La ruta de la carbono neutralidad

El proyecto de ley marco de cambio climático ingresado al Congreso es el punto de partida para que el país alcance la neutralidad de emisiones a 2050, lo cual es destacado por los actores del sector energético, quienes mencionan todas las medidas que se impulsan, junto con sus desafíos.

La carbono neutralidad definió su rumbo a nivel nacional mirando a 2050, año en que se debería cumplir esta meta, por lo que el proyecto de ley marco de cambio climático tiene un rol fundamental para avanzar en esta materia, donde el sector energético es un protagonista en este proceso, pues representa el 78% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) emitidas en el país, según el Informe Bienal de Actualización sobre Cambio Climático de 2018.

Y es que la iniciativa legal, enviada al Congreso a inicios de este año por parte del Ministerio de Medio Ambiente, establece una definición legal, con la meta explícita de que Chile alcance la carbono neutralidad a 2050, lo que tienen cuatro países en el mundo (Suecia, Francia, Reino Unido y Nueva Zelandia).

Es así como el artículo 4° del proyecto señala: “se define el año 2050 como meta para alcanzar la neutralidad de emisiones, que consiste en el estado de equilibrio entre las emisiones y absorciones de gases de efecto invernadero, considerando que las emisiones son iguales o menores a las absorciones”.

La importancia que tendrá esta regulación es destacada a ELECTRICIDAD por parte de autoridades, representantes gremiales de la industria y especialistas, quienes explican las distintas iniciativas que se realizan en el sector para reducir las emisiones de CO2, como la incorporación masivas de energías renovables, un mayor desarrollo en el sistema de transmisión, medidas de eficiencia energética y la electrificación de los consumos en la matriz energética, lo que implica el impulso a la generación distribuida, la electromovilidad y la integración del hidrógeno verde. Todo esto fue presentado por los representantes nacionales en la COP25, realizada en Madrid.

Medidas

El ministro de Energía, Juan Carlos Jobet, señala que el plan nacional de carbono neutralidad apunta a “limpiar de carbón nuestra matriz de generación y que la electricidad también reemplace la quema de combustibles fósiles en distintos sectores de la economía como el transporte, la vivienda, en la minería y en otras industrias”.

“Estamos en un plan ambicioso de cerrar todas las centrales a carbón a 2040, gracias a un acuerdo que alcanzamos con todas las empresas generadoras, desarrollando con fuerza las energías renovables y haciendo más líneas de transmisión”, agrega.

A su juicio, otra medida claves para avanzar en la meta es la eficiencia energética: “De acuerdo a proyecciones de la Agencia Internacional de Energía, para alcanzar un escenario sostenible, casi un 40% de la reducción de emisiones vendrían de proyectos de este tipo”.

Jobet también menciona el potencial que tiene la producción de hidrógeno verde en el país, a partir de la energía solar, precisando a 2030 este combustible “tiene un peso sustancial, pues casi un 20% de la meta de ser carbono neutral. Según nuestras estimaciones, la vamos a cumplir usando el hidrógeno como solución que necesitamos para carbono neutral a 2050”.

En el sector privado asumen el desafío de avanzar hacia esta meta, especialmente en el desarrollo de la electrificación de los consumos en la matriz energética final, como sostiene Claudio Seebach, presidente ejecutivo de Generadoras de Chile: “La carbono neutralidad plantea la oportunidad para que la electricidad se transforme en el principal vehículo energético a fin de reducir las emisiones globales y de paso la contaminación local”.

El representante gremial indica que el desafío pasa por incrementar la participación de la electricidad en los consumos, pues actualmente “representa sólo el 22%, mientras que los derivados del petróleo son cerca del 57%”.

“La principal acción de reducción de emisiones ya comprometida es el cierre de centrales de carbón a 2040 y la incorporación masiva de energías renovables, por lo que el siguiente paso es la electrificación del transporte, la eficientización de la vivienda y el reemplazo de combustibles fósiles en los usos de maquinaria y producción de calor en la industria y minería por electricidad o hidrógeno verde producido por electrólisis desde energía renovable”, agrega.

Rainer Schröer, director del Programa de Energías Renovables y Eficiencia Energética de GIZ en Chile, resalta el programa de cierre de unidades generadoras a carbón, mencionando que trabajan junto al Ministerio de Energía en diferentes proyectos, como -por ejemplo- en la reconversión de actuales termoeléctricas a carbón a unidades de almacenamiento utilizando energías renovables. “Nuestra intención es desarrollar proyectos pilotos en Chile, que incluso pueden ser adaptados en otros países”, plantea.

El panorama es positivo también para Carlos Finat, director ejecutivo de la Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenamiento (Acera A.G.), quien afirma que se podría alcanzar la neutralidad en emisiones “varios años antes de 2050”, aunque advierte que es necesario programar también el retiro de las centrales a gas y de los generadores que usan diésel.

