regasificarlo en el país de destino.

-¿Brasil no buscaría otras formas de abastecerse de gas si Bolivia le diera las condiciones para ello?
Sí, en este momento yo creo que, independientemente de los resultados de las negociaciones, de la evolución a mediano y largo plazo de la relación Brasil-Bolivia en el campo del gas, es seguro que Brasil va a diversificar, para volverse menos vulnerable y menos dependiente de un solo país.

Esto no quiere decir que, en el mediano y el largo plazo, no haya la posibilidad de incrementar la capacidad del gasoducto, haciendo nuevas inversiones; pero ahora está esperando arreglar primero los problemas de la compensación de los activos de gas asociados a las refinerías para luego verificar si las condiciones institucionales y legales, lo mismo que la política energética de Bolivia, ofrecen señales claras de un ambiente menos inestable para las inversiones.

-A un año del proceso de nacionalización en Bolivia, ¿qué opina de la política energética del gobierno de Evo Morales?
Hacía tiempo que las condiciones de los contratos podrían haber sido revisadas, porque habían quedado muy favorables para las empresas extranjeras y poco favorables para el Gobierno boliviano; y los resultados finales de octubre: las compañías se quedaron. En cierta manera, no fue un desastre completo el proceso que yo no llamo de nacionalización, sino «de reestructuración de contratos».

Este proceso fue, en un primer tiempo, bien difícil, pero hay etapas nuevas de negociación, y una de ellas es la evaluación correcta de los activos de las compañías de aquí, incluso Petrobras.

-Según su visión, ¿no hubo nacionalización en Bolivia?
La nacionalización como entendíamos en el pasado, no. Antes se expropiaba totalmente los activos, se pagaba un tanto o no se pagaba nada; y no estoy hablando de Bolivia específicamente, hay otras experiencias que fueron iguales. Y las empresas partían. Aquí las empresas continúan y están discutiendo posibilidades de continuar en determinadas condiciones. El problema es que, según mi punto de vista, Bolivia necesita aún cooperación técnica y, sobre todo, capacidades de comercialización y calificación profesional para seguir desarrollando la cadena productiva del gas.

Eso pasó también en otros países, pero es muy complejo, se necesita de tecnología de punta para ser competitivo y eso se hace normalmente con cooperación.

En Brasil tenemos una industria de hidrocarburos muy desarrollada, pero todo eso se ha hecho con mucha participación de compañías extranjeras. Los resultados del proceso en el corto plazo generaron buenos resultados para Bolivia, pues consiguió capitalizar una parte más alta de la renta petrolera de antes, pero hay riesgos de que en el mediano y largo plazo las inversiones caigan. Por eso se debe seguir atrayendo inversiones.

-¿Usted cree que las reglas del Gobierno para las empresas extranjeras sean las adecuadas?
Para mí, son incompletas. Es necesaria una segunda ola de reglamentos, definiendo una serie de disposiciones.

-¿Qué falta normar?
La cuestión de los precios del gas natural para nuevos contratos. La cuestión de las regalías está bien establecida; pero, hay un momento de inseguridad jurídica que está asociado también al momento de elaboración de una Constituyente. Entonces, no se sabe si habrá temas que van a cambiar los decretos del 1 de mayo, que podrían ser incorporados en la carta constitucional. Es un momento de espera, por eso las compañías no están invirtiendo nada; continúan sus operaciones, pero las inversiones están paralizadas.

Es necesaria una señal de que la política energética será clara. Creo que hay una cuestión fundamental para Bolivia: la seguridad energética. Hay diferentes regiones de Bolivia que no tienen la posibilidad de acceder al gas natural; hay necesidad de inversiones también. ¿En qué condiciones se darán esas inversiones?, es una duda que la mayor parte de las compañías tiene.

-¿Qué otra preocupación nota en Brasil sobre los contratos?
Una preocupación es que si esos contratos serán todavía útiles y serán honrados si los precios del petróleo y del gas bajan. El nuevo marco contractual se estableció en un contexto muy particular de precios muy elevados (…) Pero, si cambia la situación de los precios de aquí a tres o cuatro años, vamos a ver si esos contratos continúan adecuados o no. Por eso hay necesidad de seguridad jurídica, para que las compañías tengan un poco más de certidumbre con relación a las condiciones de inversión.

Lo que me preocupa no es el corto plazo —creo que hay ventajas en el nuevo régimen contractual para el Gobierno boliviano—, pero a mediano y largo plazo es una preocupación, porque no veo las condiciones adecuadas que podrían conducir a un aumento sustancial de las inversiones.

-¿Qué provecho económico puede tener Bolivia del gas?
El gas es un recurso importantísimo para el desarrollo de Bolivia; pero, a mi juicio, se debe desarrollar una serie de actividades productivas en torno del gas. Si Bolivia se queda solamente como exportador primario de gas, va a pasar lo mismo que le pasó con la minería; son recursos agotables.

En el caso del gas hay necesidad de inversiones permanentes en exploración. Para eso sería necesario desarrollar actividades que generen valor agregado, como la petroquímica, pero hay una complejidad grande en esta cadena, por eso necesita de inversiones, cualificación profesional. Y también, aprovechar más el gas en la generación eléctrica.
Fuente: La Razón