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Buscando la mitigación de impactos
La nueva visión integral de los proyectos hidroeléctricos
Recientemente, el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad aprobó el nuevo reglamento que incrementa el caudal ecológico de los ríos, de un 10% a un 20%. Iniciativa que busca no sólo el perfil ecológico de los proyectos sino también comunitaria.
Concebida como un indicador principal de los productos asociados a la industria agroalimentaria, la huella hídrica busca medir la pérdida de agua que existe en la producción de un bien o servicio, cuyos estudios apuntan a medir los impactos de las grandes industrias y países, no necesariamente de un proyecto específico.

Estas industrias utilizan dicho indicador debido a que sus costos hídricos son tan altos, como la materia que están procesando. Por lo tanto, es en estos sectores donde la huella del agua ha sido un tema, y han implementado programas globales para tratar de reducir sus niveles de consumo.

En el caso del sector hidroeléctrico, el agua es el insumo más abundante, pues en caso contrario el proyecto no se podría ejecutar. Sin embargo, que no exista pérdida de agua en el proceso de generación eléctrica no significa que la iniciativa sea inocua para el medioambiente, de hecho sus impactos son más específicos en el entorno.

Con el objetivo de medir la afectación que generan las centrales hidroeléctricas, los especialistas del sector establecieron una primera distinción entre centrales de embalse y de pasada. La segunda, está relacionada con el tamaño de los proyectos, medidos de acuerdo a su capacidad y potencia instalada.

Marcelo Olivares, académico del Departamento de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile, explica que en una central de embalse, “el impacto más evidente es que antes había un río el cual fue transformado en un sistema acuático más semejante a un lago (…) y eso afecta, por ejemplo, la calidad del recurso aguas abajo, como su temperatura, concentración de sedimentos, sólidos, nutrientes, materia orgánica y oxígeno, debido a que el agua permanece en dicha estructura”.

En el caso de una central de pasada, además del posible efecto barrera, el impacto está relacionado con el caudal ecológico del río, pues todas las actividades que ocurrían en el río ahora están sometidas a dichos niveles. “Todo el segmento del río, entre la captación y la restitución, va a quedar sometido al caudal ecológico, y por definición son mínimos”, precisa Olivares.

Para el Dr. Manuel Contreras, director del Centro de Ecología Aplicada (CEA), no hay mucha distinción en el grado de afectación que genera una central de pasada o de embalse, pues ambas influyen sobre sistemas cuya magnitud son comparables. “La instalación de una central de pasada afectará a un río pequeño, y si se establece una central de embalse a un río grande. Por ende, se producirá una afectación a la misma escala y si los comparo, incorporando el número de centrales de cada tipo, se llegará a los mismos impactos”.

“En Chile se ha generado esta idea de que las centrales de pasada, o mini centrales, no producen ningún efecto. Si uno compara ambas estructuras, generan los mismos impactos, e incluso pueden llegar a ser mayores, ya que están dispersas en el territorio, provocando efectos sinérgicos no considerados”, reflexiona Contreras.

El factor clave de la operación

Uno de los grandes impactos que producen, principalmente las centrales de embalse, son las alteraciones al régimen hidrológico aguas abajo del punto de restitución. El régimen hidrológico es el patrón temporal de ocurrencia de agua o caudal del río. Olivares afirma que “el régimen hidrológico es un patrón temporal, el cual es alterado por la operación de un embalse. Por lo tanto, las decisiones de operación van a definir un nuevo régimen hidrológico aguas abajo del punto de restitución”.

El problema es que diversas centrales hidroeléctricas operan bajo esquemas que presentan rápidas fluctuaciones, y en la naturaleza no se observan variaciones abruptas de caudales entre una hora y otra, lo cual genera impactos en el ecosistema y en las actividades humanas.

“Es decir, antes el régimen hidrológico tenía cierta variabilidad natural y ahora se está induciendo un patrón temporal distinto asociado a la operación”, indica el académico de la Universidad de Chile; y agrega que “(…) una hipótesis bien relevante es que si la central reproduce más o menos el régimen natural hidrológico, ese régimen es lo más favorable para el ecosistema”.

La operación de una central hidroeléctrica depende del funcionamiento del sistema eléctrico. Es decir, las decisiones horarias de operación de un embalse no están determinadas directamente por el operador ni el dueño del proyecto, sino en la forma en que el CDEC-SIC despacha a las centrales. A juicio de Marcelo Olivares, “si se estudia el patrón de operación de las centrales y la forma en que afecta al régimen hidrológico, dicha operación está dada por el sistema de despacho. Eso es bien relevante cuando se analiza los impactos ambientales de un proyecto”.

Durante marzo, el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad aprobó el reglamento para la Determinación del Caudal Ecológico Mínimo, el cual estable que para cada mes del año el caudal ecológico mínimo será equivalente al 20% del caudal medio mensual, con un límite máximo del 20 % del caudal medio anual. Manuel Contreras enfatiza que “esto es muy relevante porque significa que seremos más exigentes (antes era del 10%) y privilegiaremos mantener las condiciones de los ríos para que haya más sostenibilidad”.