“El caso de estos últimos es especial, ya que a pesar de que no hay informes recientes que indiquen su necesidad, se siguen instalando atraídos por una señal de potencia que -tal como Acera ha planteado en diferentes ocasiones- está mal configurada y debe ser corregida”, asegura.

Para Javier Bustos, director de Estudios y Regulación de Empresas Eléctricas A.G., la tendencia en la sustitución de generación en base a combustibles fósiles por energías renovables “es irreversible, no sólo por los compromisos internacionales en materia de reducción de emisiones, sino por su competitividad respecto de tecnologías tradicionalmente presentes en Chile. Ahora queda por ver cómo se sumará el sector transporte y el sector industrial a esta reconversión tecnológica que es necesaria para alcanzar la meta”.

Transmisión

Carlos Finat concuerda con esta visión, agregando que en el sector de transporte es necesario contar con una infraestructura de carga adecuada y que no sea un cuello de botella para los usuarios de la movilidad eléctrica. Para ello, no solamente se necesita más generación limpia, sino que también se necesitan las líneas de transmisión y de distribución para llevar esa energía en las cantidades necesarias hasta los puntos de carga”, afirma el ejecutivo.

La transmisión es fundamental, de acuerdo con el diagnóstico de Juan Carlos Olmedo, presidente del Consejo Directivo del Coordinador Eléctrico Nacional, quien explica que el cambio en el uso de energéticos fósiles a electricidad en materia de calefacción y transporte implica modificar y reforzar todas las redes de transmisión y distribución”.

“Nuestros estudios muestran que el factor clave para concretar ese proceso de llegar a la carbono neutralidad, y la descarbonización de la matriz energética, es el desarrollo de la infraestructura de transmisión, no solo a nivel de alta tensión, sino que también a nivel de redes de distribución”, precisa.

En este aspecto, Javier Bustos subraya el desafío técnico de avanzar en una operación y planificación de la expansión de las redes, “de manera de poder considerar el desarrollo de generación distribuida así como de éstos nuevos consumos eléctricos, que son difíciles de anticipar”.

“Por ello, la expansión de la distribución y de la transmisión tiene que conversar en formas que no habíamos considerando anteriormente. Por el lado regulatorio, es clave lo que suceda con la regulación de la distribución y cómo las inversiones que van a ser necesarias para modernizar la red de distribución y prepararla para estos nuevos desafíos van a ser valorizadas”, añade el especialista.

Generación distribuida

Los proyectos de generación distribuida con sistemas fotovoltaicos actualmente registran más de 6.000 conexiones, con casi 50 MW de capacidad instalada en el país. Según Javier Bustos, el avance de esta tecnología, ya sea a partir de generación residencial o pequeños generadores de distribución (PMGD), “es un gran complemento al proceso de descarbonización de nuestra matriz eléctrica, ya que permite que se desarrolle la generación renovable a toda escala”.

Carlos Cabrera, director de la Asociación Chilena de Energía Solar (Acesol) comparte esta visión: “Autogenerar con energía solar es la forma más directa, más económica y más limpia para abastecernos, que además permite reducir pérdidas eléctricas y la necesidad de infraestructura de transmisión. Los proyectos PMGD ya suman más de 1.000 MW, de los cuales cerca de 600 MW son solares. Así podremos combatir el cambio climático, ya que la mayor producción de CO2 en Chile ocurre por el uso de fuentes fósiles, y esto puede ser solucionado con las tecnologías solares”.

“Por cada kW de potencia instalada, un sistema fotovoltaico ahorra cada año aproximadamente una tonelada de dióxido de carbono, y los sistemas solares térmicos ahorran cada año en torno a media tonelada de CO2 por cada metro cuadrado instalado”, asevera el ejecutivo.

“Para que se pueda desarrollar el potencial en esta materia sin duda que es necesario avanzar hacia un sistema eléctrico más inteligente, que permita la operación distribuida y bidireccional, sin comprometer la calidad del servicio. Sin dudas, las redes inteligentes son la plataforma para que todo tipo de servicios energéticos puedan proveerse sobre la red de distribución, ya sea generación distribuida, electromovilidad, gestión de demanda, climatización inteligente, entre otros”, indica Javier Bustos.

Hidrógeno

El otro protagonista de la carbono neutralidad es el hidrógeno, especialmente con el potencial que tiene para ser producido en base a energías renovables, como la solar.  Alex Godoy, director del Centro de Investigación en Sustentabilidad de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Desarrollo, resalta que este elemento es una fuente verde idónea para reemplazar combustibles fósiles.

