Hay personas a las que les toca ser testigo e incluso a veces protagonista de importantes cambios en alguna actividad económica del país. Ése parece ser precisamente el caso de Hiram Peña, quien entró a trabajar a Endesa en 1950 y dejó la compañía a fines de los 80.

En esos casi 40 años en la empresa trabajó en diversas áreas: fue ingeniero proyectista de Estructuras, jefe del proyecto de la central Hidroeléctrica Rapel, jefe de la sección Obras Hidráulicas, ingeniero jefe de la construcción de Rapel, jefe del departamento de Ingeniería Civil, subgerente de Ingeniería, gerente de explotación, gerente de obras y durante 13 años, gerente general.

Luego de dejar esa compañía, también fue director de Gasco, donde tuvo una participación en los estudios e implementación de los gasoductos desde Argentina.

Con esta destacada trayectoria no es raro que sea galardonado y en esta oportunidad fue el Colegio de Ingenieros, que el martes le entregó el Premio Infraestructura 2006 a este ingeniero civil de la Universidad de Chile.

Pero no sólo profesionalmente hay quienes destacan a Peña, también lo hacen por su calidad humana. Por eso tiene sentido que él -hoy con 81 años, 55 años de matrimonio, 4 hijos y 3 nietos- cuente que «siempre hice muy buenos amigos en todas partes».

-¿Cuáles son los mejores y peores recuerdos que tiene de su época en Endesa?

«Yo pasé de la Universidad a Endesa. Un profesor mío de los últimos cursos era jefe de estudios de Endesa y yo era un alumno bastante bueno…Empecé a trabajar en Endesa como ingeniero estructural, esto fue el año cincuenta».

-¿Cómo fue trabajar en Endesa?

«Era una empresa grande, pero no tan grande como llegó a ser finalmente. Habían más o menos 8.500 empleados cuando empezaron las reducciones de personal, en los primeros tiempos del gobierno militar. Esos fueron los momentos más difíciles: las reducciones de personal».

«Los momentos más gratos: cuando uno empieza a trabajar y ve que está haciendo algo que es interesante, importante, que se está construyendo. Hay otros momentos también que tienen de agrado que lo tocan a uno más o menos seriamente, como cuando lo nombran gerente de algo, por ejemplo. Yo pasé por todas las gerencias de la Endesa».

-Usted estuvo en momentos en que se construían grandes centrales. ¿Cómo se vivía esos momentos en que supongo que se tenía conciencia de lo importante que eran esas obras para el país?

«El momento que me tocó más fuerte, pero también más interesante fue cuando me mandaron a dirigir la construcción de Rapel, que fue la primera central del ciclo que nosotros llamamos de las grandes centrales. Porque hasta ese momento la central más grande que había en el sistema tenía 130 y tantos MW y Rapel salió de 350, con un feroz embalse, una cosa que quedó muy bonita finalmente. Todavía no empezaban a existir los ecologistas (se ríe), pero fíjese que tuvimos una batalla bien dura con la Sociedad Nacional de Agricultura».

-Cuando ve actualmente lo que es Endesa y el sector eléctrico, ¿qué análisis hace de lo que hoy es el sistema versus lo que había cuando usted estaba en la empresa?

«Poco después que me retiré de Endesa empezó a llegar el gas argentino, que fue una revolución en el sistema. Fue tanto, que produjo 10 años de energía barata y se instalaron centrales, quizás el entusiasmo fue demasiado (se ríe) porque después empezamos a sufrir un poco con las restricciones».

-¿Cómo ve lo que es Endesa hoy?

«Es un sistema grandísimo respecto de lo que yo dejé. En ese momento ya estaba bastante estudiado el Biobío. Ese pobre Biobío lo matricularon mal finalmente con todos estos problemas de los indígenas y todo esto…Eran proyectos lindos, el Biobío tenía cuatro o cinco proyectos más».

-¿Además de Ralco?

«Se alcanzaron a hacer dos: Pangue y Ralco, pero habían tres o cuatro más. Pero quedó matriculado y maldecido el Biobío con todo este gran lío de Ralco. Pero hay que seguir haciendo proyectos hidráulicos».

-Vimos lo que pasó con Ralco y ahora está el tema de los ecologistas con Aisén. ¿Cómo se pueden abordar estos temas?

«A mí no me tocó ningún período con fuertes ecologistas que se opusieran, porque fíjese que los ecologistas se oponen a todas las cosas, es lo más divertido. Porque usted para hacer una central térmica y empieza el problema del carbón. Va a hacer una central hidráulica y empieza el problema de que será de embalse, será de pasada. Es difícil. A mí me tocó un período que realmente la lucha -por decirlo de alguna forma, aunque no fue lucha- más grande fue probablemente contra los agricultores por la inundación de Rapel. Entiendo que todas las centrales de Aisén inundan menos que el total de Rapel, que fueron 7 mil hectáreas de terrenos. En el caso de Rapel había sobre 500 propietarios, algunos no tenían hectáreas, sino que metros cuadrados, porque era una zona con una cantidad de minifundios muy grandes».

«Pero también había otros con más terrenos. Me acuerdo que Pancho Encina tenía varios miles de hectáreas y se le inundaron hartas. Entonces la Sociedad Nacional de Agricultura empezó a decir cómo se van a inutilizar terrenos de cultivo y al lado de Santiago. Fue un problema bien delicado».

-¿Cómo se manejó en ese momento?

«Los convencimos. Y fíjese, ahora que me acuerdo, Pancho Encina fue uno de los hombres que nos ayudó, él era historiador, un intelectual muy amplio. Me acuerdo que en una reunión de la SNA que me pidieron a mí que fuera a explicar el proyecto de Rapel, don Pancho Encina estaba presente y creo que era director o la cabeza de la SNA y él después de escuchar dijo: «Mire, en realidad esta cuestión hay que hacerla, pero claro, creo que en realidad estos jóvenes -yo era bien joven en ese tiempo- están un poco atrasados, porque aquí lo que hay que hacer es una central nuclear» (se ríe). Fue muy patriótico el hombre».

-Mucho se habla de la necesidad de que nuestra matriz energética esté diversificada. ¿Qué tan importante es eso a su juicio?

«Es muy conveniente diversificar la matriz energética. Creo que el gobierno hizo bien en tratar de hacer esta planta de Gas Natural Licuado».

-¿Cree que podamos tener realmente una integración energética con Argentina?

«Si Argentina sigue con la política económica que tiene en este momento, y que desarrolla desde hace dos o tres años, tengo pocas esperanzas de que Argentina pueda volver a vender gas libremente».

-Entonces ¿qué otras fuentes energéticas importantes podemos tener?

«Creo que hacen bien los gobiernos en incentivar lo más posible la producción de otros tipos, por ejemplo, la eólica o tratar de buscar el calor de la tierra. Y la última organización legal les dio tarifas a ese tipo de energía. Así que no es malo, es muy bueno que la gente trate de instalar molinos y cosas de ese tipo para producir energía eólica. Está bien que se haga, lo que no creo es que haya algunos que creen que con eso se pueden solucionar los problemas, lamentablemente no es posible. Aún son muy caras».

«El momento que me tocó más fuerte, pero también más interesante fue cuando me mandaron a dirigir la construcción de Rapel».
Fuente: Emol.