Ricardo De Dicco es uno de los expertos argentinos más consultados a la hora de hablar de energía y no sólo en su país, sino que en todo el Cono Sur. Pero es también uno de los más críticos cuando de calificar la gestión de las autoridades regionales se trata.

Su experiencia como investigador del área de Recursos Energéticos y Planificación para el Desarrollo del IDICSO-USAL (Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la Universidad del Salvador) y del CEPEN-UBA (Centro de Estudios del Pensamiento Económico Nacional, facultad de ciencias económicas de la Universidad de Buenos Aires), lo ha llevado a publicar un centenar de trabajos cuyo tema central ha sido los recursos energéticos en el sub-continente.

Los últimos acontecimientos que han marcado la agenda energética entre Chile, Argentina, Bolivia y -en menor grado Perú- los ha seguido de cerca desde un lugar privilegiado, pues además es asesor de la Comisión de Energía y Combustibles de la Cámara de Diputados del país trasandino. Acá habla en exclusiva para La Nación.

-¿Cuál es el real escenario energético en Argentina y la verdadera incidencia que tendrá en Chile a futuro?
-A partir del año 2010 la importación de gas boliviano por parte de Argentina será superior al nivel de importación de gas argentino por parte de Chile, lo que sugiere que Chile podrá disfrutar del gas barato argentino hasta 2008 (con suerte hasta 2009). Esto porque las reservas gasíferas argentinas estarán agotadas hacia 2015. La única solución de corto plazo es que Chile firme un acuerdo bilateral de integración con Venezuela para importar fuel-oil, y aprovechar los beneficios que el país caribeño otorga a sus socios del Cono Sur: formas de pago inéditas en la historia mundial del petróleo (trueque de combustible a cambio de productos agropecuarios, tecnología, etc.).

Por otra parte, el Gobierno chileno debería negociar con Bolivia una salida al mar a cambio de gas natural, apuntando alcanzar ese objetivo en el mediano plazo. Y en el largo plazo, Chile deberá ser parte del Gasoducto Sudamericano impulsado por Venezuela, Brasil y Argentina, el cual podría estar operativo hacia 2017. Pero lo más importante es que La Moneda acuerde con la Casa Rosada una integración energética racional, es decir, basada en la generación nucleoeléctrica. Argentina tiene una experiencia de 56 años con este tipo de tecnologías, opera dos centrales nucleares, está construyendo una tercera, y ha exportado una decena de reactores experimentales y de investigación. Dicha integración energética se podría operacionalizar mediante la transferencia científico-técnica y la construcción conjunta del reactor argentino CAREM, con tecnología de cuarta generación”.

-Dado el encuentro entre la ministra de Minería y Energía chilena, Karen Poniachik y su par de Planificación argentino, Julio de Vido. ¿Qué se puede esperar, primero del suministro real que Argentina enviará a Chile, y, segundo, de los precios de los envíos?
-En principio debe advertirse que tanto la ministra chilena como el ministro argentino poco saben de planificación energética, razón por la cual siempre resulta impredecible cuándo y cómo trabajarán en conjunto para solucionar el alto riesgo de seguridad de abastecimiento energético de ambos países.

En mi opinión, considerando que, de acuerdo a datos de la Secretaría de Energía de la Nación, el horizonte de vida de las reservas certificadas de gas argentino alcanzan sólo para 9,4 años, al nivel de extracción de 2005, y que dos leyes nacionales (la de hidrocarburos y la del marco regulatorio del gas) prohíben la exportación gasífera cuando el mercado interno está insatisfecho (15 millones de ciudadanos argentinos carecen de provisión de gas natural por redes), urge la necesidad de disminuir drásticamente los volúmenes de gas exportados a Chile, Brasil y Uruguay, de modo tal que para el año 2008 se clausuren los gasoductos de exportación. El Estado argentino está en todo su derecho de tomar esta medida porque se encuentra amparado a las leyes nacionales 17.319 y 24.076, y porque los contratos de comercialización de gas entre Chile y Argentina están firmados entre compañías privadas; pues, el Estado argentino no le vende gas al Estado chileno. Son Repsol, Pan American Energy y la estatal chilena Sipetrol, entre otras, quienes transportan y venden gas argentino a compañías privadas chilenas. Ahora bien, la exportación del gas argentino que estas empresas venden a la planta chilena de Methanex, debería prohibirse inmediatamente, ya que el destino del metanol obtenido del gas se exporta a EE.UU., entre otros destinos, y no es consumido por el aparato productivo chileno.

Con respecto al precio del gas, Chile paga por el gas argentino en boca de pozo US,8 el millón de BTU, un precio completamente irracional, regalado, que debería avergonzar a los gobernadores de las provincias de Neuquén, Tierra del Fuego y Salta, mientras que la importación de gas boliviano por parte de Argentina se pagaba hasta hace poco US,2 y ahora US.

-A su juicio ¿Bolivia comete un error al poner “un candado” al envío de gas a Chile, ya sea directamente o a través de Argentina?…
-Bolivia no le pone “candado” a nadie. Chile tiene una gran deuda con Bolivia. Si Chile ha tenido durante las últimas décadas, y en el presente, ministros de Energía que poco saben de planificación, no es culpa de Bolivia. Si Chile quiere gas boliviano, deberá alcanzar un acuerdo con Bolivia que favorezca a ambas partes. Un país no se gobierna con proselitismo, se gobierna con gestión, planificación y resultados. Espero que Bachelet no cometa los errores de Lagos, al menos en materia energética.

-El aumento del valor del hidrocarburo que Argentina exporta de Bolivia tendrá que ser equilibrado de un modo. Se habla que Chile será el ajuste. ¿A su juicio, eso será así?
En mi opinión, Chile debería pagar el gas argentino como mínimo US por millón de BTU. Lo ideal sería disminuir drásticamente los volúmenes de exportación, hasta prohibirla y clausurar tales gasoductos en el año 2008.

“La ministra Poniachik debería planificar para los próximos 30 años”

-La ministra Poniachik habló que reemplazar gas natural por diésel, sería para Chile hasta un 40% más caro. ¿Qué le parece ese porcentaje?
-Es obvio lo que dice la ministra. Es como decir que una botella de vino es más cara que un kilo de pan. Poniachik debería ponerse a planificar el sector energético para los próximos 30 años. No puedo entender todavía cómo no ha logrado un acuerdo de integración energética con Venezuela, o sobre transferencia científico-tecnológica en materia de generación nucleoeléctrica con Argentina. ¿Acaso la ministra cree que la British Gas (BG) le venderá el GNL regasificado a menos de US0 el millón de BTU? (la Comisión Nacional de Energía chilena estima un máximo de US,05) ¿o que Perú podrá venderle gas de Camisea, yacimiento cuya explotación está orientada en el futuro próximo hacia México?
Fuente: La Nación.