Durante la presentación que le hicieron en el 47° Congreso Latinoamericano de Siderurgia en Santiago, bromearon con que era el más famoso de todos, porque salía en CNN.

Y es verdad. El cientista político chileno Arturo Valenzuela es consulta obligada sobre temas latinoamericanos desde que fue subsecretario de Estado adjunto durante la administración de Bill Clinton en EE.UU.

Es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Columbia y director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown.

El cientista político estuvo unos días en Santiago -invitado a hablar de la situación económica y política mundial- durante el encuentro que reunió a cerca de 800 empresarios ligados a la producción de fierro y de acero de 34 países.

Valenzuela sostiene que los gobiernos latinoamericanos deberían preocuparse menos de los grandes acuerdos de integración comercial y encarar desafíos puntuales, como es hoy la escasez de energía.

-¿Cómo ve usted la política de alianzas comerciales chilena y la posibilidad de acuerdos energéticos en la región?
«La política de apertura comercial de Chile hacia el mundo es muy acertada y estoy de acuerdo. Pero en Latinoamérica se habla a menudo de grandes proyectos de integración que abarcarían todo y que en el fondo no llegan a nada. Debería hacer como Europa, que partió con la comunidad del hierro y el carbón y de ahí se fue integrando económica y políticamente».

-¿Cuál es el gran desafío de la integración latinoamericana?
«Tiene que haber mucho más libre comercio entre los países de América Latina, no pensando sólo en uniones aduaneras. Pero hay desafíos enormes como el energético, que puede pasar a ser un punto eje del comercio y un proceso de integración».

-¿Qué perspectivas regionales existen a futuro?
«Hay una demanda extraordinaria de gas natural en toda la región y hay países que pueden suministrarlo, pero no hemos podido crear instancias claras de integración económica en un elemento tan importante como ese. En los próximos 15 años es probable que Estados Unidos vaya a necesitar de 20.000 millones de barriles diarios a 30.000 millones. Si América Latina puede resolver sus propias necesidades energéticas, va a poder contribuir en forma positiva a la situación de países como Estados Unidos y China, que están requiriendo más energía».

-¿Estos recursos podrían ser energías alternativas?
«A mí no me cabe duda que debe haber más énfasis en energías alternativas como las termoeléctricas, etanol, etc. Y probablemente, en algunos países, incluso en la energía nuclear. No vamos a llegar al año 2050 si el planeta no resuelve el tema energético».

-¿Qué piensa de la posibilidad de que se instale una planta de energía nuclear en Chile?
«Todos los países soberanos debieran mirar con mucho cuidado ese tema, que es complicadísimo. Hay que tomar muy en serio el tema de la proliferación nuclear, pero por otro lado también se tienen que buscar fórmulas para solucionar el problema energético. El uso de la capacidad energética nuclear tiene que estar enormemente bien regulado».

-¿Cómo ve el interés de los vecinos de Chile de integrarse bilateralmente para exportar en conjunto al Asia?
«América Latina se va a beneficiar mucho más con un proceso de integración cabal, porque hasta ahora ha sido a medias. El Mercosur en gran medida ha sido un fracaso porque el propio Brasil no ha querido tomar decisiones económicas que favorecen a sus propios vecinos. Uno no puede liderar un proceso de integración entre países si no está dispuesto al mismo tiempo a hacer algunos sacrificios».

-A su juicio, ¿por qué Brasil estaría más reacio a cooperar?
«Brasil en un país muy autárquico, porque los intereses económicos internos son muy fuertes. Curiosamente es muy parecido a Estados Unidos, donde las presiones políticas de los sectores agrícolas no permiten adoptar una política más propositiva en comercio internacional».

-Usted dice que en la región debe haber una genuina competitividad democrática, ¿a qué se refiere?
«En comparación con otros continentes, en América Latina vemos un tremendo déficit en competitividad. En Estados Unidos hay 80.000 chinos estudiando doctorados, de México habrá unas 8.000 personas. Del resto de los países hay pocos. Si descuidamos la educación, no vamos a poder competir a nivel económico internacional».
Fuente: Emol.