El golpe al mercado que significó el anuncio del gigante minero canadiense Falconbridge de que está en pleno proceso de estudio para construir una megacentral hidroeléctrica en la Región de Aisén pudo no ser tal.

Sólo semanas antes de que la noticia se hiciera oficial, ejecutivos de Falconbridge visitaron a sus pares de Endesa. ¿El motivo? Ofrecerles la opción de que fuesen sus socios en el desarrollo del proyecto, aprovechando su experiencia como generador.

La canadiense prevé el diseño de una central de embalse llamada Río Cuervo, la que tendría capacidad para generar 750 MW y se ubicaría en las cercanías del volcán Cay, al noroeste de la ciudad de Puerto Aisén.

El proyecto requeriría una inversión de entre US$ 600 millones y US00 millones, y si bien aún el proyecto está en estudio se estima que la central podría estar operativa entre 2010 y 2011.

Sin embargo, la idea fue desechada por Endesa, argumentando que su capacidad de generación estará bien cubierta por el «Proyecto Aisén», el que prevé explotar los recursos hídricos de Aisén a través de la construcción de cuatro centrales hidroeléctricas en los ríos Baker y Pascua, ubicados al sur de la XI Región.

Derechos de agua

El plan de Endesa -que hoy se encuentra en etapa de prospección y estudio- contempla generar 2.400 MW y requiere una inversión total de US$ 4.000 millones, cifra que incluye las líneas de transmisión y para lo cual ya existe un preacuerdo con Transelec.

Ante esta negativa, Falconbridge le ofreció a Endesa la opción de venderle los derechos de agua que posee en los ríos Cuervo, Blanco y el lago Cóndor. Pero la idea fue nuevamente desechada por la generadora, bajo el argumento de que no quiere quedar con el «monopolio» de los derechos de la zona.

En efecto, en Falconbridge existía cierto grado de preocupación por el vencimiento de los derechos de agua de los que es propietario, ya que algunos de éstos vencen en 2008. Y de no mediar algún tipo de contrato que garantice que estos van a ser utilizados en el mediano plazo, los derechos podrían volver a manos del Estado.

La canadiense se hizo de estos derechos de agua luego de la fusión con su compatriota Noranda, la que planeaba desarrollar el emblemático proyecto Alumysa. Este fue desechado finalmente por la fuerte oposición ambientalista de la que fue víctima y por que las condiciones de mercado ya no son atractivas para llevarlo adelante.
Fuente: Emol.