Caudal ecosistémico

Por lo general, cuando se realiza un proyecto hidroeléctrico el criterio que prevalece sobre la evaluación de impactos es la biodiversidad. Sin embargo, lo que busca el reglamento, que establece el nuevo caudal ecológico, es la incorporación de otros indicadores en la evaluación, como son el desarrollo de actividades turísticas, culturales y deportivas. “Empezamos a tener una visión más integral sobre el uso del río, y eso lo traducimos en criterios para estimar los niveles de agua que se requería para no afectarlo. Además, establecimos los conceptos ecológicos y antrópicos, los cuales determinaron que las condiciones mínimas que requería el río para no ser afectado, eran mucho mayores”, señala el director del CEA.

Manuel Contreras cuenta que durante tres años trabajaron con la Dirección General de Aguas (DGA) en el desarrollo de este instrumento de medición, “no da lo mismo de dónde saques el agua ni cómo la saques. Cuando se implementa un proyecto hidroeléctrico, se debe ser capaz de identificar aquellas singularidades que presenta el territorio”.

Con respecto al nuevo concepto de caudal ecológico, Contreras prefiere utilizar el término de “caudal ecológico con enfoque ecosistémico”, lo cual significa analizar los proyectos hidroeléctricos desde una perspectiva más integral, pues estas iniciativas presentan implicancias biológicas y servicios ecosistémicos.

Tras la promulgación del nuevo reglamento, y con ello el incremento de las exigencias ambientales, los realizadores de proyectos deberán analizar con mayor detalle la rentabilidad de la iniciativa, pues la localización de las centrales hidroeléctricas de pasada o de embalse será sólo en aquellos ríos que ambientalmente sean sostenibles con dicha modificación.

A través del aumento de las exigencias sobre el caudal mínimo ecológico, se busca la creación de una “regla de operación ambiental”, es decir, una coordinación entre la operación de la central hidroeléctrica y las actividades que realiza la comunidad en torno al río. Esta condición se implementa en países como Nueva Zelanda, aunque en Chile también comienza a desarrollarse tímidamente. Por ejemplo, en Rapel, existe un acuerdo entre Endesa y la comunidad sobre el nivel de agua que debe tener el embalse durante el período de verano para la realización de actividades turísticas y deportivas.

El científico enfatiza que a través del reglamento han logrado plasmar una visión integral de los proyectos hidroeléctricos. “Se ha avanzado mucho, y la industria también está avanzando en esa misma dirección.

Obviamente, también en el sector existen conflictos porque implica efectos económicos sobre los proyectos. Imagínate estoy quitando agua que antes la iban a usar para producir, y ahora la tienen que dejar pasar para poder mantener esta propiedad del sistema”, dice Contreras.

Es un proceso de maduración, que busca comprender que el uso hidroeléctrico no es la única función o actividad que se puede realizar en un río. Además, en los proyectos hidroeléctricos no sólo se debe aplicar los criterios de biodiversidad, sino también de uso humano.

Otros impactos

Otro factor que incide en la generación de impactos de una central hidroeléctrica es el diseño de la obra, elemento que actualmente posee gran relevancia en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). Ello obedece a que diversas características, como la altura de generación, capacidad de la central, tipo y número de turbinas, establecen las potenciales afectaciones que pueden realizar estas iniciativas.

Muchos de los impactos que pueden generar estos proyectos están relacionados con la localización de las centrales. Para Marcelo Olivares, “un mismo diseño y operación, ubicados en lugares distintos, va a tener diferentes impactos. La localización de los proyectos es bastante clave, y me parece que eso no se aborda bien en la regulación del país”.

A juicio del docente, debe existir una instancia preliminar que permita una decisión sobre la localización del proyecto. “La ubicación de la central debiera ser decidida al inicio del proceso, en forma previa al diseño detallado del proyecto. Esto permitiría abortar tempranamente proyectos cuya ubicación sea calificada como inviable y de esta forma se generaría certezas para todos los involucrados, incluyendo a los titulares de proyectos”.

“Es un ejercicio donde la sociedad estratégicamente define el uso del territorio, y eso no está. (…) podemos partir, por ejemplo, diciendo que (…) estas son las zonas donde el Estado no sólo permite, sino que fomenta estos proyectos.

Aquí hay otros lugares, donde potencialmente, en el futuro, podrían haber desarrollos hidroeléctricos, y finalmente en estos lugares, de no mediar nueva información, no nos gustaría tener centrales hidroeléctricas. Eso no existe, y (…) puede ser una señal potente publicar un mapa donde se detalle estos lugares. Estas instancias existen en otros países con gran desarrollo hidroeléctrico, como son Brasil y Noruega”, concluye Olivares.

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Revista Nº 149 Julio de 2012
 
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