“El sector eléctrico ha contribuido de forma eficaz en la reducción de emisiones, incluyendo un plan de descarbonización al 2050. No obstante, el problema son los energéticos no eléctricos (gas, diésel) que deben ser reemplazados rápidamente por fuentes más verdes como la del Hidrógeno, para lo cual se requiere que la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC) pueda avanzar en regulaciones para que esta tecnología pueda ser usada rápidamente”, afirma el académico.

De acuerdo con Rainer Schröer, GIZ en Chile encargó estudios sobre el hidrógeno verde, junto al Ministerio de Energía, “para adaptar la regulación de producción y uso en Chile, con el objetivo de ayudar a fomentar y aprovechar el gran potencial que tiene las renovables en el país”.

“Para la producción de hidrogeno “verde” y sus derivados, Chile tiene una gran ventaja competitiva en el Desierto de Atacama al ser el lugar en la Tierra con la mejor radiación solar y el sur del país con muy buena calidad del viento, ambos garantizan la producción de energía eléctrica a precios muy competitivos, para alcanzar la descarbonización y crear una nueva industria que beneficie al país”, sentencia el director del programa internacional.

Como conclusión, Alex Godoy señala que todas estas medidas para avanzar en carbono neutralidad también deben mirar la carbono negatividad, “ya que ahora debemos reducir emisiones y no sólo “netearlas”. En esto avanzamos, pero camino nos queda”.

Conclusiones

  • Chile ha definido una estrategia para llegar a la carbono neutralidad en 2050, donde el sector energético es el protagonista en esta materia, pues sus actividades incorporan la mayor participación de tecnologías y medidas para reducir emisiones.
  • El proyecto de ley de marco climático es clave para cumplir la meta, pues establecer una definición y un objetivo legal para avanzar en el tema, mediante instrumentos concretos.
  • Los actores de la industria energética destacan el rol fundamental de la electricidad para lograr esta meta.

El factor del impuesto verde

Carlos Finat, director ejecutivo de Acera A.G. dice que la correcta aplicación de los impuestos a las emisiones, es una herramienta fundamental en la transición hacia una matriz con cero emisiones netas, por lo que plantea la necesidad de corregir su actual implementación, “ya que no permite diferenciar en el despacho las centrales con menos emisiones y, además, impone compensaciones que son pagadas, en parte, por las generadoras limpias. Adicionalmente, es una señal de precio que no responde proporcionalmente a las emisiones, debido a que, sobre cierto límite, el exceso le es compensado a la central contaminante”.

A su juicio, un incentivo que se podría incorporar “es establecer una línea de financiamiento para los proyectos de generación ERNC que se instalen en reemplazo de las centrales contaminantes que salgan de servicio. Un fondo de ese tipo podría establecerse con el apoyo de la banca verde, que existe actualmente, y a través de la cual se pueden obtener tasas de interés muy competitivas para los proyectos que sustituyen tecnologías contaminantes”.

En la actualidad el impuesto verde cubre 34% del total de emisiones de CO2 del país, distribuido en 33% por fuentes fijas y 1% por fuentes móviles. En opinión de Generadoras de Chile, su presidente ejecutivo Claudio Seebach, sostiene que “los mecanismos de precios al CO2, entre los que se encuentra el impuesto verde, para ser realmente efectivos en la reducción de emisiones deben cumplir con principios básicos como otorgar señales de largo plazo y aplicación gradual; ser de cobertura amplia de las emisiones nacionales; apoyar a sectores regulados y los vulnerables a los impactos del impuesto; tener costos de administración razonables y vincularse con los avances internacionales como offsets o el artículo 6 del Acuerdo de París”.

Lo que propone el proyecto marco de cambio climático

El proyecto de ley marco de cambio climático, ingresado al Senado, tiene como objetivo crear un marco jurídico que “permita asignar responsabilidades específicas para la implementación de medidas de mitigación y adaptación al cambio climático”.

También define como meta llegar a la carbono neutral a 2050, lo que dejaría a Chile como el primer país en vías de desarrollo en establecer por ley este objetivo.

La iniciativa contiene siete instrumentos de gestión que permitirán alcanzar esta meta, entre los cuales se considera establecer una Estrategia Climática de Largo Plazo, que establecerá un presupuesto de emisión de gases de efecto invernadero a 2030 y 2050, además de presupuestos de emisión para cada uno de los sectores que establece la ley, los que deben cumplirse en un plazo de diez años.

Adicionalmente, contiene lineamientos en materia de adaptación al cambio climático, así como de evaluación de riesgos, considerando la vulnerabilidad de cada sector específico, junto con establecer la obligación de elaborar planes sectoriales de mitigación, destinados a reducir emisiones.

Otros de los instrumentos que se propone son la formalización de la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés) como meta intermedia a 2030 para lograr la neutralidad de emisiones, la generación de un reporte de Acción Nacional de Cambio Climático y Planes de Acción Regional de Cambio Climático.