En dos año el número de proyectos de nuevas centrales hidroeléctricas de pequeña envergadura -con una potencia inferior a los 100 MW- ha experimentado un verdadero auge. Actualmente existen planes para, a lo menos, nueve unidades de cierta envergadura, las que presentan distintos grados de avance y a las que deben añadirse aproximadamente una treintena de minicentrales.

Todas ellas, sumadas, aportarán más de 500 MW al Sistema Interconectado Central (SIC), nivel que representa el 6% de la capacidad instalada. La potencia superará lo que ya aporta una megacentral como Pangue, de Endesa (467 MW). Las iniciativas entrarán en operaciones en un lapso máximo de cinco años y algunas de ellas en 2007.

Además, se trata de proyectos que comprometerán fuertes inversiones. Hidrosur, de Eléctrica Pilmaiquén, destinará US$ 145 millones a tres centrales: Lumaco, Maihue y Avellano. CGE Generación tiene un presupuesto de US00 millones para la futura central Ñuble y Colbún desembolsará US45 millones en Quilleco y Hornitos. Pacific Hydro no ha detallado la inversión en sus centrales Portillo y Las Damas y tampoco lo ha hecho Pilmaiquén para Rucayato.

Renacer

Este tipo de iniciativas por años estuvieron postergadas en los planes de las generadoras. La consultora María Isabel González, de Energética, subraya las razones que desincentivaban su instalación.

«Son más caras unitariamente (en relación con los proyectos de gran magnitud), el costo medio de estas centrales debe andar por unos USsh,04 por kilowatt/hora, y en las a gas natural será de USsh,032 a USsh,035 por kilowatt/hora. Cuando estaba esa alternativa, no se podían levantar esos proyectos», explica.

Ahora que el precio de la electricidad ha subido por la falta de gas argentino y el alza del petróleo y el carbón, se hace viable construirlas. Pero además hay una razón normativa: la aprobación y publicación el 17 de enero del Reglamento para Pequeñas Centrales, en el contexto de la ley Corta I y II, las que contemplaron indicaciones favorables a las centrales que utilizan Energía Renovable No Convencional (Ernc), como las pequeñas centrales hidroeléctricas.

Ramón Galaz, de Valgesta, señala que antes la norma gatillaba ciertas situaciones que impedían a las centrales chicas competir en igualdad de condiciones con un gran operador (por ejemplo, la imposición por parte de una distribuidora de condiciones técnicas para inyectar energía al sistema imposibles de cumplir por una pequeña central).

«Con el reglamento se norma esto y si no hay acuerdo entre las partes se establece una divergencia frente a la Superintendencia de Electricidad y Combustibles, que oficia a la Comisión Nacional de Energía (CNE) para que se pronuncie. Así quedan en igualdad de condiciones pequeños y grandes operadores y los incentivos son mayores, desaparecen ese tipo de trabas y las que haya pasan a ser sólo de mercado», dice Galaz, quien duda qué tan operativo será este nuevo reglamento.

El valor de lo pequeño

Por varias razones los expertos consideran muy valiosa la instalación de estas centrales en los próximos años.

La principal es que empezarán a inyectar energía al SIC durante un período en que la oferta eléctrica estará muy ajustada, paliando el peligro de que se produzcan fallan en el abastecimiento. En ese sentido, las pequeñas centrales tienen la ventaja se poder ser implementadas más rápidamente que el resto, resalta Galaz.

También deberían contribuir a abaratar los costos del sistema en la medida que su aporte energético sea mayor, dado que contribuirían a desplazar el uso de unidades más caras como las térmicas o de ciclo combinado. Además, dice María Isabel González, aunque son más caras de levantar, el impacto ambiental es menor y está menos concentrado que el de los megaproyectos. Y al estar muy distribuidas por diferentes cuencas del territorio chileno (los proyectos abarcan desde la V a la X regiones), producirán un efecto de diversificación y mayor equilibrio de las fuentes de abastecimiento.
Fuente: La Tercera.