Imaginar a Antofagasta recibiendo electricidad desde una central termosolar instalada en el desierto y capaz de generar hasta 100 MW de potencia, o el transporte público y particular funcionando en base al abundante hidrógeno (también denominado combustible del futuro), puede ser algo más cercano a la ciencia ficción que la realidad.

Pero no es así. Estas ilimitadas posibilidades energéticas evitarían, por ejemplo, que pequeñas localidades desaparezcan por la falta de electricidad o que se sigan quemando combustibles fósiles. Todo ello es motivo de una ardua investigación por parte de un equipo de científicos de las universidades locales.

El académico del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Antofagasta, Marcos Crutchick, quien lidera un grupo de trabajo en esta área, señala que ya llevan varios años estudiando este campo bajo dos líneas de trabajo. «Una dice relación con proponer soluciones energéticas globales para zonas geográficas donde no hay electricidad o exista una pequeña demanda a través del uso de la energía solar como base», precisó.

Biogas

Al dotar de energía a los poblados precordilleranos, se evitaría la masiva migración de los jóvenes a las ciudades en busca de mejores expectativas, pues además de los usos domésticos existiría una posibilidad de desarrollo productivo real.

Sin embargo, aclara el experto, para aliviar otras carencias energéticas de las familias que viven en esos pueblos, como es el caso de cocinar o calefacción, los investigadores de la Universidad de Antofagasta también desarrollaron un estudio para la generación de biogas o gas metano.

«Este elemento se obtiene a través de la descomposición de los deshechos orgánicos. Por ejemplo, las comunidades atacameñas tienen muchos animales cuyas fecas sirven para generar biogas, además todo el proceso es de muy bajo costo y fácil de instalar en cualquier hogar», precisó el investigador.

Desafíos

La otra línea de investigación de la UA apunta a encontrar nuevas formas de producir energía eléctrica para las grandes ciudades y cierto tipo de industrias. En este sentido, Crutchick señaló que para iniciar ese trabajo realizaron un diagnóstico previo que arrojó clarificadores resultados.

«El estudio que consideró, entre otras variables, las cifras de inversión en la industria, determinó que en los próximos 5 ó 6 años se necesitarán 960 MW adicionales a los ya instalados en el SING. Asimismo, detectamos que el 89% del consumo eléctrico de la región es de carácter minero-industrial», explicó.

Con estos antecedentes queda de manifiesto que las energías alternativas, ya sea geotérmica, eólica, solar o biomasa, no pueden ser la parte fundamental de la solución a la carencia energética que enfrentará nuestra región. Para lograr tal nivel de generación, será necesario potenciar los actuales sistemas de generación en base a combustibles fósiles, pero la gran pregunta surge sobre qué pasará cuando éstos se agoten o en los escenarios geopolíticos del futuro simplemente no estén disponibles.

Planta

No obstante, según Marcos Crutchick, existe una alternativa que podría «liberar» y redestinar el consumo eléctrico actual de una urbe como Antofagasta. Esto se realizaría por medio de una central de energía solar térmica capaz de generar los 100 MW que consume toda nuestra ciudad. «En estos momentos estamos dimensionando la posibilidad de crear una planta de este tipo para instalarla cerca de la Estación Crucero, en medio del desierto».

La planta funcionaría bajo la modalidad de espejos parabólicos que captan la radiación solar, luego esa energía es transmitida por conductos donde se ubican algunas sales minerales que la potencian y la hacen llegar a una turbina. Desde ahí, el proceso es similar al usado en las centrales termoeléctricas tradicionales, en otras palabras, se cambia el diesel, carbón o petcoke como base por la energía solar.

Radiación

«Nuestra región tiene el segundo mejor nivel mundial de radiación solar, lo cual aseguraría un suministro continuo, además los días nublados son escasos. Otra ventaja es que para almacenar esa energía se ha determinado que el mejor sistema es en base a sales fundidas, las cuales son muy abundantes en la zona», sostuvo el científico.

Una planta de este tipo serviría para alimentar, por ejemplo, el consumo total de Antofagasta, dos veces el de Calama, tres veces de Tocopilla, cuatro o cinco el de Taltal y así sucesivamente. «En dos años vamos a entregar nuestra propuesta. La construcción de esta planta tendría un costo de unos US50 millones, inversión que se justifica plenamente a largo plazo. En varias ciudades de Estados Unidos y España ya están funcionando eficazmente», manifestó el científico.

