La grave situación por la que atraviesa una de las empresas de generación eléctrica en el país, más específicamente Campanario, en el Sistema Interconectado Central (SIC), reflotó una discusión que si bien no es nueva, a la luz de este acontecimiento se hace mucho más presente. Además de la intervención que debió hacer la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (que suspendió a Campanario, no así a la generadora Tierra Amarilla), se ha planteado un debate en torno a la metodología legal y económica de la compra y venta de energía, donde los antecedentes y conclusiones en esta materia parecen ser fundamentales a la hora de definir el futuro.
Hoy pareciera que el sistema marginalista de precios, que se establece a partir del giro que se le da al sector eléctrico en el país, pasando a ser un negocio, no sólo le genera un daño a una empresa sino que también a todo un sistema. El gran pecado de Campanario fue haber proyectado una compra de energía más barata y una venta más cara. A la luz de lo ocurrido, el negocio proyectado no funcionó porque se transitó por escenarios de incertidumbre y porque los marginales fueron mucho más altos de los estimados. En definitiva, Campanario compró energía cara y hoy la debe vender barata, ejercicio que para cualquier actividad económica no es rentable y provoca serios problemas.
Los pormenores del por qué la empresa Campanario, de Southern World (80%) y Gasco (20%), vislumbró este ejercicio deben ser parte de un análisis profundo por parte de la autoridad y de los privados. Lo importante aquí es que, por primera vez en su historia, el SIC se ve envuelto en un problema como este. Por su parte, el SING ya lo había vivido en 2008 con la difícil situación que debió afrontar GasAtacama. Si bien ambos episodios tienen diferentes orígenes, interesante es saber si Campanario correrá la misma suerte que la generadora del norte, que se vio beneficiada por la dictación de una ley y por una inyección de recursos proveniente de la industria minera, logrando superar momentáneamente el problema.
Lo complejo es que a diferencia del caso GasAtacama, que vivió su peor periodo a raíz de un escenario coyuntural (cortes de gas desde Argentina y precio del petróleo alto), la situación de Campanario se gesta en la más normal de las situaciones, al alero del marco en el cual las empresas se mueven en el mercado de la electricidad, tanto legal como económico. En definitiva, la empresa hizo un mal ejercicio a futuro y el que hoy le está pasando la cuenta. Sin embargo, esta es la ley del mercado y para la empresa esta situación le significa simplemente pagar por erróneas decisiones. La energía, la electricidad específicamente, es un bien social, pero al ser también un negocio corre desgraciadamente estos riesgos. El problema trasciende porque detrás de Campanario hay empresas, grandes y pequeñas, que le vendieron electricidad para poder cumplir con los contratos asumidos; a esos acreedores, Campanario está indispuesto a pagarles la cuenta, concentrándose principalmente en mantener la empresa en giro.
¿Soluciones para Campanario? Se habla que podría decretarse la quiebra, que los socios asuman las pérdidas o que ingrese un nuevo socio capitalista a la participación, que le permitan recursos frescos para pagar sus deudas. ¿Soluciones para el sistema? Lo realmente complejo es que en este escenario, las reglas y deberes no funcionaron bien. Hay quienes ya comienzan a manifestarse a favor de cambios profundos en la ley; y otros, derechamente hablan del fin del sistema marginalista de precios. Por lo pronto, la autoridad ya tomó cartas en el asunto, entregándole más facultades a la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC) y al mismo Ministerio de Energía (para resolver, precisamente, ante estos casos), revisar los procesos de licitación de los bloques de energía y elevar las garantías a las generadoras ofertantes de energía.
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