Una alternativa de financiamiento para esta inversión sería el ocupar el sistema de bonos de carbono aprobado en el Protocolo de Kyoto, mediante el cual países industrializados pueden financiar procesos de descontaminación o reconversión energética en otras naciones.

En estas investigaciones, además de Crutchick, participan los académicos de la UA Hugo Martínez, Ismael Campillay y Marcelo Cortés.

Hidrógeno

En este marco, la Universidad Católica del Norte a través de la Facultad de Ciencias está desarrollando el proyecto denominado Complejo Energético del Norte Grande que considera varias líneas de investigación, de las cuales la relacionada con la producción de hidrógeno solar es la más desarrollada.

Según explicó el académico y jefe del proyecto, Carlos Portillo, el objetivo de la iniciativa es producir este combustible separándolo del agua mediante un proceso fotoelectrolítico, es decir, usando la energía solar como recurso base.

Una vez obtenido y almacenado el hidrógeno, y usando la alta tecnología de las celdas de combustible, puede ser empleado para generar energía eléctrica en una central construida para tal objetivo.

«Por ejemplo, una planta de este tipo podría servir para abastecer poblados como Quillagua. Sin embargo, está claro que a mayor escala implicaría una inversión considerable la cual tendría que ser estudiada, pues para nadie es un secreto que los combustibles fósiles se van a agotar», indicó el investigador.

En este contexto, la decana de dicha facultad, académica Sara Aguilera, sostuvo que otro aspecto importante de este proyecto es poder formar profesionales en el área para conocer y manejar la tecnología, «pues el abastecimiento y la diversificación energética es un tema estratégico del país. Hay naciones como Alemania o Finlandia que exploraron y hoy utilizan diversas fuentes alternativas, incluyendo la nuclear», precisó.

El hidrógeno como combustible es limpio y abundante, y ya es utilizado en vehículos de transporte público y en varias industrias, además tiene otras aplicaciones como la producción de amoniaco, tratamiento del agua, procesamiento de minerales, procesos de refinería y producción de plasma de hidrógeno.

Este último, es investigado por la NASA como posible combustible para la nueva generación de naves espaciales que tendría la misión de viajar a Marte. En este punto, la UCN ha recibido el apoyo del astronauta Michael Chang, quien visitó la universidad el año pasado.

Energía nuclear

Recientemente, el Gobierno anunció estudios para analizar la posibilidad de comenzar a desarrollar la Energía Nuclear en Chile. Para el académico del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Básicas de la UA, Jorge Kasaneva, como es un hecho comprobado que las energías alternativas no podrían solucionar el problema que enfrentará el país y la región, el uso de la energía núcleo eléctrica debe ser considerada seriamente.

«Tenemos la capacidad científica en el aspecto teórico, mientras que las otras experticias podrían obtenerse rápidamente si se quiere implementar una solución masiva a la carencia energética. Debemos recordar que actualmente en el mundo un 17% de las necesidades son cubiertas por la energía nuclear, porcentaje que va en aumento», indicó el científico.

Sin embargo, señaló que hoy en el mundo los principales cuestionamientos hacia esta fuente pasan por los residuos que generan, de los cuales sólo un porcentaje menor son tratados mientras que la gran mayoría deben ser enterrados en cavernas subterráneas, donde seguirán emitiendo radiaciones nocivas por miles de años, dando origen así a los llamados «basureros nucleares».

El académico dijo que la peligrosidad de estos residuos se produce ya que al ser roto el núcleo atómico del uranio, se generan subproductos muy inestables que buscan su equilibrio emitiendo partículas alfa y beta, además de radiación gama. También la «mala fama» de las centrales nucleares pasa por el accidente de Chernobyl, no obstante, ya fue comprobado que dicha catástrofe ocurrió por fallas humanas y no técnicas.

«Sabemos que la quema de combustibles fósiles produce contaminación que no la vemos generalmente porque va a la atmósfera, aunque conocemos lo dañina que es y que está produciendo el efecto invernadero. En cambio, los residuos de la energía nuclear son visibles y sabemos donde están… en el futuro de alguna forma habría que aprender a convivir con ellos», concluyó Jorge Kasaneva.

Así, este abanico de energías alternativas pone a la región en un lugar privilegiado y expectante a nivel mundial. Y es que el desierto es pura energía.
Fuente: El Mercurio de Antofagasta.